En "tiempo extra" de negociaciones aún no hay certeza de que haya pacto nuclear con Irán

Irán ha expresado que no aceptará ningún acuerdo que no contenga un levantamiento completo de las sanciones.

El secretario de estado de EE.UU., John Kerry, en medio de un receso en el "tiempo extra" de las negociaciones nucleares con Irán.AFP

Después de vencido el plazo para llegar a un acuerdo nuclear entre las grandes potencias e Irán, se sigue dicutiendo el aunto en un "tiempo extra" en el que al parecer no se tiene la certeza de que haya un pacto final. (Vea una infografía con las instalaciones nucleares de Irán)

Tras una noche turbulenta, con fuertes altibajos pero un final sin entendimiento concreto, las delegaciones se reunieron  a diferentes niveles y tras muy pocas horas de sueño. Los negociadores, incluidos cuatro ministros de Exteriores, mantuvieron este miércoles sesiones plenarias -con y sin Irán- así como a nivel bilateral, por ejemplo, entre el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, y su homólogo iraní, Mohamed Yavad Zarif. (Vea: Después de un pacto con Irán ¿Se vienen cambios a nivel regional?)

El viceministro de Exteriores iraní, Abás Arqchi, advirtió, por su parte, en una entrevista con una televisión de su país, que Irán no aceptará ningún acuerdo que no contenga un levantamiento completo de las sanciones. Además, subrayó que "hay dos o tres temas claves e importantes, y sin llegar a una solución realista y moderada sobre ellos no habrá ningún acuerdo", explicó el negociador nuclear iraní.

Poco antes, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, emitió un comunicado escrito en el que insinúa que su país no aceptará ningún pacto que no tenga en cuenta sus intereses como potencia de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. "Quiero destacar que no hay acuerdo posible sin acomodar las cuestiones clave de varias partes", agregó el canciller, quien fue ayer el primero de los ministros de Exteriores de las grandes potencias que abandonó las conversaciones de Suiza.
Asimismo destacó como de "vital importancia darle juego" al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el proceso. 

Ese comentario hace referencia directa a uno de los escollos en estas negociaciones, como el levantamiento de las sanciones de la ONU contra Irán y una reinstauración automática -propuesta por los occidentales- de esa medidas si Teherán no cumple el acuerdo.

Por otra parte, el ministro británico de Exteriores, Philip Hammond, se mostró cautelosamente optimista sobre lo que pueda suceder este miércoles. "Soy optimista de que podamos avanzar aún más esta mañana, pero ello depende de que los iraníes demuestren su voluntad de resolver los temas que aún quedan pendientes", dijo el británico en declaraciones a varias emisoras de su país.

En Berlín, la canciller alemana, Angela Merkel, se mostró también esperanzada de que se pueda alcanzar un acuerdo con Irán e indicó que se ha progresado "un gran trecho del camino". El eventual acuerdo nuclear con Irán, cuya versión marco, es decir, política, debería haberse alcanzado antes de la pasada medianoche, tiene como objetivo evitar que la República Islámica obtenga el arma nuclear. Irán asegura que no tiene intenciones militares, aunque tampoco ha ofrecido en estos últimos doce años de disputa e investigaciones de la ONU la cooperación necesaria.

Vea los cinco puntos a resolver sobre la mesa

 

Estos son los cinco puntos que están sobre la mesa y que hoy deberían quedar resueltos.

El problema

Entre 1984 y 2002 Irán desarrolló actividades nucleares clandestinas, lo que despertó el temor en la comunidad internacional por la posibilidad de que pudiera hacerse con armas nucleares. Las denuncias de un grupo opositor en el exilio llevaron a que en 2002 se supiera que Teherán había realizado actividades no declaradas, por fuera de su programa nuclear civil.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha sido incapaz de garantizar que las ambiciones nucleares de Teherán supongan fines exclusivamente pacíficos, debido a la negativa iraní a permitir inspecciones exhaustivas en el terreno. En repetidas ocasiones, el organismo ha demandado a Irán más cooperación para esclarecer sus dudas. No obstante, las sospechas que surgieron en 2002 crecieron en los años siguientes, al punto que el país persa apareció como una amenaza para Occidente, y su presunta fabricación de armas nucleares pasó a ser un punto central en la agenda de seguridad mundial.

