Tiroteo en Dallas: crimen, impunidad y prejuicios

Las autoridades de EE.UU. indicaron hoy que el principal sospechoso de la matanza de Dallas (Texas), en la que murieron cinco policías, era un veterano de guerra que estuvo motivado por las recientes muertes de afroamericanos a manos de la Policía y el deseo de matar a "policías blancos".

Un joven afroamericano se arrodilla frente a los policías tras el asesinato de cinco uniformados durante una marcha en Dallas. / EFE
Un joven afroamericano se arrodilla frente a los policías tras el asesinato de cinco uniformados durante una marcha en Dallas. / EFE

“Se hará justicia”. Con esta contundente frase, el presidente de Estados Unidos Barack Obama condenó la muerte de 5 policías por disparos de francotiradores durante una manifestación pacífica en Dallas (Texas), en protesta por la escalada de violencia policial y de abusos de la fuerza por parte de agentes del orden contra la comunidad afroamericana.

Los asesinatos de los ciudadanos Alton Sterling en Baton Rouge (Luisiana) y de Philando Castile en Falcon Heights (Minesota), a manos de policías blancos esta semana, fueron el detonante que lanzó el tema racial al centro del debate nacional, un síntoma de un problema generalizado. Varios estudios evidencian un continuo uso de prácticas discriminatorias que incluyen brutalidad policial y el fichaje por raza. Además de la impunidad.

De las 509 personas muertas por la policía en Estados Unidos desde principios de año, 123 eran afroamericanas, según datos de The Washington Post. Y lo más preocupante: el portal Mapping Police Violence señaló que casi en el total de los casos con muertos a manos de agentes de policía en 2015, los agentes implicados quedaron sin cargos.

La masacre en Dallas

El tiroteo era ensordecedor, porque los disparos hacían eco en edificios de oficinas en el centro de la gran ciudad texana, tristemente célebre por ser el lugar del asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963. Cientos de personas, civiles y policías, se cubrían detrás de carros y se arrimaban buscando protección en edificios en medio del fragor de las ráfagas de disparos.

“Alguien está armado hasta los dientes”, se le escuchó decir a un hombre en medio del ruido del tiroteo, en un video. Esta es una persona con gran armamento”, señalaba. “No vi a nadie más ser baleado, sólo a los policías. Vi a los policías ser baleados, aquí a plena vista”, dijo Cortney Washington a la cadena NBC. Cuando todo acabó, cinco oficiales habían muerto y siete estaban heridos, además de dos civiles.

Un sospechoso, que se escondió en un estacionamiento en el Centro College, murió por un artefacto explosivo manejado por un robot de la policía tras negociaciones que duraron horas. En esas negociaciones, el sospechoso dijo que estaba molesto por las muertes de negros a manos de policías y que quería matar blancos, en particular policías blancos, según afirmó la policía. De acuerdo con los investigadores, este hombre era reservista del Ejército y veterano de Afganistán.

¿Qué reflejan estos hechos?, se preguntaba la prensa estadounidense, un país que sigue siendo sacudido por los ataques con armas y una institución que sufrió el mayor número de bajas en sus filas desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Todas las respuestas, o la mayoría, van a lo mismo: la brecha racial.

Según un estudio del Sentencing Project de 2013, uno de cada tres hombres negros irá a prisión en algún momento de su vida, en contraste con uno de seis hispanos y uno de 17 blancos. Por su parte, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) afirma que desde 2002, tan solo en Nueva York 5 millones de personas fueron requisadas como parte de la popular política de “pare y requise” (stop and frisk), que fue declarada inconstitucional y discriminatoria en 2013 por una jueza federal. De éstas, 90 % no tenía antecedentes judiciales, 50 % era negros, 30 % hispanos y solo entre 10 y 12 % blancos.

El propio gobernador de Minnesota Mark Dayton admitió ante la prensa, luego de que se conociera el video de la muerte de Castile, que veía un sesgo racista en el caso y que sentía que “hubiera acabado de un modo distinto si hubieran sido blancos”.

En los últimos 15 años, al menos 5.600 personas han perdido la vida en EE.UU. por la brutalidad policial, según datos de la organización no gubernamental Fatal Encounters publicados el pasado abril.

“Según los registros, la más joven de las víctimas tenía 12 años, la mayor 65. Y más de 100 estaban desarmadas. La gente negra es tres veces más propensa que la blanca a ser víctima de la policía en Estados Unidos. El año pasado, la policía mató a más negros desarmados que blancos armados. Y eso teniendo en cuenta que los negros son solo el 14% de la población aquí”, señaló a la BBC Sam Sinyangwen, investigador y activista que fundó el proyecto Mapping Police Violence.

A pesar de los hechos y de los números, para la familia de Alton Sterlin, una de las últimas víctimas negras, “las fuerzas policiales tienen un trabajo muy difícil y la amplia mayoría se comporta de forma honorable, protegen y sirven a nuestras comunidades”. En un comunicado publicado después de la matanza en Dallas, la familia pidió detener la violencia. “Independientemente de cuán enfadados y afectados estemos, la recurrencia a este tipo de violencia enfermiza nunca debe suceder y simplemente no se puede tolerar”.

El mismo Obama defendió el trabajo de la policía, al igual que varios sectores del país. “Este ha sido un ataque atroz, calculado y despreciable contra agentes de seguridad”, señaló el mandatario y recalcó su apoyo a quienes integran los cuerpos de policía porque “tienen un trabajo difícil y la inmensa mayoría de ellos hacen un buen trabajo”.

Y agregó: “No es sólo un problema de los negros. No es sólo problema de los hispanos. Es un problema estadounidense, que debería preocuparnos a todos”.

En una columna publicada por este Diario, la analista Arlene Ticker recuerda que “Malcolm X advirtió en su momento que el desencanto, la frustración y la rabia de ser ciudadanos de segunda clase —una especie de esclavitud del siglo 20— era una combinación explosiva. Más allá de la reivindicación del “poder negro”, la suya es una condena al racismo y la marginación social, junto con una advertencia de que el Estados Unidos blanco y privilegiado tiene que cambiar, so riesgo de protestas y el uso de la violencia”. Los hechos de estos días parecen darle la razón,

De acuerdo con cifras del Urban Institute en Washington, los blancos tienen en promedio seis veces más riqueza que los negros; los hombres negros reciben sentencias 19,5 veces mayores que sus pares blancos en situaciones similares; los estudiantes negros son suspendidos y expulsados tres veces más que sus pares blancos en los colegios.

Obama, el primer Presidente afroamericano en la historia del país, ha sido el que más incidentes raciales ha tenido que enfrentar y así lo ha reconocido: “La repetición de casos de ciudadanos negros abatidos por la policía deja en evidencia la existencia de un grave problema. Son síntomas de los desafíos de nuestro sistema de justicia criminal, la disparidad racial que se muestra en nuestro sistema año tras año”, señaló en un mensaje en Facebook.