To be or not to be... Europeo

El 1 de enero de 1973 bajo el gobierno conservador del Primer Ministro Edward Heath, y tras 12 años de espera, Gran Bretaña ingresó a la hoy Unión Europea. El jueves la riesgosa apuesta de David Cameron, otro Premier conservador, decide su continuidad en un referendo que acapara la atención mundial.

El jueves los británicos votarán si se van o se quedan en la Unión Europea.AFP

Gran Bretaña es probablemente el país más multicultural del planeta y cuatro décadas después de haber ingresado a la Comunidad Económica Europea –precedente de la actual Unión Europea (UE)- enfrenta este 23 de Junio una de las decisiones políticas más importante en su rica y determinante historia: ser o no europeo.
Tras ganar mayoritariamente las elecciones en mayo de 2015, el Primer Ministro conservador David Cameron se sintió sólido y en respuesta a presiones dentro de su partido y su propio gabinete, anunció que los británicos decidirían sobre la continuidad o no en la Unión Europea. El 19 de febrero convocó el referendo del jueves pero tal vez no midió el lance y este le puede jugar una mala pasada. Varias encuestas dan hoy una ligera ventaja de 5 puntos al No a la Unión Europea (53%), pero los índices fluctúan con rapidez. A fines de mayo la preferencia era 50/50.

Sin embargo, el incesante bombardeo diario de información y los debates permanentes a todos los niveles, sobre la importancia, los alcances y los efectos que tendría el resultado de la consulta popular en este reino insular, no han conseguido determinar con claridad una preferencia mayoritaria en favor de seguir en la Unión Europea (UE) o de salirse del bloque, lo que popularmente se conoce hoy como Brexit (Britain-Exit).

El 5 de junio de 1975 un 67.5% de los británicos confirmó la permanencia del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, en otro referendo convocado entonces por el gobierno laborista de Harold Wilson –quien en 1967 había presentado la segunda candidatura británica- para ratificar la vocación integracionista. Gran Bretaña vivía un proceso de desarrollo industrial y diversificación de la producción en medio de la crisis del petróleo y luchas sindicales por mejoras salariales.
Pero hoy el ambiente es distinto, con una tendencia clara; el descontento y temor del ciudadano común con el incremento sustancial de los niveles de migración que ha recibido la Gran Bretaña en el último lustro, acrecentados por la crisis de varias economías del continente europeo, el ingreso a la UE de 13 nuevos países desde 2004 y el principio fundamental comunitario de la libre circulación de personas, considerado por los partidarios del no como una “camisa de fuerza” que impide controlar eficientemente las fronteras y limitar el número de personas que ingresan al país a vivir. Además, preocupan mucho la exención de visados para los ciudadanos turcos (se teme que la aprovechen para establecerse en la UE) y la posterior adhesión formal del país en un futuro relativamente cercano, aunque por ahora indefinido.

El Instituto Nacional de Investigación Económica y Social dice que si Gran Bretaña sale de la UE y no negocia acuerdos preferenciales con el mercado único, habría un déficit público de 28 billones de libras en vez del superávit de 10.3 billones esperado para el año, y que para cubrirlo será necesario un aumento de impuestos por 9.3 billones, y recortes en la seguridad social y en el gasto por igual cifra.

Ese escenario pesimista y amenazante y las advertencias del gobierno sobre los nefastos efectos económicos que tendría salir de la UE, incluyendo recesión, posible aumento de los precios, nuevos impuestos y aislación política, ha generado pánico e incertidumbre, caída del índice FTSE de la Bolsa de Londres, volatilidad en los mercados financieros y pérdida de poder de la libra esterlina. La moneda británica, tradicionalmente fuerte, se ha debilitado un 14% frente al dólar. A principios de año una libra cotizaba a 1,65 dólares, hoy vale 1,42.

Socio fundamental

La UE es prioritaria para Gran Bretaña a nivel económico. Un 44% de sus exportaciones se realiza a los países miembros del bloque (importa sólo un 8%), pero esa sólida inter-relación se rige por normas comunes y reglamentos elaborados y discutidos en las instituciones comunitarias en Bruselas por funcionarios civiles que no dependen directamente de los gobiernos y no han sido elegidos democráticamente.

