Terremoto político en Argentina

Para garantizar la “consistencia” de un equipo que vele porque la economía del país empiece a crecer, Macri dividió el hasta ahora Ministerio de Hacienda y Finanzas, al tiempo que cesó a su titular, Alfonso Prat-Gay.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri (d.), y el ministro de Finanzas saliente, Alfonso Prat-Gay.
El presidente de Argentina, Mauricio Macri (d.), y el ministro de Finanzas saliente, Alfonso Prat-Gay. AFP

Del valor de las pizzas, una comparación odiosa que utilizó para justificar los aumentos de las tarifas que sacudieron los bolsillos en el epílogo de 2015, a esta salida deliberada, casi en la puerta de 2017.

Alfonso Prat Gay pasó 381 días con aciertos y errores al frente del Ministerio de Hacienda y Finanzas de la República Argentina. Nunca pudo concentrar el poder de la economía y terminó echado por Mauricio Macri. Todo un cimbronazo en el primer año del mandato del empresario que saltó de la presidencia de Boca Juniors a la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires y recaló en la Casa Rosada, terminando con una década de kirchnerismo.

Economista, graduado con honores en la Universidad Católica Argentina, tuvo un trabajo destacado en JP Morgan, conocida empresa de servicios financieros, Prat Gay (51 años) había sido presidente del Banco Central entre 2002 y 2004, cuando Eduardo Duhalde se hizo cargo del gobierno tras el golpe de Estado que sufrió Fernando de la Rúa y en los primeros tiempos de Néstor Kirchner al frente del país. Fue diputado por la Coalición Cívica ARI y asumió un puesto caliente.

“Hubo diferencias, y Macri le pidió la renuncia”, comunicó Marcos Peña, jefe de Gabinete, en una conferencia de prensa que se llevó a cabo al mediodía. Prat Gay ya se había enterado —también de los labios del portavoz— bien temprano. Macri lo había decidido el domingo de Navidad. Y el ahora exministro no puso reparos. Se subió a un avión con destino a Villa La Angostura para almorzar con el presidente, que se encuentra de vacaciones en la Patagonia.

Esas “diferencias” que mencionó Peña tienen que ver con el rumbo que eligió Macri para la política económica. Lejos de la idea de impulsar un ministro con superpoderes, el máximo mandatario organizó un equipo, “el mejor de los últimos 50 años”, según su eslogan.

El presidente dividió la cartera en seis ministerios: Hacienda y Finanzas, Energía, Producción, Transporte, Agricultura e Interior con Obra Pública. Todos dependientes de la Jefatura de Gabinete y coordinados por dos auditores, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Bajo este panorama, la última palabra en materia económica no la tenía Prat Gay.

Y las internas estuvieron a la orden del día.

Prat Gay nunca estuvo de acuerdo con Federico Sturzeneger, titular del Banco Central, en cuanto al tema de subida de las tasas. También se cruzó con Peña, a quien no le gustó el término “grasa militante” que el exministro de Hacienda utilizó en el medio de la purga estatal para describir la reestructuración del empleo público. Otra pelea protagonizó con Alberto Abad, jefe de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos), producto de la ley de blanqueo de capitales. Y hasta tuvo cortocircuitos con Juan José Aranguren, a cargo de Energía, por el aumento de las tarifas de gas.

¿Por qué prescindió Macri de un ministro que, más allá del cabildeo que generó a su alrededor, terminó con el cepo cambiario, sacó al país del default y llevó adelante el proyecto del blanqueo de capitales que ya supera los US$60 mil millones? La economía no logra despegar, la inflación anual ronda el 42 %, no consiguió dominar el déficit fiscal y su proyecto de impuesto a las ganancias fracasó en el Congreso.

Sin ir más lejos, Prat Gay fue desplazado de las negociaciones con la oposición, representada por el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, con apoyo del Frente Para la Victoria, el partido de Cristina Fernández de Kirchner.

Los coletazos del corrimiento de Prat Gay generaron un leve aumento del dólar mayorista y una pequeña baja de la bolsa de valores porteña. Macri resolvió rápidamente reemplazar al funcionario saliente con la escisión del Ministerio de Hacienda y Finanzas. A cargo de Hacienda estará el economista Nicolás Dujovne, y al frente de Finanzas, Luis Caputo, quien integró la Secretaría de Finanzas que, bajo la órbita de Prat Gay, superó exitosamente la negociación con los Fondos Buitres.

Serán siete y no seis, entonces, los ministerios que se ocupan de la economía nacional. Una fragmentación que tiene una sola lectura: el principal responsable, de lo bueno y de lo malo, es el presidente. De carácter ortodoxo, Prat Gay quedó afuera de la escena. Macri sabía que, de cara a un año de elecciones legislativas, necesitaba dar un golpe de timón en la economía.

 

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