Un 'dossier' del terror

El documento detalla varios casos en los que murieron civiles que aparentemente no tenían vínculo alguno con organizaciones terroristas.

Para Amnistía Internacional, algunos de los ataques con drones en Pakistán podrían ser considerados como crímenes de guerra. / AFP

En la tarde del 24 de octubre de 2012, Mamana Bibi, de 68 años, se encontraba recogiendo vegetales para la cena en la granja de su familia en Waziristán del Norte, una zona de Pakistán que limita con Afganistán y que desde hace varios años se convirtió en una de las regiones más importantes en la guerra que sostiene Estados Unidos contra las milicias talibanes y de Al Qaeda.

Durante varias horas, al menos tres drones (aeronaves no tripuladas) habían estado volando en la zona, algo normal en un lugar en el que esta herramienta de guerra ha sido utilizada desde noviembre de 2004. Además de Bibi, en el terreno se encontraban varios de sus nietos, quienes les daban agua a los animales de la granja, recogían comida y volvían de la escuela cuando un misil Hellfire impactó a la mujer, matándola al instante enfrente de sus nietos y destrozando por completo su cuerpo. El resto de su familia también sufrió heridas, aunque nadie más murió en el ataque, que incluyó el lanzamiento de un segundo misil, que impactó a pocos metros del primero.

La muerte de Bibi es uno de los casos que un nuevo informe de Amnistía Internacional detalla exhaustivamente y que levanta serias dudas acerca de los criterios bajo los cuales se utilizan los drones, armas que, de acuerdo con el discurso oficial de Estados Unidos, son usadas sólo contra militantes de organizaciones terroristas. En el reporte, la organización asegura que “está seriamente preocupada de que estos y otros ataques hayan resultado en asesinatos por fuera de la ley que podrían ser considerados como ejecuciones extrajudiciales o crímenes de guerra”.

De acuerdo con la información recopilada en el terreno, Bibi y su familia no tenían ninguna conexión con militantes y en su casa no se encontraba ningún blanco legítimo. El reporte, citando a fuentes de inteligencia de Pakistán, asegura que, al parecer, algunos minutos antes del ataque un militante habría usado su teléfono celular en un camino que dista casi 300 metros del lugar de impacto de los misiles. En declaraciones a medios de comunicación, Mustafa Qadri, autor del informe, aseguró que “es extremadamente difícil entender cómo (Mamana Bibi) pudo haber sido identificada como un militante, mucho menos una amenaza inminente contra Estados Unidos”.

Waziristán del Norte es un área que, además de ser el punto de encuentro del extremismo bajo las banderas de Al Qaeda y los talibanes, entre otros, es el hogar de más de 800 mil personas. Las milicias tienen una amplia influencia en la zona, no sólo en términos militares. Estudiantes locales han amenazado a sus profesores con incriminarlos ante los talibanes si no reciben buenas calificaciones, asegura un informe del diario The New York Times.

Aunque la información alrededor de los ataques de drones es un bien escaso, debido en buena parte al silencio oficial que rodea el uso de estas armas, algunas cifras citadas por Amnistía Internacional (que a su vez se apoya en organizaciones como el Buró de Periodismo Investigativo) hablan de más de 3.600 muertos en cerca de 400 operaciones aéreas, esto sólo en Pakistán; de estos muertos, entre 153 y 926 fueron civiles (entre 168 y 200 eran niños, a su vez). En una sola incursión por parte de estos vehículos murieron 82 personas, entre ellas niños de seis años, el 30 de octubre de 2006 en un área cercana a la frontera con Afganistán.

Otro de los casos examinados por Amnistía Internacional fue un ataque de julio del año pasado contra un grupo de hombres que se encontraba reunido en una especie de carpa en un campo de cultivo. En esta ocasión, cuatro drones se encontraban circulando en el aire y eran visibles para los pobladores. Varios misiles impactaron el lugar y mataron a ocho personas en el instante. Al ver la explosión, algunos aldeanos corrieron para ayudar a los heridos y poco tiempo después otra tanda fue disparada contra aquellos que llegaron a socorrer a las víctimas. En total, 18 personas murieron en estos hechos y al menos 22 más resultaron heridas.

De acuerdo con información recopilada por la organización, ninguna de las víctimas tenía vínculos con organizaciones terroristas: algunos eran mineros, campesinos, leñadores o conductores locales.