Hacer parte del club tiene un costo que según el Brexit, significa una contribución presupuestal de 350 millones de libras esterlinas a la semana, que dicen se podrían invertirse internamente en el sistema nacional de salud (NHS), colegios y construcción de vivienda. Sin embargo, los reembolsos que recibe Gran Bretaña en exenciones, préstamos y contribuciones al sector privado y las Universidades, reducen la cifra a 8.8 millones de libras anuales (2014/2015), es decir 169 millones semanales.

La creencia de que los reglamentos de la Unión Europea limitan la independencia británica y han llevado a que una gran parte de sus leyes las dicte Bruselas, ha sido explotada eficientemente por los líderes del Brexit; Michael Gove, el actual Ministro de Justicia del gobierno conservador de Cameron, y el flemático e indescifrable exalcalde de Londres, Boris Johnson, quien hace un mes afirmó que la UE es un proyecto para crear un Super-estado como quería Hitler y unificar a Europa bajo una única autoridad. “Napoleón, Hitler, varios trataron de hacerlo, y terminó trágicamente”, advirtió.

El mensaje de los seguidores del Brexit, entre los cuales figuran cinco ministros del gabinete y parte de la bancada conservadora es precisamente “recuperar nuestra Gran Bretaña”, “nuestro propio destino y soberanía” y mantener una relativa autarquía y la diferencia con Europa. Y la verdad es que una buena parte de los británicos no se sienten europeos sino miembros de una isla separada del continente por idioma, tradición, un antagonismo histórico y dueños de unos valores y tradiciones que consideran que los distinguen y no tienen en común con Europa.

Ello se nota incluso en temas oficiales y en dependencias. Para mí siempre es significativo que cuando voy a una oficina de correos, encuentro el anuncio: “Va a ir a Europa. Compre aquí su seguro”. Más claro aún, la Oficina Nacional de Estadísticas señala textualmente que “El Reino Unido tiene una población de 63.7 millones de personas, de las cuales 5.3 millones (8%) son no-británicos y apenas más de la mitad de ellos -2.9 millones (5%)- son de Europa”.

Historia oculta

Gran Bretaña solicitó por primera vez su ingreso a la antigua Comunidad Económica Europea (CEE) el 9 de agosto de 1961, en pleno proceso de “descolonización” de sus dominios en Africa, el Caribe y Asia; el fin del llamado “Imperio británico”. Al mismo tiempo el presidente francés Charles de Gaulle negociaba la autodeterminación de Argelia, que llevaría al referendo de independencia en 1962.

Aunque no se concebía un bloque europeo con Gran Bretaña al margen, de Gaulle vetó la adhesión debido a su recelo por la relación trans-atlántica (la estrecha vinculación británica con Washington). Pero fundamentalmente porque el general –quien lideró la resistencia francesa en la segunda Guerra Mundial- nunca olvidó el plan estadounidense “Vichy sin Vichy” apoyado por Gran Bretaña, que preveía convertir a Francia en un Protectorado Aliado al final del conflicto e imponer el dólar como moneda oficial.

Siempre consideró el proyecto una traición de los Aliados, quienes sólo lo reconocieron como Jefe del gobierno francés el 23 de octubre de 1944, pero no lo invitaron a la Conferencia de Yalta el 11 de febrero de 1945.

De Gaulle vetó en dos ocasiones el ingreso británico (1963 y 1967), y el proceso de adhesión sólo se adelantó tras su renuncia en 1969 por la inestabilidad política en Francia que generó el movimiento de “Mayo del 68”. Las negociaciones terminaron con éxito en 1972, cuando el gobierno conservador de Edward Heath consiguió vencer la oposición de gran parte de la opinión pública británica antieuropea. En pleno ascenso político dentro de los conservadores, Margaret Thatcher, respaldó el proceso.

Doce años después de su primera petición formal, Gran Bretaña, junto a Dinamarca e Irlanda, ingresaron al bloque. A pesar de la posición favorable del gobierno que había negociado la adhesión, los noruegos rechazaron el ingreso en un referendo.


Nuevas realidades

Después de 27 años viviendo en Europa, primero en la parte continental y desde hace 15 en Gran Bretaña, he admirado, estudiado, acompañado, trabajado con la Unión Europea y cubierto periodísticamente su proceso y la transformación fundamental luego de la caída del muro de Berlín y el fin del comunismo y de la “guerra fría”.

Precisamente, De Gaulle siempre quiso una Europa independiente de las dos superpotencias enfrentadas en la "guerra fría", pero paradójicamente el líder francés, aunque propugnó por una Europa fuerte ante Estados Unidos y la Unión Soviética, nunca creyó en una Europa políticamente unida y siempre defendió la independencia francesa y su papel de potencia. Esa misma independencia es la que hoy reclaman y defienden los partidarios del Brexit cansados de los compromisos a que están obligados con Bruselas.

