¿Un bloque de búsqueda filipino?

El general Ronald dela Rosa ha dicho que quiere seguir el ejemplo colombiano en su lucha contra los narcotraficantes.

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha dicho que “sería feliz” si pudiera masacrar a los 3 millones de consumidores de drogas que, según él, hay en Filipinas. Y no miente. De acuerdo con un informe de la Policía de ese país, entre el 1º de julio y el 18 de septiembre de este año, 1.140 personas han muerto a manos de la Policía (en otros 1.391 casos no se pudo identificar el agresor) y 17.428 personas han sido arrestadas.

Y, lo que es peor, la Fuerza Pública ha vuelto costumbre los allanamientos sin orden judicial: 1’041.429 casas han sido “visitadas” y unas 714.803 personas se han visto obligadas a “rendirse” y, por cuenta de la presión, decir que son consumidores o vendedores de estupefacientes. De ellas, 661.737 dijeron que consumían drogas, y otras 53.066 que las vendían. Y todo esto es apenas el principio.

Pese a las críticas de la ONU, de Estados Unidos y de la Unión Europea, Duterte ha decidido seguir con su campaña. “Obama se puede ir al infierno y la Unión Europea al purgatorio”, dijo ayer. Y, para lo que se viene, ha decidido seguir el ejemplo de Colombia. Todo porque hace unas semanas el director de la Policía de Filipinas, el general Ronald dela Rosa, visitó Colombia. Y quedó maravillado.

Dela Rosa fue uno de los asistentes a una conferencia organizada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos que tuvo como sede a Bogotá. Aprovechó entonces su visita a Colombia para conocer de primera mano la forma como este país se ha enfrentado al narcotráfico, se reunió con el director de la Policía, el general Jorge Hernando Nieto, e incluso tuvo tiempo para visitar la frontera con Panamá.

A su regreso a Filipinas, Dela Rosa convocó a una rueda de prensa. Había llegado, literalmente, cargado de ideas. Por ejemplo: crear un bloque de búsqueda como el que en los años 90 persiguió a Pablo Escobar y a los hermanos Rodríguez Orejuela. “Narcotraficantes, es tiempo de huir. Voy a hacer una versión incluso más fuerte del bloque de búsqueda de Colombia”, dijo.

Así lo resumió el comandante de la Policía de Filipinas en una entrevista con un medio local: “Su experiencia es igual a la nuestra. Tienen problemas con el narcotráfico, con las Farc. El terrorismo es un problema, al igual que la corrupción. Esos son los problemas a los que se enfrentaron antes. Nosotros estamos tratando de (aprender de ellos). Ellos lo han hecho. Y el gobierno colombiano tuvo éxito”.

Pero en Filipinas hay preocupación sobre lo que pueda significar para Dela Rosa un bloque de búsqueda “más fuerte”. No es gratuito: varias organizaciones han denunciado la aparición de escuadrones de la muerte que han acudido al llamado del presidente Duterte y han salido a las calles a matar a cualquiera que se les haga sospechoso de ser consumidor de drogas o narcotraficante.

Un analista consultado por este diario, quien no quiso revelar su identidad por miedo a represalias, dijo que en Filipinas han surgido dos grupos: uno integrados por uniformados y otro por civiles. En lo que a los primeros se refiere, en ocasiones van con uniforme y en otras de civil; sin embargo, se los reconoce por andar con chalecos antibalas, pasamontañas y guantes.

A estos grupos, en particular, se los acusa de varias ejecuciones extrajudiciales, similares a las ocurridas en Colombia, en las que los agentes responsables se justifican diciendo que dispararon en defensa propia, pese a que al final se descubre que la persona no estaba armada. O se manipula la escena del crimen.

En lo que a los grupos de civiles se refiere, se trata de vigilantes sin control que salen a patrullar y acaban con cualquiera que les parezca sospechoso, similar a los escuadrones paramilitares de los años 90 e inicios del siglo XXI. Pese a que varios han declarado, incluso, en contra del presidente Duterte, éste ha encontrado la forma de que no pase nada, aprovechando, por un lado, su popularidad y, por el otro, el miedo que ha generado entre sus opositores.

No es la primera vez que Duterte es acusado de promover escuadrones de la muerte. Incluso antes de que llegara a la Presidencia ya se hablaba de sus nexos con grupos paramilitares de Davao, la ciudad de la que fue alcalde durante varios años. Por lo menos 1.400 personas fueron asesinadas o desaparecieron a manos de escuadrones de la muerte durante su mandato.

En 2009, en un informe de la ONG Human Rights Watch, se hacen varias denuncias en su contra, y muchas de ellas parecerían hechas recientemente. Al principio de su gobierno, Duterte dijo que iba a acabar con el crimen en seis meses. A mediados de septiembre pidió seis meses más. Mientras tanto, Filipinas se debate entre el miedo y la fascinación. Pocos se atreven a criticarlo. Una de esas pocas voces, la senadora Leila de Lima, ha tratado de hacer que el Senado filipino lo investigue, y en respuesta, ha sido amenazada.

El presidente filipino sigue empeñado en acabar con los 3 millones de consumidores de drogas que, según él, hay en Filipinas. O, en el mejor de los casos, rehabilitarlos a su manera. China, un país que castiga con la pena de muerte el tráfico de estupefacientes, ya ha dicho que lo va a ayudar con la construcción de centros de rehabilitación en los que, de acuerdo con fuentes consultadas por este diario, se piensa obligar a los detenidos a horas de trabajos forzados. Es eso o la muerte.