Transición en Ucrania parece ser cada vez más compleja

Tras la caída del expresidente Víktor Yanukóvich, y su posterior orden de captura, aún se desconoce su paradero.

Un retrato de la líder opositora ucraniana Yulia Tymoshenko en la Plaza de la Independencia en el centro de Kiev, Ucrania. /EFE

La caída de Víktor Yanukóvich era un hecho poco previsto hace algunos años. Tan poco predecible era su retorno ya que después de la Revolución Naranja en 2004 se pensaba que Ucrania entraba definitivamente en el acercamiento irreversible hacia Europa Occidental.

La violencia de las últimas semanas hacía muy difícil el mantenimiento del líder del Partido de las Regiones, cercano ideológicamente a Moscú, pero que Rusia había dejado de considerar como útil. Su incapacidad para manejar la crisis le hizo perder todo el apoyo, incluso de su propio partido. Sin embargo, su desenlace y el establecimiento del gobierno interino de Alexándr Turchínov no es un antecedente promisorio para una estabilización, y mucho menos frente a la democratización en el corto plazo.

No cabe duda de que los reclamos iniciales de los manifestantes eran legítimos y mostraban el inconformismo con algunas decisiones de Yanukóvich, no sólo por el retraso en la firma del acuerdo de asociación con la Unión Europea, sino por algunos escándalos de corrupción como la privatización que le permitió tener una lujosa residencia a las afueras de Kiev, o la polémica reforma constitucional que fortalecía los poderes del ejecutivo. Aunque todo ello pudiera generar movilizaciones en una democracia, la injerencia indebida y comprobada de algunos gobiernos de Europa Occidental y de Estados Unidos agravó la crisis.

Tanto François Hollande, como Angela Merkel, han hecho público su apoyo a lo que han considerado como la transición democrática que Ucrania ha emprendido, al igual que altos funcionarios de la institucionalidad europea, como la Comisaria de Asuntos Exteriores, Catherine Asthon. Hasta ahora, se sabe muy poco del futuro de Ucrania así como del paradero del depuesto presidente. Algunos informes hablan de un intento de fuga hacia Rusia, pero que habría sido impedido por la policía de fronteras. Paralelamente, el líder opositor Vitali Klitshko pidió que su caso fuera llevado ante la Corte Penal Internacional por la represión contra los manifestantes, que habría sido ordenada por Yanukóvich.

Aunque las protestas en el Occidente del país contra el depuesto presidente siempre fueron dinámicas, en el Oriente, cercano a Rusia, no había tantas movilizaciones. Este hecho permite entrever una polarización mayor en el corto y mediano plazo. Si bien la tesis de un golpe de Estado no se puede comprobar, puesto que hubo una votación en el Parlamento y Yanukóvich habría huido, el inconformismo con un gobierno pro-occidental puede llevar a Ucrania a una mayor inestabilidad, e incluso a poner en riesgo su integridad territorial. En Crimea, en donde habita un número importante de binacionales (rusos y ucranianos), empieza a circular la idea de exigir una secesión, lo que sería catastrófico para el país. Los antecedentes en las regiones de Osetia y Abjasia en Georgia, y toda la desintegración violenta de los Balcanes Occidentales, muestran los riesgos de tal escenario.

Así pues, el futuro de Ucrania es incierto, y hablar de transición democrática es apresurado.


*Profesor U. del Rosario.