Ciertamente que la Unión Europea ha cambiado mucho en las últimas décadas y que tiene cada vez más control sobre la vida diaria de los británicos y también de todos los ciudadanos de los otros 27 países que hoy hacen parte del grupo. El poder de decisión se diluye en Bruselas y la presión sobre los cuatro principales países y mayores contribuyentes al presupuesto de la UE (Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia), ha aumentado sustancialmente.
Cómo siempre recalcó Claude Roosens, mi profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Lovaina la Nueva, la Unión Europea es un OPNI (Objeto Político No Identificado) en construcción permanente. Comenzó con seis países fundadores en 1957 y hoy son 28, con cinco más a sus puertas y otros 2 candidatos potenciales.

Cuando Gran Bretaña ingresó en 1973, se llamó “La Europa de los Nueve”, y su población era de 290 millones de personas. Tras las diversas ampliaciones, incluyendo la reunificación de Alemania en octubre de 1990, se pasó a 510 millones que se estima tiene hoy la UE; un incremento poblacional de casi el 76%!.
Las ampliaciones posteriores a 2004 con el ingreso de 13 nuevos países, significaron poco más de 100 millones de nuevos ciudadanos de la UE, a quienes se les garantiza la libre circulación y residencia en cualquier país del bloque. Y los cinco nuevos países candidatos (Turquía, Montenegro, Serbia, Macedonia y Albania) suman otros 87 millones de ciudadanos. Potencialmente es una Unión Europea de 600 millones de ciudadanos en la que Turquía, el eterno candidato, pasaría a ser el segundo país más poblado del bloque (76 millones) después de Alemania (81 millones).

La relación de la UE con Turquía data de hace más de medio siglo, cuando se firmó en 1963 el Tratado de asociación (Acuerdo de Ankara) el 12 de septiembre. Dos años antes de mi llegada a Europa, el 14 de abril de 1987, Turquía presentó su candidatura formal de adhesión y el 31 de diciembre de 1995 entró en vigencia la Unión Aduanera. Cuatro años después en Helsinki se aceptó finalmente la candidatura y el 6 de octubre de 2004 se acordó iniciar negociaciones, las cuales comenzaron un año después tras superar la oposición de Austria y Chipre, condicionada a que Turquía reconozca a Chipre, abandone su ocupación de la parte norte de la isla y adelante reformas en derechos y libertades civiles que incluyan el respeto de la comunidad kurda. Las negociaciones están en curso.

Foto: AFP

Continuar en la Unión

Desde el histórico Consejo Europeo de Maastricht el 10 de diciembre de 1991, los cambios se han acelerado. Recuerdo claramente que en esa cumbre que cubrí para El Espectador y otros medios, Margaret Thatcher consiguió doblegar la oposición de Francois Mitterand y obtener para Gran Bretaña la cláusula de exclusión (opting out) de la política laboral, una cuota de reembolso en créditos e inversión (rebate) y que los mercados financieros de Londres no fueran regulados por Bruselas. A cambio, Gran Bretaña aceptaba el tratado que creó la Unión Europea, las competencias supranacionales, la política exterior y de seguridad común, la cooperación judicial y asuntos interiores y la ciudadanía europea. Y se comprometía a seguir siendo actor fundamental y aportando el presupuesto anual. En ese momento eran 12 países.

Un cuarto de siglo después, David Cameron, sigue defendiendo la participación británica en la UE y consiguió que los demás países aceptaran otras nuevas exenciones –incluyendo reglas discriminatorias para los ciudadanos de la Unión- para tratar de asegurar la continuidad del país en el bloque en el referendo de este jueves.

Gran Bretaña está autorizada a suspender el acceso a los beneficios laborales para los trabajadores recién llegados de la UE, durante cuatro años desde que empiecen a trabajar. La moratoria tiene una vigencia máxima de 7 años. En ese tiempo, todos los trabajadores británicos y los ciudadanos de la UE ya residentes, sí podrán recibir las ayudas. Además, los subsidios para los hijos de trabajadores recién llegados se otorgarán en función del nivel de vida del país de origen y para los hijos de quienes ya están trabajando en Gran Bretaña, la medida se aplicará desde 2020.

