¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 57 mins

Un 'descanso' peligroso

La suspensión de labores en las dependencias federales por cuenta de la falta de acuerdos en el Congreso, por ahora pasa por lo anecdótico. Sin embargo, las potenciales consecuencias lucen riesgosas para el propio EE.UU. y el mundo.

La suspensión temporal de empleados federales ha generado protestas entre los trabajadores. /EFE

Hashmatullah Aimen es un taxista de origen afgano que vive en la capital estadounidense hace 25 años. Atascado en el tráfico de la calle 18, se quejaba por las pérdidas que su gremio ha sufrido durante las dos semanas del cierre temporal del gobierno: “Washington es la ciudad federal, casi todo lo que pasa aquí está conectado con el gobierno y el Congreso. Con el ‘shutdown’, mucha gente de negocios dejó de venir a reuniones con organizaciones y compañías del Estado. Los sitios turísticos están vacíos, hay pocos pasajeros. Tenemos pérdidas de al menos un 15%, pero si el cierre sigue, se va a poner peor”.

A pesar de la reducción de pasajeros en los taxis y en el metro, y de turistas en los museos y parques de la administración, Washington no naufraga en el caos y la “anarquía liberal” con la que algunos corresponsales inflaron sus artículos y generaron más conmoción en el exterior que en EE.UU. Después de declarado el ‘shutdown’, bastaba leer el Washington Post o la prensa local para hacerse una idea de los efectos visibles que tiene esta medida en la capital: que el zoológico está cerrado y los osos panda no se pueden ver por internet; que los museos y parques naturales del gobierno están fuera de servicio; que se arruinó una boda que se iba a realizar en el monumento a Thomas Jefferson.

“¿Estas son las trágicas consecuencias del ‘shutdown’?”, decía el afroamericano John Mitchell una mañana mientras ojeaba los titulares en el metro, camino a su trabajo. “A mí casa llega el correo postal, hay servicio de aseo en las calles, en la línea 911 responden, el Pentágono sigue en funciones... Yo lo llamaría más un ‘chill out’ (un momento de relajación) que, por ahora, afecta sobre todo a los turistas y, por supuesto, a los empleados federales que no pueden trabajar", comentó.

Para los turistas frustrados por no poder acceder a los destinos obligados de la capital, se ha ofrecido una amplísima gama de opciones alternas que incluye museos, parques y zoológicos que continúan abiertos. Entre los 800 mil empleados que fueron temporalmente suspendidos desde que el Congreso no aprobó la ley presupuestaria, hay algunos que han manifestado su angustia. En todo caso, la Cámara de Representantes acordó que a todos se les pagará de manera retroactiva, una vez el cierre parcial llegue a su fin. El problema es que no está claro cuándo va a terminar. Unos engrosan sus créditos y otros venden calabazas. Para ellos, mientras tanto, la ciudad ofrece posibilidades inéditas: muchos bares hicieron “shutdown parties” con descuentos especiales para funcionarios federales. En Cupcake Boulevard les ofrecieron ponquecillos gratis; en Irish Whisky DC no tenían que pagar por su primera bebida; el chef español José Andrés les regaló emparedados en algunos de sus siete restaurantes de la capital. Basta con mostrar el ID del gobierno para tener estos y otros privilegios, que pretenden levantar la moral de los afectados por la batalla política del país.

Joshua Foust, un analista independiente que escribe en medios como The New York Times y The Atlantic, dice a este diario que, aunque sea sólo parcial y no haya un apocalipsis en las calles, es correcto alarmarse: “Ochocientas mil personas sin trabajo y sin pago, eso es una crisis bajo cualquier definición”. Además, en el shutdown se incuba algo que podría ser mucho peor: “si el techo de la deuda federal no se eleva el 17 de octubre, el país quedará en cesación de pagos y se produciría un colapso económico igual o peor al de 2008”.

Mirando al techo de la deuda

El pasado viernes, la deuda del gobierno llegaba a US$16,738,158,460,000, según www.usgovernmentdebt.us. El próximo 17 de octubre, según anunció el Departamento del Tesoro, la deuda llegará a su tope: US$16.999 billones.

