Un ataque anunciado

La organización extremista sunita tiene claros objetivos: construir y gobernar un califato y un Estado islámico religioso, que abarque las regiones de Irak y Siria dominadas por los sunitas.

Familiares lloran a un soldado iraquí asesinado por combatientes del EIIL. / EFE

Cuando extremistas islámicos arrasaron Mosul, la semana pasada, robando cientos de millones de dólares de los bancos, abriendo las puertas de las cárceles y quemando vehículos del ejército, algunos habitantes los recibieron como si fueran libertarios y lanzaron piedras contra los soldados iraquíes en retirada. Sin embargo, solo se requirieron dos días para que los combatientes del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) emitieran edictos en los que exponían los duros términos de la ley islámica bajo la cual gobernarían, además de ejecutar a algunos oficiales de policía y empleados públicos.

Con solo unos cuantos miles de combatientes, la acción relámpago de la organización para entrar en Mosul y más en el sur pareció agarrar por sorpresa a muchos funcionarios iraquíes y estadounidenses. Sin embargo, los logros fueron, de hecho, la concreción de una estrategia de construcción del Estado, planeada durante un año, que la propia organización promovió públicamente.

“Lo que vemos en Irak hoy es, de muchas formas, la culminación de lo que el EIIL ha estado tratando de lograr desde su fundación en 2006”, señaló Brian Fishman, un investigador en contra del terrorismo en la Fundación Nuevo Estados Unidos, refiriéndose a Estado Islámico de Irak, antecesora de Estado Islámico de Irak y Levante. La organización extremista sunita ha establecido los objetivos claros de construir y gobernar un califato, un Estado islámico religioso, que abarque las regiones de Irak y Siria dominadas por los sunitas. Ha publicado muchísimos documentos, incluso informes anuales, para registrar sus avances en el logro de sus objetivos.

Bajo el liderazgo de Abu Bakr al Bagdadi, quien alguna vez estuvo en un centro de detención estadounidense, la organización ha demostrado ser implacablemente violenta y purista en la búsqueda de sus objetivos religiosos, pero fríamente pragmática al forjar alianzas, así como en ganar y ceder territorio. Al hablar de su estrategia, Fishman describió a la organización extremista como “una amiba gubernamental, que cambia constantemente su zona de control en las extensiones occidentales de Irak”, conforme se vuelven a desplegar sus fuerzas.

En 2007, la organización publicó un panfleto en el que expone la visión que tiene de Irak y menciona las tendencias en la globalización, así como al Corán, y cuestiona las nociones modernas de categoría de Estado en cuanto al control absoluto del territorio. Fishman se refirió al texto como “Los documentos federalistas”, para lo que hoy es Estado Islámico de Irak y Levante.

Según esta concepción, la religión es primordial en la administración de los servicios. Al referirse a los ciudadanos bajo su control, se establece en el panfleto: “mejorar sus condiciones es menos importante que la condición de su religión”. Y uno de los deberes más importantes de la organización, de acuerdo con el panfleto, es algo que ha hecho en forma sistemática: liberar a los sunitas de las cárceles. “Cuando vuelves a leerlo, todo está allí”, notó Fishman. “Finalmente se están organizando”.

Informes anuales más recientes, incluido uno dado a conocer a finales de marzo con más de 400 páginas, enlistan al máximo detalle sus logros mediante ataques suicidas, bombazos con coches y asesinatos, en el campo de batalla. El informe anual reciente de la organización, escribió Alex Bilger, una analista en el Instituto para el Estudio de la Guerra, deja claro que “el comando militar de EIIL en Irak ha ejercido el mando y el control de un teatro nacional desde al menos principios de 2012” y que la organización —también conocida como Estado Islámico de Irak y Siria— “funciona como una red militar más que como una terrorista”.

Si bien la organización comenzó combatiendo a los estadounidenses en Irak, funcionarios de Estados Unidos pasaron por alto —o minimizaron— en gran medida sus éxitos después del final de la ocupación. A mediados de 2012, conforme se fortalecía la organización y datos de Naciones Unidas mostraban el aumento en las bajas civiles en Irak, Antony J. Blinken, asesor en seguridad nacional del vicepresidente Joe Biden, dijo que la violencia estaba “en históricos niveles bajos”.

Ello se debe, en parte, a que las perspectivas parecían inicialmente limitadas a finales de la ocupación estadounidense. Durante la guerra sectaria que comenzó en 2006, los yihadistas sunitas contrariaron a la población con su brutalidad y sus intentos por imponer la ley islámica y sufrieron derrotas a manos de combatientes tribales que se integraron a la campaña contrainsurgente de Estados Unidos, obligándolos a retirarse de las zonas occidentales de Irak, cerca de Mosul.

Sin embargo, al estallar la guerra civil al otro lado de la frontera, en Siria, hace tres años, la organización vio nuevas oportunidades de crecimiento. Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) “invadió Siria desde Mosul mucho antes de invadir a Mosul desde Siria”, dijo Fishman.

La organización obtuvo fortaleza en Siria, aplicando el enfoque dual de lanzar ataques estratégicos para capturar recursos, como alijos de armas, pozos petroleros y graneros, y evitar las batallas prolongadas con fuerzas gubernamentales que han destruido lentamente a otros rebeldes en Siria. En Irak, la resistencia del gobierno se derrumbó en muchas zonas a las que tomó por la fuerza la organización.

Con todo lo asombroso que fue el ataque sobre Mosul, la organización había estado consolidando su control sobre Raqa, en Siria, durante más de un año, y en Faluya, en el occidente de Irak, en los últimos seis meses. Un alto funcionario de inteligencia militar, el teniente general Michael T. Flynn, dijo que la organización “probablemente intente tomar territorios en Irak y Siria para exhibir su fuerza en 2014”.

Ahora que el centro de atención cambió a Irak, la decisión del gobierno de Obama de no armar a los rebeldes sirios moderados al comienzo está bajo la mirada de los críticos que dicen que la política de no meterse permitió que prosperaran los extremistas.

El ascenso de la organización está directamente relacionado con el legado estadounidense en Irak. Las prisiones estadounidenses fueron terreno fértil de reclutamiento para los dirigentes yihadistas, así como universidades virtuales donde ellos adoctrinaban a sus reclutas con ideologías de línea dura. El dirigente de la organización, Al Bagdadi, de quien se cree que obtuvo un doctorado en estudios islámicos en una universidad en Bagdad, se mudó a Siria.

Quizá el mejor indicio de cómo se percibe a sí misma la organización hoy día sea un reciente video promocional, titulado “Repiqueteo de los sables”. El video, de una hora de duración y hábilmente producido, es una pieza de propaganda hiperviolenta en la que se idolatra a sus combatientes porque trabajan para el logro de sus dos objetivos principales: la fundación de un Estado islámico y masacrar a sus enemigos, en su mayor parte a las fuerzas iraquíes de seguridad y a los chiitas.

 

NEW YORK TIMES NEWS SERVICE IRBIL (IRAK) *