El acuerdo logrado por Cameron recortando los beneficios sociales de los nuevos migrantes europeos, teóricamente permitiría aliviar la presión sobre las arcas del gobierno y controlar mejor el esquema de “turismo laboral” de trabajadores que vienen a cobrar el seguro de desempleo en Gran Bretaña y no en su país de origen. Además, descongestionar el servicio nacional de salud (NHS), que está desbordado por ciudadanos de la UE que vienen a recibir atención gratuita.

Cameron también ha defendido en su discurso en favor de continuar en la que ha llamado Unión Europea “reformada”, que Gran Bretaña nunca adoptará el Euro (moneda común en 19 de los países miembros), no habrá discriminación por tener otra moneda, y que la plaza financiera de Londres mantendrá su excepción y los servicios no estarán regulados por las normas de la zona Euro.

Según la Ministra del Interior, Theresa May, la permanencia en la UE es esencial para garantizar “la protección colectiva contra el terrorismo” y es mejor para el país hacer parte del Club que seguir el camino solo. Sin embargo, el gobierno no ha tocado claramente el tema migratorio que tanto preocupa al británico común y además ha dejado de lado el tema de los controles fronterizos.

A su vez, el Banco de Inglaterra ha advertido que el Brexit puede provocar una caída aún mayor de la libra, con el riesgo de congelar las inversiones, aumentar el valor de las hipotecas y créditos a las empresas y ciudadanos, y además dañar las economías de los países que utilizan el Euro, la llamada “eurozona”. El déficit contable británico, que depende de las inversiones extranjeras, también podría ser seriamente afectado. El propio gobernador del Banco, el canadiense Mark Carney, anunció que hay un plan de contingencia para una inyección masiva de liquidez, ante el serio impacto que podría tener en los mercados financieros la salida del Reino Unido de la UE.

Brexit

En vez de captar adeptos, las advertencias de la campaña por la continuidad en la UE sobre “una década de incertidumbre”, parecieran haber fortalecido a los partidarios de salirse y la falta de claridad del gobierno sobre el tema migratorio ha sido notable. La ministra Theresa May simplemente ha dicho si Gran Bretaña sigue, “debe mirar más reformas” al libre movimiento de personas.

Un 76% de los británicos consideran que el nivel de inmigración actual es insostenible (330.000 en 2015) y un 57% considera que bajaría al salirse de la UE. La cifra es casi el triple de las cuotas originalmente consideradas por el gobierno y puede ser superior si se considera la última oleada proveniente de España; más de 100 mil –en su mayoría jóvenes de 20 a 35 años- incluyendo latinoamericanos nacionalizados que huyen de la crisis económica del país y el desempleo y buscan una oportunidad de trabajo. Hace cinco años fueron los polacos, que con 853.000 viviendo en Gran Bretaña son hoy el mayor grupo de un país de la UE. Pero una gran parte regresa al cabo de varios años trabajando duramente y haber hecho un capital. Los latinos, entre quienes están además portugueses y rumanos, en cambio se quedan.

Si gana el Brexit, el período mínimo para el retiro de Gran Bretaña de la UE es de dos años, durante los cuales continuará acatando los tratados y leyes del merco común pero no tomará parte en las decisiones porque estará negociando el retiro de los acuerdos y los nuevos términos de sus relaciones con los 27 países del grupo. En la práctica, este proceso puede tomar mucho más tiempo (se habla de hasta 7 años), mientras se desmontan todos los acuerdos y se negocia, reorganiza y aprueba la nueva legislación y tratados.

Los defensores del retiro señalan que se podrán establecer nuevas relaciones de libre comercio con aliados como Australia y Nueva Zelanda, Canadá, los países del BRIC, y en especial la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth) que con 53 naciones miembros es un bloque de 2.3 billones de personas.

Es de recordar que Noruega y Suiza (otra país insular pero en el centro de Europa), rechazaron antes en referendo hacer parte de la UE mientras que Islandia aplazó la presentación de su candidatura. Los tres países, basados en sus recursos y relativa autonomía, consideraron que es más valiosa su independencia y han preferido continuar su relación con la Unión Europea a través de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Esta organización intergubernamental fue creada en 1960 por iniciativa de Gran Bretaña para promover la cooperación económica y el libre comercio. Este tipo de tratados negociados es la solución que proponen los líderes del No, en respuesta a la actual relación con la UE. El gobierno afirma que la reorganización de toda la legislación económica de 40 años será un proceso muy complejo que causará inestabilidad financiera y al menos dos años de austeridad.