Prolongación de las tensiones

Las dudas sobre el programa nuclear de Irán surgieron cuando se reveló en 2002 la construcción no declarada de una planta subterránea de enriquecimiento de uranio en Natanz y la de un reactor de agua pesada en Arak. A partir de 2003, Teherán accedió a someterse a inspecciones del OIEA, pero cuando Mahmud Ahmadineyad llegó al poder en 2005 empezó una época de falta de colaboración. En 2006, la junta de gobernadores del OIEA envió al Consejo de Seguridad de la ONU a Irán. En los siguientes años, el Consejo impuso sanciones a Teherán por no detener sus trabajos de enriquecimiento de uranio. A partir de 2012, la Unión Europea y Estados Unidos aplicaron sanciones adicionales a la economía iraní. La victoria del moderado Hasán Rohaní en las presidenciales de 2013 abrió la oportunidad de buscar una salida diplomática a la disputa. Bajo su mandato, el 24 de noviembre de 2013 Irán y el denominado Grupo 5+1 (EE.UU., Rusia, China, Francia, el Reino Unido y Alemania) firmaron en Ginebra un histórico acuerdo interino que ha permitido las actuales negociaciones.

Un histórico acuerdo

En Ginebra se firmó un acuerdo interino por el que Irán accedió a congelar sus trabajos de enriquecimiento de uranio por encima de 5% y diluir sus reservas con una pureza de 20%. Para lograr una bomba atómica, el uranio debe estar enriquecido al 90%. Los analistas subrayan que dominar el proceso para purificar ese material al 20% permite elevar después su enriquecimiento hasta los umbrales de uso militar.
A cambio de esas medidas, las potencias levantaron parte de sus sanciones y desbloquearon activos de la venta de petróleo por valor de miles de millones de euros.

El 20 de enero de 2014 empezó a aplicarse este pacto por un período de seis meses para dar con una solución definitiva. Para el 20 de julio de 2014 no se había logrado el objetivo, pero los avances logrados hicieron que ambas partes ampliasen el plazo hasta diciembre. Tampoco se pudo cerrar el esperado acuerdo y el plazo volvió a extenderse hasta el próximo 30 de junio.

Los obstáculos

Persisten preocupaciones sobre el alcance que tendrá el programa nuclear iraní tras el acuerdo. En el centro de las discusiones está la amplitud del programa de enriquecimiento de uranio. EE.UU. pretende que Irán renuncie a una parte significativa de las casi 20.000 centrifugadoras que tiene instaladas para purificar uranio. Teherán se niega. El límite a la producción de plutonio en la planta de agua pesada en Arak, cuyo cambio de diseño se está discutiendo, es otro asunto candente. Persisten desacuerdos sobre el período en el que las actividades nucleares de Irán deberían ser sometidas a controles exhaustivos. Mientras EE.UU. parece dispuesto a aceptar una década, Francia exige que la validez del acuerdo sea de 15 años, algo que Irán rechaza.

El futuro

Todos los ministros que participan en las negociaciones destacan que se han producido avances y que las posiciones se han acercado, especialmente en las últimas semanas. Pero nada garantiza un final feliz. Al mismo tiempo, los dos principales actores, EE.UU. e Irán —que carecen de relaciones diplomáticas— se enfrentan a las críticas de los “halcones” en sus respectivas capitales. Si no se logra un acuerdo, Obama, podría salir debilitado dada su defensa de las negociaciones. El acuerdo sería un importante logro de Obama en política exterior. Y quizá su único gran logro en Oriente Medio, una región que convulsiona entre la guerra civil siria, el surgimiento del Estado Islámico y la falta de una solución al conflicto palestino-israelí.