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Un depredador insaciable

Además de Ángela Merkel, la agencia espió a la cúpula del chavismo, el entorno del ayatolá Jamenéi e incluso a miembros de las Farc.

Una protesta en Corea del Sur contra el presunto espionaje de EE. UU. a la presidenta de este país, Park Geun-Hye. / AFP

El teléfono móvil de la canciller alemana, Ángela Merkel; el documento con el resumen de los puntos principales que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, iba a tratar en una reunión con el presidente de EE. UU., Barack Obama; las comunicaciones de colaboradores del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenéi; las llamadas de los líderes de la guerrilla colombiana de las Farc; los mensajes de Hezbolá o los correos electrónicos del ministro de Economía venezolano... Los tentáculos del espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA) se antojan infinitos, tal y como demuestra un extenso reportaje publicado por el diario The New York Times en el que se revisa la evolución de las prácticas de vigilancia de la institución desde su creación, el 4 de noviembre de 1952, y su alcance. El artículo, realizado a partir de los miles de documentos filtrados por Edward Snowden y facilitados al Times por el diario británico The Guardian, muestra a la NSA como un “omnívoro informático” con una capacidad ilimitada para interceptar datos.

La amplitud de las técnicas evidencia que la información obtenida por los servicios de vigilancia no solamente se utiliza para fines antiterroristas, sino para obtener “ventaja diplomática con países aliados como Alemania o Francia y económica con Japón o Brasil”, concluye el diario.

La interceptación de datos de la NSA, como defienden muchos legisladores en EE. UU., sí ha servido, de acuerdo con los ejemplos que ofrece el artículo, para evitar atentados terroristas y otra serie de delitos contra los derechos humanos. Una de las estaciones de espionaje de la agencia en Texas tuvo acceso a 478 emails que permitieron abortar un atentado contra un artista sueco que había dibujado caricaturas de Mahoma; los sistemas de escucha de la agencia instalados en varios aviones del Departamento de Defensa que sobrevolaban Colombia permitieron localizar y estar al tanto de los planes de varios miembros de las Farc.

Los esfuerzos de espionaje masivo de la NSA, en muchas ocasiones, no ofrecen grandes resultados, de acuerdo con la información estudiada por The New York Times. Los problemas de conexión —al parecer, la todopoderosa agencia también se queda sin cobertura— o la falta de especialistas para traducir determinadas lenguas han impedido la frustración de atentados terroristas, como en el caso de la interceptación de varios mensajes del grupo terrorista paquistaní Haqqani en los que se hablaba sobre un futuro ataque al hotel Intercontinental en Kabul. Recopilaron todas las llamadas, pero no pudieron impedirlo.

La omnipotencia del espionaje estadounidense sobre los líderes mundiales también se ha tornado, en ocasiones, inoperante en clave diplomática. La NSA grabó las conversaciones entre dos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores de Afganistán y responsables iraníes en los que les aseguraban que la relación con EE. UU. “no amenazaría los intereses de Irán” en ese país. En este caso, como en el de las escuchas a otros líderes sirios, EE. UU. no parece haber sido capaz de sacar partido de esa información.

Tampoco en el caso de Venezuela, uno de los “seis objetivos imperecederos” de la NSA en 2007, junto con China, Corea del Norte, Irak, Irán y Rusia. La intención de EE. UU. era ganar influencia en América Latina a costa de mermar la preponderancia del fallecido presidente Hugo Chávez. La misión de la agencia era, según el Times, “impedir que Venezuela desarrollara políticas en la región que afectaran negativamente los intereses estadounidenses”. Para ello, la NSA rastreó miles de millones de dólares en concepto de préstamos entre Caracas y China, Rusia e Irán. También interceptó los correos personales de su ministro de Finanzas y Planificación y los de varios de sus funcionarios y otros burócratas venezolanos.

 

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