Como hecho curioso, la EFTA tiene sus sedes oficiales en Ginebra y Bruselas, y desde 1984 mantiene una estrecha cooperación con la UE y un espacio de libre comercio con ella. Hoy además tiene acuerdos de libre comercio con México, Jordania, Singapur, Chile, Líbano, Tunez, Korea, Suráfrica, Egipto, Canadá, el Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico y Colombia (desde 2005), entre otros. Esta es la idea que consideran los líderes del Brexit en caso de triunfar en el referendo del jueves.

Boris: el europeo antieuropeo

El trasfondo político interno, ocultado por los debates sobre migración, recuperación “del propio destino”, la llamada “dictadura de Bruselas” y la factura económica de la contribución británica a la UE, no se debe olvidar.

Es la batalla por poder entre Cameron y el estrambótico Boris Johnson, a quien conocí personalmente en Bruselas cuando fui corresponsal de El Espectador en los años 90. Ambos llegamos a la llamada “capital europea” en 1989 y vivimos los vibrantes años de la presidencia del francés Jacques Delors y las permanentes tensiones entre Margaret Thatcher y Francois Mitterand, en las que el canciller alemán Helmut Kohl era el conciliador.

Con Boris, corresponsal del Daily Telegraph (1989-94) compartimos jornadas de debates y Consejos Europeos, pero no orillas. En Bruselas, Boris, junto a John Palmer (corresponsal de The Guardian) fue abiertamente uno de los líderes del euro-escepticismo y de las críticas permanentes a Delors, a la Comisión y a las regulaciones de la UE. Margaret Thatcher lo consideró su periodista preferido porque expresaba esa posición en sus artículos. Yo en cambio creo en el proceso de integración.

25 años después, y luego de haber sido Alcalde de Londres por dos períodos (2008-2016), Boris vió su oportunidad, se distanció de su amigo y líder del partido conservador, David Cameron y con todo su poder mediático se lanzó a comandar el Brexit. Ha sido vital para propulsar la campaña y los analistas consideran que le ha dado al menos 10 puntos extra a la opción del No.

Boris, el segundo político en que más confían los británicos, ha conseguido el efecto de hacer ver a la UE como un monstruo enemigo de mil cabezas y movilizado en favor del Brexit la masa crítica conservadora, sectores empresariales y una buena parte de la generación mayor de 40 años, que constituye el 49% de la población. Los votantes de 18 a 40 constituyen menos del 30%.

Alianza de conveniencia

La clave del referendo la tienen hoy los jóvenes (mayoritariamente pro-europeos y abiertos al intercambio cultural), los empresarios que consideran benéfica la mano de obra europea, la banca y los mercados financieros, y el partido laborista en la oposición y minoritario tras la abrumadora victoria de David Cameron en las elecciones generales de mayo de 2015. Todos sus líderes, incluyendo a los exPrimeros ministros Tony Blair y Gordon Brown, hacen campaña por la continuidad en la Unión Europea. Es claro que Escocia y Gales, dos de las naciones británicas que se han favorecido con los apoyos y proyectos económicos de la UE, votarán por continuar, pero constituyen apenas el 13% de la población. Inglaterra es el 84%.

En Londres, la capital del reino y ejemplo de integración y multiculturalismo, se librará el martes 21 la última batalla antes de las urnas; el debate entre Boris Johnson y su sucesor Sadiq Khan, un abogado defensor de los derechos humanos, laborista, hijo de inmigrantes pakistaníes y desde el 7 de mayo el primer alcalde de origen musulmán de una capital europea. Khan aspira a movilizar masivamente a los laboristas, lo cual no ha conseguido el líder del partido Jeremy Corbyn que en el referendo de 1975 votó en contra de seguir en la Comunidad Europea y hoy defiende la permanencia.

Pero Boris el euro-escéptico, a pesar de haber estudiado en el Colegio Europeo de Bruselas y tener sangre turca entre sus ancestros, es el perfecto animal político, el “ léon dormido” que aspira a ser Primer Ministro. De ganar el No, será el nuevo líder de los conservadores y Cameron tendría que entregarle el poder tras la derrota.

La votación se cierra a las 10.00pm -10 minutos antes del atardecer- y a las 4.00am del viernes 24 de Junio (10.00pm del jueves, hora colombiana) al momento del amanecer, se tendrá claro el resultado del referendo. Será una de las noches de verano más cortas y cruciales en la historia británica. Cómo será el nuevo día?
 

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