Tifón en Filipinas y el modelo insostenible

Una vez más, gracias a la tragedia causada por el tifón Haiyan, el debate sobre el Cambio Climático y el frenesí de la lógica del mercado, aparece en primer plano.

EFE

Mientras en Polonia se reunían los representantes para la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, la comunidad internacional se solidarizaba con Filipinas: un país hoy marcado por el dolor colectivo. Según las proyecciones, aproximadamente 10.000 muertos, un territorio en estado de calamidad ante la escasez de alimentos y agua a la espera de una significativa ayuda internacional. Un drama humanitario que nos acerca al sombrío escenario del incontrolable cambio climático en el ámbito de un modelo de desarrollo insostenible. (Ver los videos más impactantes del tifón en Filipnas)

Vale recordar que en 2012 representantes de 191 países se reunieron en Río de Janeiro durante la Conferencia de las Naciones Unidas, Río+20, para pensar en un desarrollo sostenible, reviviendo las principales propuestas de Río-92. Sin embargo, la cumbre se caracterizó por la ausencia de los principales “líderes del mundo”, demostrando la falta de interés y de voluntad política, como si el tiempo para decisiones contundentes no se agotara.

De la búsqueda de una racionalización del concepto de ecología se pasó a hablar de economía verde, que según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) es “aquella que contribuye para mejorar el bienestar de la humanidad y de la igualdad social, al mismo tiempo en que reduce significativamente los riesgos de depredación del medio ambiente”.

A pesar de la ampliación del concepto en estos últimos 20 años, los “esfuerzos mundiales han demostrado controversias de imaginarios y de posicionamientos: de un lado los países ricos —ahora un poco más pobres— y del otro los emergentes. Pero el gran dilema persiste: ¿cómo implementar un desarrollo sostenible que preserve el medio ambiente?

En el debate el problema no sólo es político, es sobre todo económico, porque pocos son los interesados en pagar la cuenta de una economía más limpia y más verde.

En aquella ocasión, se vislumbró la posibilidad de crear un fondo de US$30.000 millones para financiar acciones sostenibles, propuesta liderada por el grupo de los 77 países en desarrollo (G77) más China. Naciones pobres y emergentes que esperaban expectantes el compromiso de los ricos, los mayores contaminadores del mundo, pero, el texto final no enfatizó las cifras, teniendo en cuenta la crisis económica de Europa y EE.UU.

Ante la ausencia de un verdadero consenso acerca del “futuro que queremos”, las grandes corporaciones lanzan campañas globales para para preservar el medio ambiente. ¿Podrá ser sostenible el futuro si dependemos en gran medida de estas compañías y de su lógica de mercado para salvar al planeta? La crisis financiera de 2008 no cambió la visión del mundo; éste sigue sin capacidad para reinventarse.


Se espera que en 2020 entre en vigencia un nuevo acuerdo global sobre cambios climáticos, a partir del cual todos los países se comprometerán a reducir los gases de efecto invernadero.
El aplazamiento de decisiones políticas y económicas aún legitima las palabras de la joven neozelandesa de 17 años, Brittany Trilford, representante de los jóvenes y de las nuevas generaciones en Rio+20 “… Promesas hechas no son suficientes. Nuestro futuro está en peligro. Estamos acá para resolver problemas que causamos como colectividad (...) Es hora de que los líderes paren de hablar y empiecen a actuar, líderes que lideren. ¿Están acá para mantener las apariencias o para salvarnos?”

Las conmovedoras palabras del delegado de Filipinas en Varsovia: “mientras negociamos aquí, mientras dudamos, la lista de muertos está creciendo”. Es una muestra de que el mundo aún no ha decidido resolver sus inmensos problemas ambientales. No se puede disminuir el dolor de los filipinos, pero se puede luchar para que estas trágicas muertes no sean solamente estadísticas y el modelo no siga la pauta de las ganancias individuales con tan altos costos.