Tras el naufragio que costó la vida de 700 personas, flujo de inmigrantes no se detiene

Cerca de 545 inmigrantes llegaron en un solo día y fueron llevados a un centro de acogida. Las cifras indican que más de 1.750 personas han perdido la vida en el Mediterráneo en lo que va de 2015.

EFE

Italia está desbordada, la llegada continua de inmigrantes no termina. A pesar de las dramáticas cifras -1.700 muertos en lo que va del año- siguen arribando por miles. Solo el miércoles 22 de abril, según datos de la Guardia Costera italiana, los funcionarios rescataron a cerca de 1.200 personas, una cifra demasiado elevada teniendo en cuenta que hace apenas cuatro días que el mar se tragó a 700. Las autoridades informaron que 545 inmigrantes llegaron a Salerno, horas después de que otro barco desembarcara a 446 inmigrantes más en el puerto de Augusta en la isla de Sicilia. Al sur, en Lampedusa, llegaron 112 más que fueron rescatados cuando estaban a la deriva cerca de las costas de Trípoli. 

El buen tiempo que por estos días hace en la zona fomenta que miles de personas se suban a bordo de lanchas neumáticas o a las bodegas de destartalados barcos para alcanzar las costas italianas. Muchas lo hacen en embarcaciones precarias y se ven obligados a pedir ayuda en alta mar. Por ello, las naves de la Guardia Costera italiana, de la Marina Militar y de la Guardia de Finanza continúa supervisando el Mediterráneo, mientras las autoridades italianas investigan las causas del naufragio del pesquero con cerca de 700 inmigrantes en el Canal de Sicilia el pasado domingo.

Los sobrevivientes, según la Fiscalía, declararon que todos los que se encontraban en la cubierta inferior y en la bodega fueron encerrados con llave, por lo que no pudieron salir cuando la embarcación se hundió.

Además, cuatro de los supervivientes del naufragio del domingo en el Canal de Sicilia relataron este miércoles que el traficante que gobernaba el pesquero en el que viajaban "bebía vino, fumaba hachís" y abandonó el timón para confundirse entre los inmigrantes, según medios italianos.

Uno de estos rescatados, Nasir, de origen bengalí, que dice tener 17 años, ha sido trasladado con los otros tres adolescentes a un centro de acogida para menores, "La Madoninna", a las afueras de Catania, donde han contado lo que ocurrió aquella noche. Nasir explicó al "Corriere della Sera" que por casualidad no acabó en los niveles inferiores del pesquero, donde estaban hacinadas cientos de personas que habían pagado menos. Se quedó en la cubierta con otros treinta inmigrantes donde pudo ver cómo los dos presuntos traficantes que comandaban la nave bebían alcohol y fumaban hachís.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE celebrarán mañana en Bruselas un Consejo Europeo extraordinario en el que tratarán el problema de la inmigración y sus posibles soluciones. En esta reunión, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, propondrá que los procedimientos para la concesión de asilo sean gestionados en Europa, según dijo hoy en su comparecencia ante el Parlamento. En su discurso, Renzi reconoció que por primera vez no se ha dado la espalda a Italia, pero recordó que "hacen falta decisiones políticas en Europa" para afrontar la crisis en el Mediterráneo. Además, instó a pensar en África, concretamente en una estrategia no sólo inmediata sino también a largo plazo para el continente.

Un día en un asilo

 

La mayoría de inmigrantes que llega a Italia no piensa quedarse en ese país. Entre sus planes está migrar a Alemania o Francia, otros dos países. Muchos de los sobrevivientes de los naufragios son trasladados a centros de acogida para solicitantes de asilo en Sicilia, en donde los días se suceden iguales y monótonos a la espera de un visado para una nueva vida. Parece un barrio residencial suburbano, con sus casas alineadas a lo largo de calles idénticas, pero se encuentra entre campos de naranjos, rodeado de alambradas y soldados.

El centro de acogida para solicitantes de asilo (Cara por su acrónimo italiano) de Mineo, en el este de Sicilia, acoge a unos 3.200 inmigrantes. Según su director, Sebastiano Maccarrone, se quedan en promedio 13 meses, hasta que se decida sobre su situación: estatus de refugiado, permiso de estancia humanitaria o procedimiento de expulsión. La diversidad es extrema: 35 nacionalidades, principalmente de África, pero también de Bangladesh o Afganistán, que cohabitan gracias al esfuerzo de mediadores culturales y a un sistema de representantes electos por cada comunidad. Todos tienen en común su llegada en embarcaciones precarias y sobrecargadas, como la que naufragó el domingo.

Mamadou Dialo, un joven guineano, llegó hace cinco días tras una travesía con más de 100 personas en una lancha neumática, de la que guarda un recuerdo espantoso. "Sabía que era lejos, pero pensaba que sería un barco grande. No tenemos elección, no podemos dar marcha atrás", cuenta. El viaje duró cinco días, en los que estallaron broncas por los 5 kilos de dátiles que les dieron los traficantes como única comida, y por discrepancias sobre tradiciones religiosas.

“Lo que más problemas plantea son las desavenencias entre los pasajeros. Y cuando el gran barco (de los guardacostas) llega es sálvese quien pueda, todo el mundo quiere ser el primero en salvarse", explica el joven. "Ahora he descansado, quiero retomar mis estudios", asegura. Junto a él, un grupo de gambianos se ponen nerviosos. "Hace diez meses y 26 días que estoy aquí. No tenemos escuela, no tenemos documentación, nada. Y macarrones todos los días. ¡Es como una cárcel!", exclama uno de ellos.

Yaya, de 35 años, que dejó mujer e hijos en 2010 en Gambia para trabajar en Libia y acabó tres años en una cárcel de los rebeldes, abunda en lo mismo. Lleva aquí 14 meses y aunque el portal del campamento esté abierto todo el día, "14 meses sin poder trabajar, es difícil". En el interior del campamento, la inactividad hace mella entre los residentes, en su mayoría jóvenes que ya agotaron los terrenos deportivos, los paseos a pie o en bicicleta por el campo de los alrededores y las clases de italiano. "Se supone que iba a ser un centro de emergencia y se ha convertido en la normalidad", lamenta Maccarrone. 

Entre los Cara, los centros de organizaciones religiosas y los hoteles o residencias convertidos en instalaciones de acogida, Italia alberga a más de 80.000 personas en espera de una decisión, según estadísticas oficiales anteriores a la oleada de llegadas de abril. Muchos de sus compañeros de viaje siguieron la ruta hacia los países nórdicos pese a la reglamentación europea. Ellos, sin embargo, optaron por esperar a que Italia los acepte. "La vida aquí está bien, comemos tres veces al día, pero es duro. Esperamos, esperamos... En mi país no hay libertad, paz ni dinero. Quiero libertad, quiero una vida de verdad", resume Alí, un somalí de 23 años.

En lo que va corrido del año, 1.750 migrantes perdieron la vida en el Mediteráneo, 30 veces más que en el mismo periodo de 2014, señaló la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). Por su parte, el secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), Koji Sekimizu, informó que esto es apenas el comienzo, pues calculan que hasta 450.000 migrantes pueden tratar de cruzar el Mediterráneo este año y advirtió de que, si no se hace nada, podría haber hasta 10.000 muertos.

Sekimizu señaló que unos 170.000 inmigrantes intentaron atravesar el mar para entrar en Europa en 2014 y más de 3.000 perdieron la vida.

 

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