Trump y su gabinete de extremistas

El electo presidente de los Estados Unidos ha generado controversia con sus candidatos para fiscal general y director de la CIA y por su asesor de seguridad nacional.

El representante Mike Pompeo, el general (r) Michael Flynn y el senador Jeff Sessions. / AFP

Quienes creían que Donald Trump iba a moderarse tras su elección como presidente de los Estados Unidos, ya se dieron cuenta de que estaban equivocados. Primero fue el nombramiento de un radical como Stephen Bannon. El exdirector de Breitbart, un portal de ultraderecha misógino, homofóbico y racista, fue designado asesor jefe. Un nombramiento calificado como “excelente” por David Duke, exjefe del Ku Klux Klan.

Y ahora el presidente electo vuelve y genera controversia al anunciar sus candidatos a fiscal general y director de la CIA y por quien va a ser su asesor de seguridad nacional. Se trata del senador Jeff Sessions, del representante Mike Pompeo y del general retirado Michael Flynn. Tres cuestionados escuderos de Donald Trump, cuyo nombramiento depende, en el caso de Sessions y Pompeo, del Senado, que se encuentra actualmente en poder del Partido Republicano.

Sessions fue durante doce años fiscal del Distrito Sur de Alabama y luego, entre 1994 y 1996, fiscal de ese mismo Estado. En 1996 dio el salto al Senado, en el que lleva 20 años. Pero Sessions no ha estado exento de acusaciones. En 1986 fue postulado por el entonces presidente, Ronald Reagan, para el cargo de juez del Distrito Sur de Alabama. Pero el Senado, en ese entonces republicano, le dijo que no debido a acusaciones de racismo en su contra.

Algunos colegas aseguraron que Sessions había hecho comentarios racistas, como decir que para él el Ku Klux Klan “estaba bien”, con tal de que no viera a sus integrantes “fumando marihuana”, o calificar de “una vergüenza para su raza” a un fiscal blanco que estaba a favor de los derechos de los afroamericanos. Sessions dijo que eso era “en chiste” y que a veces “se le iba la lengua”. Fue la segunda persona, en 50 años, en ser rechazada por el Senado.

Paradójicamente, al llegar al Senado, Sessions se unió al mismo comité que diez años antes lo había rechazado. Ha sido uno de los mayores opositores del presidente saliente, Barack Obama, y como senador se ha opuesto a todas y cada una de las medidas que este ha propuesto, al igual que a sus candidatos a la Corte Suprema de Justicia. Por ejemplo: se ha opuesto, a capa y espada a la reforma migratoria presentada por Obama.

Mike Pompeo, por su parte, ha sido uno de los mayores opositores al acuerdo nuclear con Irán y, en cambio, se ha mostrado partidario del cuestionado sistema de recolección de datos de la Agencia Nacional de Seguridad. Durante años se ha mostrado indiferente, por no decir otra cosa, respecto a las acusaciones de tortura por parte de uniformados estadounidenses y, por ello, se ha opuesto al cierre de la cárcel de Guantánamo.

Integrante del ultraconservador Tea Party, Pompeo fue uno de los senadores que investigó a Hillary Clinton por la muerte del embajador norteamericano en Libia, Christopher Stevens, en 2012. Pompeo ha sido, a su vez, miembro de toda la vida de la Asociación Nacional del Rifle, opositor al aborto, excepto si la vida de la madre está en riesgo y, como el presidente electo, un negacionista del cambio climático y opositor a las energías limpias.

El elegido por Trump para asesor de seguridad nacional, el general (r) Michael Flynn, ha sido acusado como islamófobo por decir cosas como que el Islam es un cáncer. Esto hizo que el Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses emitiera una declaración en la que le pedía a Trump reemplazar a Flynn con “otro candidato que no tenga unas opiniones tan intolerantes” . Pero, seguramente Trump no va a retirar su candidatura.

De la misma forma, Flynn ha sido acusado por la ONG Human Rights Watch, como alguien que desprecia enormemente “la Convención de Ginebra y otras leyes que prohiben la tortura. Al ofrecer este cargo a Flynn, Donald Trump está debilitando el compromiso de los Estados Unidos con las leyes internacionales”. Igualmente, es visto con recelo en Washington por sus nexos con el gobierno de Vladimir Putin.

Durante el gobierno de Barack Obama, Flynn fue director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, una entidad dedicada al espionaje extranjero, pero fue retirado del cargo a los dos años de haber asumido, al parecer, por sus cuestionamientos al presidente Obama. Tras su salida se convirtió en un férreo opositor del presidente demócrata y, desde el año pasado, en asesor del hoy presidente electo en materia de seguridad.

Trump no se ha posesionado y sus anuncios ya generan preocupación. La ilusión de que iba a ser más moderado como presidente que como candidato, se acabó.

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