Un año sin Néstor Kirchner

Al terminar su gobierno en 2015, Cristina Fernández de Kirchner dejará un legado de 12 años de continuidad del modelo que impulsara su esposo.

Son días importantes para Argentina. Tras el triunfo contundente de Cristina Fernández en las urnas, el pasado domingo, las aguas parecen calmarse y crece la expectativa por la forma en que continuará su gobierno.

Y es que a partir de diciembre comenzará un nuevo periodo presidencial de importante trascendencia para la democracia del Cono Sur. En parte, porque la aleja cada vez más de esa pesada sombra que dejó la última dictadura de finales de los setenta. También, porque por primera vez en la región una mujer es reelegida como mandataria de un país. Y, sobre todo, porque en 2015, al terminar su mandato, Cristina Fernández culminará el periodo más largo (12 años) en el que un mismo modelo gobierne a los argentinos. Incluso un par de años más que el peronismo o el menemismo de los noventa.

Así, el tercer periodo del modelo kirchnerista marca definitivamente el fin de la “transición democrática”, iniciada con la presidencia de Raúl Alfonsín en 1983, y se convierte en un nuevo paradigma político en la región. Un modelo que, como lo señala la propia presidenta, no se basa en una sola persona, sino en una forma de hacer las cosas. Un modelo que, en últimas, pese a lo bueno, pese a lo malo, ha fortalecido la continuidad institucional en un país en el que los gobiernos militares y de facto fueron costumbre durante el siglo XX.

El alto volumen de votos obtenido por Fernández fue, sobre todo, un apoyo a la forma de hacer las cosas que instaurara su esposo en 2003. Como lo explica la intelectual argentina Beatriz Sarlo, un modelo centralizado en un país federal, donde todas las decisiones de peso, políticas y económicas, tenían que pasar por su visto bueno.

Era él quien tomaba la decisión final. Incluso, ya con Cristina en el poder, se decía que quien tomaba las decisiones importantes seguía siendo él. Se convirtió en una especie de poder detrás del trono, figura que no pretendía desmentir.

En los ocho años que lleva el kirchnerismo en el poder, hay aspectos que resaltan, reconoce Sarlo. Las políticas sobre derechos humanos, por ejemplo, fueron significativas para Kirchner, como lo siguen siendo para su esposa. Así mismo, las de subsidio a la pobreza, implementadas después de la crisis económica del 2001.

Sin embargo, con el correr del tiempo, el modelo se fue desgastando y cada vez parecían ser más los sectores que se subían al bus de la oposición: los industriales, el campo, los medios de comunicación.

Hasta hace poco más de un año, y tras la derrota electoral que sufriera Néstor Kirchner en 2009 frente al colombiano Francisco de Narváez —cuando aspiraba al puesto de diputado por la provincia de Buenos Aires— se hablaba, incluso, del “fin del kirchnerismo”. Se debatía entonces si el candidato a presidente debía ser él o ella, cuando un infarto terminó con la vida de Néstor y cambió para siempre los planes políticos de su sucesora natural.

Cristina Fernández, luto impuesto, logró capitalizar la empatía natural que generó esa viudez y que hizo repuntar su popularidad, y logró adherir, de la mano de su hijo, una masa de jóvenes militantes, otrora ajenos a todo lo que oliera a política.

Según el sociólogo Marcos Novaro, al morir Kirchner “Cristina logró convertirse en la líder autónoma que nunca fue; hizo una corrección implícita de las cosas que le criticaban al líder ausente y con ello pasó a ocupar un lugar central en la crisis de liderazgo que hay en el país”.

Pero, además, la presidenta fue hábil en el manejo de la imagen de su difunto esposo. No hubo discurso en que no lo mencionara. Él, “el que cambió el rumbo del país”; él, “el que le dejó tanto a la Argentina”. Su fantasma estuvo presente en toda la campaña electoral. Ayer todavía era posible ver en algunas calles de Buenos Aires un cartel con la imagen del expresidente y la leyenda: “Algún día los hijos de tus hijos preguntarán por él”.

Hoy, la popular Cristina se encarga (y se encargará) de elevar aún más la figura de su marido. Gobernará sola, pero siempre con su imagen a sus espaldas. Mañana se cumplirá un año de su fallecimiento y en la Argentina actual será difícil olvidar su nombre. Hospitales, comedores universitarios, avenidas, terminales de ómnibus, aeropuertos, esquinas porteñas, casas de cultura, barrios de viviendas, túneles, autopistas, becas de posgrado, torneos de fútbol, maratones, plazas, escuelas, centros de investigación genética llevan su nombre. Recién comienza la creación de su mito.


Recordando a Kirchner

Cristina Fernández fue la primera en rendirle homenaje al expresidente. Le dedicó su victoria electoral en las elecciones del domingo. El turno de mañana será para los peronistas y otros kirchneristas, quienes convocaron varios eventos. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, invitó a una charla a las tres de la tarde sobre Néstor Kirchner: “Haremos un programa de radio para hablar sobre el expresidente que cumple un año de partir, sin avisarnos, dejándonos enseñanzas políticas increíbles”. En su ciudad natal, Río Gallegos, se inaugurará un gran mausoleo para guardar sus restos. Al acto asistirá la presidenta, acompañada de sus hijos y sus más cercanos colaboradores. Será una ceremonia de estricta intimidad familiar y estará vedado el acceso al público.

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