La sorpresa iraní

Hasán Rohani, el nuevo presidente, promete cambios.

l clérigo musulmán Hasán Rohani es el nuevo presidente de Irán. / AFP
l clérigo musulmán Hasán Rohani es el nuevo presidente de Irán. / AFP

Pocos esperaban la victoria de un reformista en Irán, ya que se buscaba la escogencia de un candidato allegado al ayatolá Jamenei. Entre los candidatos aceptados en la contienda, el nombre de Hasán Rohani no era uno de los predilectos de la máxima autoridad religiosa iraní.

Su llegada hace pensar en un cambio en política interna, impulsado por una corriente renovadora que viene exigiendo cambios desde hace varios años (concretamente desde la moderación que se dejó entrever en el mandato de Khatami, 1997-2005), y una comunidad internacional aliviada por el sorpresivo triunfo. Quienes apoyan un cambio en el régimen, no sólo fustigan al presidente saliente, sino que ponen en duda la influencia de la religión en la política. Esto demuestra hasta qué punto el sistema político iraní resulta complejo. Los medios internacionales habían denunciado la injerencia constante del líder supremo en la preselección de candidatos, con la intención de que fuese elegido un conservador.

No obstante, el resultado sorpresivo significa no sólo una capacidad de cambios que poco preveían en el régimen, al que normalmente se considera antidemocrático (con justa causa, sobre todo por la represión de la que ha hecho prueba), sino que fortalece su legitimidad. La llegada de Rohani no supone una revolución, pero sí el retorno de una moderación que había logrado avances para sacar a Irán del ostracismo al que se le ha condenado desde el triunfo de la Revolución.

Rohani fue protagonista de la distensión con Occidente al lograr una suspensión del enriquecimiento de uranio, lo que había ablandado la posición internacional sobre Teherán. Tanto para el régimen como para la comunidad internacional era necesario suspender las tensiones, toda vez que avivar la posibilidad de una intervención en Irán en plena guerra global contra el terrorismo era catastrófico para ambas partes.

Ahora bien, la victoria de Rohani implica retos para los estados de la región y para el denominado Irán+5 (Alemania, Estados Unidos, China, Reino Unido y Rusia). El recién elegido ha dejado claro que el derecho al desarrollo y la posesión de la energía nuclear no es negociable, aunque se deberá buscar avances en los términos. Sin duda alguna, el tono al que apelaba su antecesor, Ahmadineyad, retrasaba cualquier posibilidad de consenso. Habrá, en este sentido, un cambio de acento.

El cambio favorece el retorno de Irán como una potencia regional y confirma que mientras sus vecinos han vivido revoluciones que acabaron con sus regímenes, Teherán encauzó el inconformismo en el marco de sus instituciones. La victoria de Rohani no es otra que la de aquellos que participaron en el Movimiento Verde de 2009. Finalmente, un Irán renovado complejiza al menos tres temas vitales para la agenda global: el conflicto palestino-israelí, la proliferación nuclear y la salida de la crisis siria. El régimen de Teherán contará con una visibilidad que se le había negado y que puede ser definitiva para el desenlace en estos temas.

 

* Profesor Universidad del Rosario.

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