¿Terroristas o psicópatas?

El hombre que arrolló a 84 personas con un camión, el que mató a 50 en el bar gay, el que asesinó a 5 policías o el que estrelló un avión con 150 pasajeros. Expertos señalan un nuevo perfil de atacantes.

La gente camina y prende velas en la calle de Niza donde un hombre a bordo de un camión arrolló a 84 personas durante la celebración del Día de Francia.
La gente camina y prende velas en la calle de Niza donde un hombre a bordo de un camión arrolló a 84 personas durante la celebración del Día de Francia.EFE

Empiezan a aparecer puntos comunes entre los últimos autores de las matanzas en Niza (Francia), Orlando y Dallas (Estados Unidos). Las autoridades encontraron que Mohamed Lahouajej Bouhlel, el hombre que alquiló un camión y lo usó para matar a 84 personas en Niza, era un delincuente de poca monta, con algunos antecedentes policiales por violencia, borracho, mujeriego y con poco interés por la religión.

Por su parte, las investigaciones en Estados Unidos encontraron que Omar Siddique Mateen, el hombre de 29 años que entró al bar Pulse en Orlando y mató a 50 personas e hirió a 53 con un rifle de asalto, era inestable, con antecedentes por violencia intrafamiliar, con comportamientos homófobos, aunque visitaba frecuentemente sitios para la comunidad LGBTI.

Micah Xavier Johnson, de 25 años, el francotirador que tras la muerte de dos afroamericanos a manos de la policía en Minesota y Luisiana, mató a cinco uniformados, era un veterano de guerra que había sido denunciado por una soldado de abuso sexual.

¿Terroristas? “Aunque Bouhlel mostró un interés claro por el islamismo radical en las semanas precedentes a perpetrar la masacre y a pesar de la reivindicación del ataque por el Estado Islámico, ningún elemento de la investigación demuestra hasta ahora la lealtad (y pertenencia) de Mohamed Lahouaiej Bouhlel a la organización terrorista”, declaró el fiscal de París, François Molins. Declaración casi idéntica a la de las autoridades estadounidenses con Omar Mateen. De hecho, los investigadores de todos estos hechos dicen que pasaron desapercibidos para las autoridades porque “no tenían el perfil que suele tener un lobo solitario o un terrorista individual”. (Lea aquí: Cuando el horror se vuelve rutina)

¿Psicópatas? Daniel Gilroy, excompañero de trabajo de Mateen, le dijo a Los Angeles Times que “era peligroso, no le gustaban los negros, las mujeres, las lesbianas ni los judíos. Pero no le prestamos atención. En la vida hay fanáticos… Siempre estaba enfadado, sudado, estaba molesto con el mundo”. Una prima de la esposa de Bouhlel le dijo al periódico Nice Matin que “tenía tres hijos, tramitaba su divorcio, tenía síntomas de depresión, violaba todos los principios del Islam: comía cerdo, tomaba alcohol y drogas. No rezaba ni respetaba el Ramadán”. De Johnson, sus conocidos dijeron que “era un hombre solitario e inestable, que tuvo interés en vincularse con organizaciones de corte racista”.

En la búsqueda de explicaciones, los expertos volvieron al caso del piloto alemán Andreas Lubitz, quien se encerró en la cabina del avión antes de estrellar el Airbus 320 de Germanwings en marzo de 2015 contra una montaña en los Alpes franceses. Se supo después que era inestable, que estaba enfermo y alterado y que planificó su acción. “Un día, todos sabrán mi nombre y lo guardarán en la memoria”, escribió el piloto.

La Organización Mundial de la Salud señala que el 2 % de la población mundial (140’000.000 de personas) es psicópata. De estos, un 1 %, comete actos delictivos. Un psicópata es inteligente, tiene un desprecio absoluto por los demás y, además, es resentido. Pero es inteligente, así que sabe lo que está haciendo. ¿Hay coincidencias?

En todos los casos, los autores de las masacres tuvieron la cabeza fría para planear el hecho, conseguir armas y matar a decenas de personas. De acuerdo con los autores del libro La psicología evolutiva y el terrorismo (2015), “los terroristas tienen capacidad de reflexión y premeditación. No padecen una enfermedad sicológica, se afilian a un grupo o actúan como lobos solitarios, pero tienen un perfil particular”.

El psicólogo John Horgan, que dirige el Centro Internacional para el Estudio del Terrorismo de la Universidad de Pennsylvania, entrevistó a 60 exterroristas y logró identificar una serie de características: sentimiento de enojo, despersonalización y una frustración creciente, y sin influencia específica de una religión”. Algo clave en todos estos hechos: las creencias no fueron el detonante de los trágicos sucesos.

“Usted puede repetir mil veces al día ‘Dios es grande’ y no por eso la gente va a empezar a convertirse al catolicismo, al protestantismo o al islam (...) No podemos utilizar estos argumentos, porque decir que cualquiera que tiene una aspiración religiosa o incluso ideológica está loco, entonces todo el mundo está loco”, escribe el filósofo francés Philippe-Joseph Salazar en su ensayo Palabras armadas. De hecho, el neonazi noruego Anders Breivik, que dejó 77 muertos en julio de 2011 en Oslo, no era musulmán. Era católico.

Agrega Salazar que estamos lejos de entender cómo funcionan estos asesinos: “Tenemos problemas para comprender eso en los países occidentales así que lo que hacemos es reírnos, decir que están locos, enfermos. Ni están locos ni son imbéciles”.

Por eso, los investigadores están en la encrucijada. “El resultado es que nunca nos hemos preparado para los atentados terroristas, porque hemos pensado siempre que eran locos, marginados, enfermos mentales”, concluye Salazar.

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