Trece años después

Los días en que las tropas internacionales guiaban a los oficiales afganos por los campos de amapolas y hachís son historia en el país cuna de los talibanes.

Ahora, las fuerzas afganas estarán encargadas de la seguridad del país. / AFP

Termina oficialmente la guerra en Afganistán, la “más larga en la historia de EE.UU.”, según dijo el presidente Barack Obama al rendir un homenaje “a los más de 2.200 patriotas estadounidenses fallecidos en 13 años de conflicto”. Pero el mandatario estadounidense sabe cómo deja el país. Según dijo, las tropas y el personal de inteligencia estadounidenses enviados a Afganistán “han sido implacables” contra los terroristas responsables de los atentados del 11 de septiembre de 2001, “devastando el núcleo del liderazgo de Al Qaeda”. No obstante, “Afganistán sigue siendo un lugar peligroso, y el pueblo afgano y las fuerzas de seguridad continúan haciendo enormes sacrificios en defensa de su país”, admitió.

Tres años después de comenzada la transición, finalmente se completó la retirada gradual de las tropas internacionales y la transferencia por fases de las competencias de la seguridad a los 350.000 efectivos del ejército y la policía afganos.

Afganistán atraviesa uno de los momentos más complicados desde la invasión de Estados Unidos y el final del régimen talibán, con un aumento en los últimos meses de los ataques insurgentes y el número de víctimas civiles. Según la ONU, las víctimas civiles aumentaron 19% en 2014, con 3.188 muertos hasta finales de noviembre. Asimismo, más de 4.600 miembros de la policía y del ejército afganos perdieron la vida en los 10 primeros meses de 2014, es decir, un balance de fallecidos mayor que el de la OTAN desde 2001.

Desde ese año, la comunidad internacional ha destinado miles de millones de dólares a Afganistán, pero su eficacia es relativa dada la corrupción en el país. En 2014, la elección presidencial, que debía ser el símbolo de la reconciliación, estuvo caracterizada por las acusaciones de fraude entre los dos candidatos en la segunda vuelta.

Finalmente, la comisión electoral otorgó la victoria a Ashraf Ghani sobre su rival, Abdulá Abdulá. Ambos hombres, que debían formar un gobierno de “unidad nacional”, todavía no se han puesto de acuerdo para nombrar a los ministros, tres meses después de la investidura del presidente. Por su parte, los talibanes esperan aprovechar este vacío político para mantenerse en una posición de fuerza en caso de eventuales negociaciones con el nuevo gobierno.

Los ataques de los talibanes estas últimas semanas a Kabul tuvieron como blanco las residencias de los extranjeros, los convoyes diplomáticos, los autobuses y el ejército afgano, así como el centro cultural francés. El expresidente afgano Hamid Karzai (2001-2014) entabló negociaciones preliminares con los talibanes, que fracasaron el año pasado. Antes de finales de 2015, las tropas estadounidenses se reducirán a la mitad en Afganistán. Y a finales de 2016 sólo se mantendrá un contingente residual para proteger la embajada en Kabul. Estados Unidos continuará brindando apoyo aéreo a los afganos y podría intervenir directamente en caso de un avance de los talibanes.

El final oficial de la misión de combate de la ISAF será el 31 de diciembre a medianoche y la misión Apoyo Resuelto comenzará el 1º de enero de 2015. Esa misión de la OTAN y el Acuerdo de Seguridad firmado entre Afganistán y Estados Unidos establecen la presencia de 10.800 soldados estadounidenses y entre 3.000 y 4.000 militares de la alianza atlántica frente al máximo de 140.000 efectivos de las tropas extranjeras que había en 2011.

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