Ucrania, a la deriva

El ejército ucraniano intenta con dificultad bloquear a los militantes prorrusos en Donetsk y Lugansk, dos ciudades rebeldes.

Separatistas prorrusos, animados por habitantes de Lugansk, piden un referendo para anexarse a Rusia. / AFP

Los independentistas prorrusos se tomaron más de una docena de edificios oficiales en el Este de Ucrania. Afirman que se alzan contra el gobierno de Kiev, al que consideran ilegítimo. Desde la capital les contestan que son “instrumentos” controlados por el gobierno ruso y que sólo quieren desestabilizar al país, por lo que se lanzó una campaña antiterrorista para retomar el control. Con relativo éxito.

Aunque hace unos días se daba un parte de victoria, lo cierto es que el avance de los prorrusos es innegable. El último edificio oficial en caer en manos de los manifestantes fue la televisión regional en Donetsk. Armados con bates de béisbol, cientos de hombres con uniforme militar entraron al edificio. Cerca de 15 policías observaban la escena a una distancia prudente, pero sin acercarse al lugar. Es la primera vez que los separatistas se toman la televisión. Llegaron respaldados por cerca de 500 civiles que rodearon el inmueble con gritos de “Rusia” y “referendo”. Los manifestantes izaron la bandera de la autoproclamada “República Popular de Donetsk”.

No es la única ciudad rebelde que se aleja del control de Kiev. En Lugansk, los separatistas, que ocupan la sede de los servicios de seguridad (SBU), nombraron a un “gobernador popular” y decretaron la organización de un referéndum el 11 de mayo para determinar si la región debe seguir formando parte de Ucrania o proclamar su independencia, antes de pedir una eventual incorporación a Rusia.

La decisión recuerda la organización de la misma votación en Crimea el 16 de mayo, que desembocó en su adhesión a Rusia. Aunque la organización de un referendo sería más complicada en el Este de Ucrania, en donde el dominio de los separatistas se limita a algunos edificios públicos.

Moscú propone instaurar un modelo federalista en Ucrania, que otorgue más autonomía a las regiones rusohablantes del este, mientras Kiev propone una “descentralización” y un estatuto especial para la lengua rusa.

La tensión ha crecido aún más luego de la detención de los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), retenidos en el Este por insurgentes prorrusos en Slaviansk. Ante la compleja situación, el presidente Obama advirtió sobre nuevas sanciones contra las “provocaciones” de Moscú en Ucrania, algo que “poco y nada servirá”, según analistas.

Ruth Deyermond explicó en The Guardian que a Rusia tampoco le conviene una escalada de la crisis, pues lo que se está jugando es “la protección de sus intereses de seguridad regional y cuidar su estatus de gran potencia”.