Ucrania, al borde de la desintegración

El país difícilmente se repondrá de un trauma que dejan semanas de violencia que la han acercado como nunca a una guerra civil. Mientras ello sucede, Occidente aún no sabe cómo reaccionar y se limita a imponer sanciones inofensivas sobre Rusia.

Manifestantes bloquean el avance de tropas de Ucrania en la ciudad de Kramatorsk, en el este del país. /AFP

La serie de revueltas, provocadas por la negativa del expresidente Víctor Yanukóvich para firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea, no pudo haber tenido un peor desenlace, como el que hoy presencia una Ucrania al borde de la desintegración.

Un hecho que muy pocos hubieran podido vaticinar hace diez años, cuando en Europa Central tenían lugar las revoluciones de colores en Georgia, Ucrania y Kirguistán.

Lo cierto es que en la actualidad, Europa pasa por uno de los momentos más difíciles desde el fin de la Guerra Fría. Por el contrario, Rusia poco a poco va recuperando un lugar en la agenda internacional, muy a pesar de las amenazas de algunos europeos y de Estados Unidos, que disponen de un margen de maniobra limitado para actuar en la crisis ucraniana.

A la anexión de Crimea semanas atrás, se suma ahora el este de Ucrania que no reconoce la autoridad del presidente Alexánder Tourtchinov. En ciudades como Donetsk, Gorlivka, Sloviansk, Kramatorsk, Enakiyeve y Marioupol, el avance de milicias simpatizantes con Moscú es cada vez mayor.
El presidente Tourtchinov cometió un grave error al hablar de una “operación antiterrorista” en el este del país, que probablemente exacerbará aún más los ánimos en una región que siempre vio con preocupación el impacto de la caída de Yanukóvich, por el desequilibrio que ese hecho podía representar en Ucrania.

Entretanto, y para proyectar la imagen de no abandonar al recién conformado gobierno ucraniano, Estados Unidos y la UE han anunciado nuevas sanciones. Thomas Shannon, del Departamento de Estado, afirmó que era evidente que Rusia estaba detrás de las revueltas al este de Ucrania. Fundada o no la acusación, Estados Unidos y Europa ignoran que el balance en el llamado Viejo Continente fue alterado con las ampliaciones de la OTAN en 1999 y de la UE en 2004.

Previamente, Europa se había involucrado de manera definitiva en la liberación de estas naciones del entonces yugo soviético. Aunque no se puedan comparar los regímenes prosoviéticos de Europa Central y Oriental con el gobierno de Tourtchinov por obvias razones, lo cierto es que la injerencia constante de Occidente en la situación ucraniana afectó un equilibrio Oeste-Este que había permitido el funcionamiento de esta joven república. Es más, la intervención de Washington, Berlín y Londres ha sido más patente que la de aquella de Moscú.

Para aliviar la inquietante situación, el presidente Tourtchinov ha contemplado la posibilidad de una consulta popular para definir el futuro de Ucrania (los separatistas prorrusos del este habían exigido una consulta para el 11 de ese mes), así como la convocatoria de elecciones presidenciales para el 25 de mayo.
Ucrania difícilmente se repondrá de un trauma que dejan semanas de violencia que la han acercado como nunca a una guerra civil. Los primeros choques armados entre las fuerzas ucranianas y los activistas se produjeron el martes junto a Kramatorsk, en su aeródromo. En una docena de ciudades de Donetsk, los activistas federalistas y separatistas se tomaron varios edificios públicos, pero una parte de la población teme el rumbo que toman los acontecimientos, que marcarán las conversaciones de hoy en la conferencia que se celebra en Ginebra con representantes de Rusia, EE.UU., la UE y Ucrania.

Es lamentable que mientras ello sucede, Occidente aún no sepa cómo reaccionar y se limite a imponer sanciones inofensivas sobre Rusia. La pregunta que surge en medio de semejante torpeza es: ¿Cómo reaccionarán Estados Unidos y Europa en caso de que, en comicios organizados por Kiev, el este ucraniano tome una decisión en contravía de sus intereses?

 


* Profesor Universidad del Rosario.