Sumido en la violencia, Irak se prepara para elegir su parlamento

El primer ministro, el chiita Nuri al Maliki, candidato a un tercer mandato, es dado como favorito a pesar de las múltiples críticas

EFE

 Los iraquíes elegirán el miércoles a sus diputados, en las primeras elecciones legislativas tras la partida en 2011 de las tropas estadounidenses del país, sacudido por atentados cotidianos y amenazado por una nueva guerra confesional.
El primer ministro, el chiita Nuri al Maliki, candidato a un tercer mandato, es dado como favorito a pesar de las múltiples críticas de las que es blanco y de la cólera del pueblo, provocada por un elevado desempleo endémico, la corrupción y la carencia absoluta de servicios públicos. A todo esto se une además el recrudecimiento de la violencia.
La campaña electoral, que finaliza este lunes de noche, estuvo marcada por varios ataques sanguinarios contra oficinas electorales y mítines, mientras que la mayoría de las tiendas de Bagdad han bajado sus cortinas por temor a eventuales atentados.

Los iraquíes residentes en el exterior votaban a partir del domingo, y las fuerzas de seguridad desde el lunes para poder controlar y vigilar el desarrollo de las actividades del miércoles. Por temor a los ataques, las autoridades decretaron cinco días feriados -desde el domingo hasta el jueves- para intentar brindar mayor seguridad a estas elecciones en las que están convocados más de 20 millones de votantes.

Maliki favorito

La espiral de violencia ha ubicado la cuestión de la seguridad en el centro de los debates, por lo que Maliki y su partido, Alianza para el Estado de Derecho, han basado su campaña en la necesidad de unirse respaldando al gobierno para poner fin al actual baño de sangre.

En 2010, Maliki no fue refrendado en su puesto hasta ocho meses después de las elecciones, tras unas largas y difíciles negociaciones entre los diferentes grupos políticos.

Este escenario podría repetirse, en particular por la aparición y multiplicación de pequeños partidos de inspiración religiosa o tribal, algo que fue denunciado por la ONU, que ve esto como un "mayor factor de división".

A pesar de ser acusado de corrupción, y tildado de "dictador" por sus detractores, en particular los miembros de la minoría sunita, que se considera discriminada por las autoridades chiitas, Maliki continúa siendo el favorito frente a una oposición dividida y por la ausencia de un potencial sucesor, subrayan los analistas y diplomáticos.

Sea Maliki o cualquier otro, los desafíos para el próximo gobierno son numerosos, destaca Ayham Kamel, director para Oriente Medio y norte de África del Eurasia Group consultancy."Para comenzar está la cuestión de la seguridad, después la del petróleo, además de las relaciones entre sunitas, chiitas y kurdos. Así resulta que los asuntos económicos van dar al fondo de la lista", señala el analista.

Estas elecciones tienen lugar en un momento particularmente violento. Unas 3.000 personas han muerto en atentados en lo que va del año, sin que el ejército ni la policía, muchas veces blanco de estos, hayan podido contenerlos. - Influencia siria - La violencia está particularmente alimentada por la guerra civil en la vecina Siria, que desde hace tres años enfrenta a los rebeldes, mayoritariamente sunitas, con el régimen de Bashar al Asad, dominado por un clan alauita, una rama del islam chiita.

Muchos iraquíes, tanto chiitas como sunitas, se han embarcado en los combates, ya sea apoyando al gobierno o a los rebeldes, por lo que el conflicto ya ha desbordado las fronteras sirias. El viernes, al menos 33 personas murieron en un atentado perpetrado durante un mitin de una formación política chiita en Bagdad, que fue reivindicado por el grupo sunita del Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL).El grupo afirmó que de esta manera se vengaba "de lo que las milicias (chiitas) hacen en Irak y Siria: matar y torturar a los sunitas".

Desde hace varios meses, miembros del EIIL, aliados con tribus e insurgentes, tomaron la ciudad iraquí de Faluya (a 60 km al oeste de Bagdad), y algunos barrios de la ciudad de Ramadi, en la provincia de Al Anbar, e intentan aproximarse a la capital.

El único elemento positivo de la situación actual en Irak es que la producción de petróleo ha aumentado. Pero esta buena noticia sólo ha servido para alimentar la cólera de los electores, que lamentan que el aumento de las exportaciones de crudo no tenga casi ninguna incidencia en el mercado laboral, y que los ingresos por la venta de petróleo sean desviados a causa de la corrupción masiva que impera en el país.

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