Tensiones en Panamá

La cita será histórica, por ser la primera que convoca a los 35 países de la región, incluido Cuba, que nunca ha asistido. La agenda, sin embargo, pronostica varios desencuentros.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, visita el Centro de Convenciones donde se realizará la VII Cumbre de las Américas, que dice será la cumbre del “diálogo”. EFE

La de 2012 en Cartagena de Indias fue una Cumbre de las Américas memorable. Aquella cita regional pasó a la historia no sólo por los escándalos de prostitución de los miembros del servicio secreto del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sino porque todos los países, excepto EE.UU. y Canadá, pidieron no realizar la siguiente cumbre sin la presencia de Cuba. Una exigencia que está a punto de cumplirse los próximos 10 y 11 de abril, cuando se realice el VII encuentro de los 35 países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Panamá.

Hecho que ya convierte esta nueva cita en un evento histórico. La Habana no ha participado nunca en estas cumbres, que se realizan desde 1994, pues fue expulsada del seno de la organización multilateral en 1962. Sin embargo, la decisión fue revocada en 2009. Este debut de la isla se da en medio del acercamiento con Washington, anunciado por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama en diciembre de 2014. Y es justo este primer encuentro, tras medio siglo de enemistad, uno de los principales atractivos de la reunión en Panamá.

“Los líderes estarán juntos en muchas ocasiones en la cumbre”, dijo la subsecretaria de Estado estadounidense, Roberta Jacobson. “Así que habrá interacción con Raúl Castro”, agregó. Analistas explican que Obama apuesta su legado político con Irán —con el que dio un histórico primer paso hacia un acuerdo nuclear el pasado jueves en Lausana (Suiza)— y con Cuba, al restablecer relaciones. No obstante, expertos recomiendan “no hacer muy visible el tema con La Habana”. “A diferencia de lo que ocurre con Irán, a Obama no le conviene vender en exceso el proceso para la normalización de las relaciones con Cuba. Ese proceso será siempre más efectivo mientras menos notorio y público sea”, indicó a Efe Roberto Izurieta, profesor de la Universidad George Washington.

Y es que, pese a las peticiones de la Casa Blanca desde el año pasado, en el Congreso (dominado por el Partido Republicano) ni siquiera se ha iniciado un debate sobre la posibilidad de levantar el embargo económico que pesa sobre Cuba desde hace más de medio siglo.

El nuevo reclamo

Así las cosas, en la Cumbre en Panamá por primera vez un presidente estadounidense no escuchará reclamos de terceros países por las sanciones contra Cuba, algo muy impopular en América Latina. Pero los asesores de la Casa Blanca se anticipan a un nuevo reclamo: Venezuela. Tras las medidas ejecutivas adoptadas a principios de marzo por el presidente Barack Obama, quien declaró en su país una “emergencia nacional” por la situación en la nación suramericana, junto a un paquete de sanciones contra varios funcionarios venezolanos, los aliados regionales de Venezuela —ALBA y Unasur— rechazaron la medida.

“Me decepcionó que no hubiera más países que defendieran que (las sanciones) no eran para dañar a los venezolanos o al Gobierno venezolano en su conjunto”, aseguró Jacobson, quien calificó el respaldo de los países latinoamericanos a Venezuela como un ejercicio de solidaridad basada en la retórica, con “un tono que demoniza a Estados Unidos”.

Analistas pronostican que el otro tema complicado con Venezuela será la detención de líderes opositores, como Leopoldo López y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, a quienes el Gobierno vincula con acciones para desestabilizarlo, medida que ha sido muy criticada por varios países y organizaciones como la Unión Europea y Amnistía Internacional, que han pedido su liberación. Estados Unidos también exige su liberación.

Gobiernos debilitados

El mandatario estadounidense se encontrará con varios gobiernos progresistas atravesando varias crisis. La más preocupante es la que aqueja a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cuyo gobierno enfrenta serias dificultades no sólo por el estancamiento económico, sino por el escándalo de corrupción en Petrobras, que amenaza con seguir creciendo. La estatal petrolera, la empresa orgullo de los brasileños, suspendió pagos y tiene una deuda de US$130.000 millones, lo que supondría la mayor quiebra industrial de la historia y el punto de jaque para Rousseff.

Otra situación compleja es la de Argentina: la presidenta Cristina Fernández presentará de nuevo el caso de las Malvinas, tras el reciente anuncio del Gobierno británico de un plan para reforzar y modernizar la infraestructura de defensa ante cualquier “amenaza” que pueda surgir de Argentina, que reclama su soberanía pese a que en un referendo de 2013 sus habitantes decidieron seguir siendo británicos. Fernández llega muy debilitada a la recta final de su mandato. Argentina elegirá a su sucesor en octubre.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, ya confirmó que expondrá en la Cumbre y en la reunión paralela de los sectores sociales su demanda marítima presentada en 2013 ante La Haya contra Chile, para pedir que este país negocie una solución a su centenario reclamo de una restitución de su acceso al Pacífico, que perdió en una guerra en 1879. En Chile, la presidenta, Michelle Bachelet aparece muy golpeada por casos de corrupción que salpican a algunos miembros de su familia.

Por su parte, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, es cuestionado por la desaparición de 43 estudiantes de una escuela normalista a manos del narcotráfico en complicidad con autoridades de la región, hace seis meses. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, aprovechará el foro regional para mostrar los avances en el proceso de paz con las Farc en La Habana y para buscar apoyo para el posconflicto.