"¡Tayyip, dimisión!"

Las protestas no paran. Después de dos muertos y una huelga general de sindicalistas, el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, afirmó que la situación “se está calmando”.

Multitudinaria protesta contra el gobierno en Estambul. / EFE
Multitudinaria protesta contra el gobierno en Estambul. / EFE

Las protestas antigubernamentales se extienden por Turquía. Lo que comenzó como una acampada pacífica en el parque Gezi de Estambul, que luego fue desalojado por la fuerza, se convirtió en una oleada inédita de manifestaciones contra el primer ministro islamista, Recep Tayyip Erdogan. Algunos creen que en el país euroasiático nace un movimiento de indignados. Para otros, se trata de la Primavera Árabe, que se ha expandido hacia el país vecino de Siria. En ambos casos lo que se evidencia es un inconformismo generalizado frente al gobierno. Ya han muerto al menos dos jóvenes y la marea de movilizaciones parece imparable.

Tal como en Túnez, Egipto y Siria, el intento de las autoridades por detener mediante la fuerza incipientes movilizaciones sociales ha sido el detonante de mayores episodios de violencia y protesta en las calles. La alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos Humanos, Navy Pillay, ya advirtió al gobierno turco que deberá investigar el comportamiento de la policía frente a los manifestantes antigubernamentales.

De hecho, el viceprimer ministro turco, Bülent Arinç, salió ayer a pedir disculpas por los heridos causados por la represión policial. Arinç criticó el uso de gases lacrimógenos contra los ambientalistas que manifestaban su rechazo contra la remodelación del parque Gezi. No obstante, el ministro no se refirió a la violencia desatada por ese hecho, ni a las víctimas fatales que ya empiezan a registrarse.

Un joven de 22 años fue el segundo muerto en los cinco días de manifestaciones. Recibió un disparo en la cabeza a manos de desconocidos durante una protesta a medianoche en la provincia de Hatay. Horas después, el diario BirGün informó que el fallecido, identificado como Abdullah Comert, era militante del Partido Republicano del Pueblo (CHP), la principal fuerza política de oposición, y que el disparo salió de un blindado policial.

Tan pronto se conoció esta muerte, la Confederación de Sindicatos del Sector Público (KESK), con cerca de 240 mil afiliados, llamó a hacer huelga de dos horas, en protesta contra “el terror” del Estado en la represión.

Mientras las autoridades indican que los violentos choques entre policías y manifestantes sólo han dejado 160 agentes y 60 civiles heridos, el Colegio de Médicos dio cifras de 2.500 heridos sólo en Estambul y Ankara, los dos epicentros de las protestas, que se extienden por otras zonas del país.

El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, de viaje oficial hasta mañana por el Magreb, insiste en que las protestas están ideológicamente motivadas. Desde Rabat, Erdogan aseguró que la situación “se está calmando” en su país, a pesar de la huelga del KESK. Según el ministro, sus opositores se aprovecharon de los episodios en Estambul. “Al principio, los problemas con los árboles (que serían derribados para construir un centro comercial en Estambul) provocaron algunas protestas. Pero luego los manifestantes fueron controlados por personas que no han ganado las elecciones”, afirmó.

Erdogan, acusado de autoritarismo y de querer “islamizar” la sociedad turca, se enfrenta a un movimiento de protesta de una importancia inédita desde que llegó al poder en 2002. Con las lecciones que ha dejado la Primavera Árabe: gobernantes derrocados por la fuerza después de sangrientas protestas, y con el cruel ejemplo de la guerra civil que se libra en Siria hace más de dos años y ha dejado más de 80 mil muertos, al gobierno de Erdogan le llegó el momento de decidir si quiere vivir una tragedia similar en su país. En buena parte, evitarlo depende del papel de las autoridades. Pero los levantamientos en los países árabes y los indignados europeos también han demostrado la fuerza de las movilizaciones sociales: “¡Tayyip, dimisión!”, es la consigna que ahora se escucha por las calles turcas.

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