¿Trump, que hizo su fortuna a través de su emporio económico, se convertirá en el verdugo de las empresas?

Ford canceló la creación de una fábrica en México y anunció que invertirá US$700 millones en Estados Unidos y que creará más de 700 puestos. El presidente electo parece dispuesto a lo que sea por cumplir su promesa de campaña más visible: crear 25 millones de trabajos.

Línea de producción del Ford Focus en la planta de Wayne, Michigan.AFP

Este martes, el presidente electo Donald Trump hizo una carambola: le advirtió a General Motors que debía producir sus autos en Estados Unidos si no quería pagar un impuesto excesivo por las importaciones desde México, donde tiene algunas fábricas, y el primero que reaccionó fue Ford. La empresa automotriz, con base en Michigan, canceló la creación de una planta en San Luis Potosí (México) que costaría US$1.600 millones y en cambio prometió la creación de 700 trabajos en Estados Unidos y una inversión cercana a los US$700 millones. Según sus representantes, la empresa “no hizo un trato con Trump”, pero su decisión sí tiene que ver con la llegada, el 20 de enero, de su administración al gobierno. “Es literalmente un voto de confianza en algunas de las políticas que (Trump) ha estado diseñando y es la razón por la que tomamos esta decisión de invertir aquí, en Estados Unidos, y en nuestra planta en Michigan”, dijo Mark Fields, director ejecutivo de Ford.

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Desde el año pasado, Trump había criticado a Ford por la apertura de la planta. Aunque la empresa se mantuvo mesurada ante las críticas, aseguró que no había vuelta atrás. Trump, sin embargo, comenzó a ser más específico: a través de su cuenta de Twitter, que se ha convertido en su tribuna pública incluso como presidente electo, dijo que les impondría un impuesto cercano al 45% a las importaciones que dichas empresas hacen desde México. En octubre, según cifras recogidas por el Wall Street Journal, el 19% de la producción de General Motors provino de sus fábricas en México; en ese mismo período, Ford produjo 13% de sus autos en México. Esta última empresa ya había desestimado el traslado de una parte de la producción de una fábrica en Louisville, Kentucky, hacia México. Por ese entonces, Trump aseguró: “Recibí una llamada de mi amigo Bill Ford, director de Ford, que me contó que su planta se quedará en Kentucky y no se irá para México”.  En otro tuit agregó: “Trabajé duro con Bill Ford para mantener la planta en Kentucky. Se lo debo a todo ese estado por haber creído en mí”. Trump buscaba a toda costa su crédito en la estrategia de Ford, puesto que durante su campaña prometió la creación de más de 25 millones de empleos en todo el país y criticó de manera constante los tratados de libre comercio que Estados Unidos tiene con Canadá y México y que han llevado, según él, a la caída en desgracia de la industria nacional.

Cuando conservó la producción en Kentucky, Ford aseguró, como en esta ocasión, que estaba “animada por las política económicas que (Trump) perseguirá para ayudar a mejorar la competitividad de Estados Unidos”. En esta ocasión, la apuesta es mayor: los US$700 millones serán invertidos en la ampliación de la planta Flat Rock en Michigan, donde se producirán automóviles eléctricos y sin conductor. Fields aseguró que ven “un ambiente más positivo a la manufactura bajo el presidente electo Donald Trump”.

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La reacción de Ford ante las advertencias a General Motors, su principal competidor, resultan entonces estratégicas en un momento en que Trump insiste en cerrar los espacios para que las empresas nacionales creen que más puestos de trabajo en el exterior que en el interior del país. Compañías de tecnología como Apple tienen sus sedes de producción en Asia.

El campo automotriz, uno de los más reconocidos en el país y el que más sufrió tras la crisis económicas de 2008, se ha convertido en el blanco central para Trump. Hasta ahora, su única estrategia para detener el vuelo de esas empresas hacia el exterior consiste en ponerles un pretendido impuesto a sus importaciones. Sin embargo, como lo aclaró General Motors en un breve anuncio, muchas de las plantas que se encuentran en México son utilizadas para producir autos que luego son enviados a otros mercados distintos del estadounidense, que suele abastecerse de las plantas que ya están dentro del país. En ese sentido, un arancel mayor no tendría ningún efecto práctico. Según fuentes cercanas al equipo de transición de Trump, otra de las estrategias sería reducir los impuestos a las empresas que decidan invertir más en Estados Unidos: es decir, darles un incentivo arancelario para que creen trabajos dentro del país y no fuera de él. Así, Trump no sólo se ganaría el apoyo popular sino también una necesaria amistad con la industria nacional.

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Lo necesita y lo ha buscado con ansias. En diciembre pasado, Trump tomó crédito por la creación de 8.000 puestos de trabajo que prometieron las empresas Sprint y OneWeb. Ambas empresas han buscado desde el año pasado una mayor inversión en Estados Unidos y ya en octubre —antes de las elecciones— habían anunciado que ampliarían su fuerza de trabajo en ese país. En total, según Softbank —la empresa dueña de Sprint—, se crearán 50.000 nuevas plazas, entre puestos nuevos y emplazamientos que serán devueltos al país. “Por mí, están creando más de 5.000 trabajos en este país”, dijo Trump. Sin embargo, según el sitio Politico, la reunión entre los dirigentes de Softbank y Trump es un asunto de mera diplomacia, puesto que las inversiones buscaban hacer sin importar quién fuera el presidente. Trump, entre tanto, presiona a México: no sólo quiere a las industrias de vuelta en el país, sino que asegura que los mexicanos pagarán por el muro a través de las encomiendas que envían sus familiares migrantes desde Estados Unidos.