En realidad, la deuda ya tocó su límite (16,7 billones) en mayo. Desde entonces, el Departamento del Tesoro utiliza medidas de emergencia para conservar el efectivo, pero esos salvavidas expiran el 17 de octubre. Si el Congreso no aprueba que se levante el límite de la deuda, el Gobierno se quedará con 30.000 millones de dólares en efectivo para cumplir con sus obligaciones, según el secretario del Tesoro, Jack Lew. El 1º de noviembre, sin embargo, el Estado tendría que pagar US$60 billones a los beneficiarios de la seguridad social, a proveedores Medicare, a los jubilados de la administración pública y a miembros del servicio militar, y no tendría cómo hacerlo. También se vería imposibilitado para pagar a sus empleados, a las empresas contratistas, por sus importaciones, y un largo etc. Con la primera potencia mundial en ‘default’, la economía mundial colapsaría.

En su oficina del Woodrow Wilson Center —uno de los centros de pensamiento más importantes del país, desolado por estos días porque al menos 40 de sus empleados entraron en la suspensión—, el director del programa para América y la Economía Global, Kent Hughes, habla con El Espectador sobre los efectos que se producirían si el Congreso no aprueba el aumento de la deuda: “Tener que priorizar los pagos y pagarles a unos sí y a otros no, generaría mucho inconformismo en el país y estallarían manifestaciones. Segundo, en septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers se fue a la quiebra, se mostró qué tan interconectado está el mundo de las finanzas. En el período post Lehman los bancos europeos ya no sabían a quién prestarle. Ahora, el impacto económico sería muy severo, porque el dólar es una moneda muy fuerte en el mundo. Tercero, muchos ven a EE.UU. como un líder mundial, y que ese líder no pueda pagar sus deudas, tendría un impacto muy negativo en su credibilidad”.

Detrás del cierre parcial del gobierno y del debate sobre el techo de la deuda se encuentra la extrema derecha del Partido Republicano, representada por el Tea Party. Es una minoría, pero en la Cámara de Representantes tiene influencia sobre el líder republicano John Boehner, convertido ahora en el principal interlocutor de Obama. Joshua Foust explica que el Tea Party ha puesto en el primer punto de su agenda hacer todo lo necesario, así sea cerrar el gobierno o dejar al país en cesación de pagos, para no permitir que siga adelante la reforma sanitaria archiconocida como ‘Obamacare’. Los republicanos critican que la reforma aumenta los impuestos y debilita otros programas de gobierno, la ven como una amenaza existencial para el país y parte de la estrategia electoral de los demócratas, por lo que se niegan a aprobar la ley presupuestaria si ésta no incluye una disposición que retire los fondos federales o retrase la ejecución del logro legislativo más importante del presidente. Además, conciben el debate como una oportunidad para retrasar la aplicación de la reforma sanitaria. La Casa Blanca se niega a negociar bajo cualquier amenaza.

Pero la estrategia del Tea Party ha resultado contraproducente. Una encuesta publicada el jueves por NBC y el Wall Street Journal indica que el 53% de la opinión pública considera que los republicanos son los culpables del cierre parcial del gobierno y la falta de un acuerdo sobre el presupuesto. Sólo un 21% es favorable al Tea Party. La imagen del partido empeora a un año de las elecciones legislativas.

Un día después de publicada la encuesta, el partido conservador flexibilizó sus condiciones. En palabras de Hughes, “ya se ve a los republicanos sintiendo dos tipos de presión. Por un lado, una que va en contra de su futuro electoral. Por otro lado, les llegan de los pequeños y grandes actores de la comunidad financiera avisos de que no dejen al país en ‘default’. Boehner ahora está hablando sobre deudas, déficits y reformas a los impuestos, ya no está enfocado en luchar contra ‘Obamacare’. Ya se empezó a hablar de una extensión de seis semanas para el debate sobre el techo de la deuda, lo que significa que se repetiría la discusión en diciembre. Luego, y esta es mi predicción, se podría levantar el techo de la deuda al menos hasta después de las elecciones de 2014”.

Si las predicciones de Hughes no se cumplen, el asunto irá mucho más allá de una pelea entre partidos. Dice el experto que, ante un colapso económico, “todos serán culpados”.

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