Tristeza en la Maratón de Boston

Éramos 47 colombianos en la Maratón. Yo soy fanático y era la novena Maratón de Boston a la que asistía.

Mario Mesa tomos fotos de las explosiones desde las gradas de prensa de la Maratón.
Mario Mesa tomos fotos de las explosiones desde las gradas de prensa de la Maratón.www.correrbien.com

Hice el recorrido en tres horas 27 minutos y pasé la meta, caminé dos cuadras, recibí una medalla, una capa térmica para protegerme del frío, una bebida. Luego caminé otras dos cuadras hasta un bus, donde había dejado mis pertenencias. Esta carrera es como ir de Bogotá a Zipaquirá, es una distancia parecida. Sólo las tres últimas millas son en Boston.

Estaba acreditado con una escarapela de prensa porque yo reporto en la página www.correrbien.com las incidencias de la carrera y me fui en contravía, tomando fotos a la gente que iba con medallas y capas. Algunos ya habían pasado la meta. Me hice debajo de la línea final, dí la vuelta y me subí a las gradas VIP (las más cercanas a la meta) y me paré en una silla. Ahí empecé a tomar fotos de la gente y eso era muy emotivo. Sólo faltaban 10 minutos para las 3 de la tarde cuando sonó la primera explosión. A lo lejos por Boston Street empecé a ver que todo era un caos. El primer bombazo ocurrió a 50 metros de donde yo estaba.

En un primer momento no sabía si era parte del show, juegos pirotécnicos o tiros de salva... Unos minutos después el caos fue total. Muchos comenzaron a pedir auxilio y a correr entre la gente. La carpa de primeros auxilios, donde estaban todos los médicos —porque hay un protocolo muy fuerte en todas las carreras—, comenzó a atender la emergencia. Los paramédicos empezaron a ver qué pasaba.

Diez segundos después sonó otro bombazo, esta vez como a 400 metros de la meta. Yo estaba en la acera del otro lado. Se veía el hongo saliendo y me quedé ahí tomando fotos mientras todo el mundo corría. Unos instantes después vino la policía, me dijo que tenía que evacuar y me tocó salir hacia mi hotel. Me quedé un rato en la zona de prensa y vi la escena más terrible de todas: un señor con las piernas amputadas. Algo que aún me tiene muy conmovido.

Los paramédicos ordenaron entonces despejar el área. Me fui hacia el Hotel Copley, a una cuadra detrás de la biblioteca. Ahí pasé las siguientes dos horas. Nos dejaron encerrados en el hotel, debido a los rumores de otra bomba que encontraron cerca de la biblioteca. Luego llamé a mis amigos y a mi familia.

La gente no sabía qué había pasado, primero hablaban de ataques terroristas y luego Obama dijo que estaban estudiando lo sucedido. Fue un momento bien difícil.

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