Todos a la derecha

En lo más bajo de la popularidad del gobierno de François Hollande, los señalamientos a los extranjeros se convierten en el arma de campaña de todos los colores políticos.

Leonarda Dibrani (der.), camina con su familia por la ciudad de Mitrovica, en Kosovo. / AFP

Los dos son hijos de extranjeros refugiados y los separan tres décadas de haber llegado a Francia. Ella se llama Leonarda Dibrani y su padre llegó huyendo de la guerra de Kosovo. A principios de octubre, la policía la detuvo en un paseo del colegio para expulsarla hacia Kosovo, un país cuyo idioma no habla y en el que nunca ha vivido. Él se llama Manuel Valls, nació en Cataluña, en donde su padre luchaba contra el franquismo. A los 51 años, Valls, ministro del Interior de François Hollande, es la cara de derecha de un gobierno que cada vez se aleja más de los valores de la izquierda tradicional y a quien varios miembros de su partido comienzan a imaginar como un plan B en el caso de que Hollande decida no presentarse a una reelección que se anuncia difícil.

La expulsión de Leonarda debería haber sido una más de las cerca de 30.000 que cada año realizan las autoridades francesas, pero ocurrió en un contexto escolar y a pesar de las críticas continuas que el Partido Socialista hizo a estas prácticas cuando eran parte de la cotidianidad del gobierno Sarkozy.

Valls se limitó simplemente a señalar que se habían cumplido todos los procedimientos. Así sacó a relucir su carácter de “hombre fuerte” del gabinete de Hollande, que ha mostrado en particular hacia la comunidad gitana, a la cual pertenece Leonarda y de la que Valls afirmó que “su verdadera vocación es regresar a Rumania o Bulgaria”.

Sin embargo, la posición de Valls selló un enfrentamiento dentro de un Partido Socialista que mira a las elecciones municipales y europeas (en marzo y mayo de 2014, respectivamente) en medio del gobierno más impopular en la historia reciente de Francia. En este esquema, no es un secreto, las declaraciones recurrentes de Valls no sólo buscan conquistar un electorado centrista e incluso de derecha, sino evitar la pérdida de electores seducidos por el populismo de derechas de la UMP y el Frente Nacional. Como reacción al caso de Leonarda, las voces de protesta contra una estigmatización que “había ido demasiado lejos” se levantaron incluso en el Partido Socialista y, en particular, de parte del ministro de Educación y el secretario general de la colectividad. El pasado 19 de octubre, Hollande intentó evitar que las divisiones en el interior del socialismo se hicieran evidentes, lanzó una propuesta “mágica” que fue calificada de absurda, incluso por la prensa más complaciente: Leonarda podría regresar a Francia... pero sin sus padres.

La propuesta buscaba contentar a una izquierda humanista y a un electorado de derecha que quería autoritarismo. Ninguna de las dos cosas funcionó.

Más aún, aunque se sabía que el anuncio tendría efectos prácticos (como menor de edad, Leonarda no podía, y en todo caso no aceptaría, regresar sola), terminó por ofrecerles a las formaciones de derecha el pretexto para retomar a los extranjeros como caballo de batalla electoral.

Y la derecha lo necesitaba. Agotado el tema de la familia (la ley del matrimonio igualitario fue aprobada y el único alcalde que se negó a aplicarla enfrenta un proceso disciplinario) y pasado el momento del año en el que los contribuyentes franceses pagan los impuestos, los extranjeros volvieron a convertirse en el chivo expiatorio de los problemas económicos y sociales de Francia.

Más aún, el affaire Leonarda, la postura de Valls y la salida en falso de Hollande, inspiraron a Jean-François Copé, director de la UMP (el partido del expresidente Nicolás Sarkozy) a lanzar una petición en línea para exigir una reforma a la reglamentación sobre la inmigración en Francia. El punto principal de dicha reforma sería la supresión del “derecho de suelo”, una figura que permite a un hijo de extranjeros que ha vivido hasta la mayoría de edad en Francia obtener la ciudadanía francesa. Según la propuesta de Copé, un joven de 18 años podría quedar “sin papeles” y ser expulsado hacia el país de alguno de sus padres, aunque nunca haya vivido en él. El derecho de suelo ha existido en Francia, salvo por breves períodos, desde 1889, e incluso Sarkozy se negó a reformarlo porque era una parte fundamental de la República francesa.

Todos copian a Marine

Días después de anunciar que demandaría judicialmente a quien utilizara la expresión “de extrema derecha” para referirse al partido que preside, la presidenta del partido de extrema derecha Frente Nacional, Marine Le Pen, acusó a Copé de “robar sus ideas”. En efecto, la supresión del “derecho de suelo” ha sido un argumento de campaña del partido de la familia Le Pen desde la década de los ochenta. La eliminación de la atención de urgencias para los extranjeros indocumentados, una propuesta de Le Pen padre, ha comenzado a aparecer en los discursos de la formación presidida por Copé.

Aunque Marine Le Pen ha intentado “limpiar” la imagen del que es percibido como un partido xenofóbico y violento (su padre siempre ha justificado el uso de la tortura en Argelia y afirmó que las cámaras de gas fueron “sólo un detalle” de la Segunda Guerra Mundial), la ideología ultraderechista sigue presente entre los dirigentes y militantes del Frente Nacional. Hace una semanas Anne-Sophie Leclere, candidata del partido a las elecciones municipales en la ciudad de Rethel, se vio obligada a renunciar tras colgar en su perfil de Facebok una foto en la que comparaba a la ministra de Justicia francesa, la afrodescendiente Christine Taubira, con un chimpancé.

El ascenso del Frente Nacional, que logró ganar una elección cantonal el pasado mes eliminando en la primera vuelta al candidato de la izquierda, constituye la principal preocupación de los partidos tradicionales franceses a pocos meses de las elecciones del Parlamento Europeo, precisamente porque el antieuropeismo es otro de los ejes de campaña de dicha formación política. Si en un primer momento dicho partido propone endurecer las condiciones de residencia de los extranjeros en la Unión Europea, a largo plazo busca la eliminación del espacio Schengen y el regreso a las monedas nacionales con la consecuente desaparición del euro.

Sólo los ecologistas, el Partido Comunista y el líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Melenchon, han asumido con claridad una posición antixenofóbica a raíz de los sucesos de las últimas semanas.

Marine Le Pen, por su parte, parece tranquila, pues sabe que en últimas la “extremaderechización” de la derecha moderada y la derechización que Valls representa en la izquierda, paradójicamente el personaje que goza de mayor popularidad en el Gobierno, sólo pueden jugar a su favor. Si bien no ha llegado a admitir que los demás partidos le están haciendo un favor al repetir sus proposiciones xenófobas, no deja de repetir que a la hora de votar la gente preferirá la versión original de la línea dura que ella encarna como digna heredera de su padre.

[email protected]

@r_abdahllah

Temas relacionados

 

últimas noticias