Un secuestro silencioso

Tres mujeres permanecieron recluidas durante casi un década en una casa de Cleveland, EE.UU. El principal sospechoso, Ariel Castro, ya está en poder de las autoridades.

Esta es la casa de Ariel Castro, donde al parecer las tres mujeres permanecían recluidas. / EFE
Esta es la casa de Ariel Castro, donde al parecer las tres mujeres permanecían recluidas. / EFE

Buscó la ayuda de vecinos, intentaron fallidamente tumbar la puerta y concentraron sus esfuerzos en lograr abrir el acceso inferior. Amanda salió corriendo de la casa, la 2207 de la avenida Seymour, y la vecina del frente le ofreció su teléfono para llamar a la policía: “He estado secuestrada y llevo desaparecida 10 años y... y estoy aquí, ahora soy libre”.

Amanda Berry ahora es libre, como Georgina Dejesus y Michelle Knight, dos mujeres más que fueron rescatadas cuando llego la policía y que aumentaban la lista de escalofriantes sorpresas de la casa de Castro, un hombre de origen puertorriqueño, de 52 años y quien en su perfil de Facebook se describía como miembro del Grupo Fuego, “una banda de merengue y música tropical”. Ariel Castro y dos de sus hermanos, Pedro y Oneil, ahora están en poder de las autoridades como sospechosos de secuestro.

De las tres mujeres, la primera en desaparecer había sido Michelle Knight, casi dos años antes de que la prensa comenzara a documentar el caso de Berry. Había una diferencia sustancial entre las dos: los padres de Knight no creyeron que se tratara de un secuestro o una desaparición. Su hija se había marchado después de que un juez le quitara la custodia de sus hijo, por lo que la teoría de un escape hacía pensar en un escenario diferente. Pero Amanda no tenía este tipo de problemas, como tampoco los tenía Georgina de Jesús, de 14 años, desaparecida un año después de Berry.

Sin demasiadas pistas, las autoridades dieron inicio a una investigación para estas desapariciones, sin alcanzar alguna vez avances importantes. Los padres, por su parte, llenaron por un tiempo las calles con fotos de sus hijas, sin perder la esperanza de que el día de su reaparición llegara. La madre de Amanda Berry falleció en 2006.

Muchas preguntas se formularon entre los vecinos, casi tantas como las que respondió Charles Ramsey. Cómo nunca siquiera sospecharon que algo extraño ocurría en la casa de Ariel Castro, por qué él siempre entraba por la puerta de atrás en su camioneta, donde de algún modo estaba resguardado por las vallas de su casa. Simplemente no había razones para sospechar.

El doctor Gerald Maloney, del MetroHealth Medical Center de Cleveland, fue el encargado de confirmar que el estado de salud de las tres jóvenes y una niña de seis años que permanecía en la casa —presumiblemente la hija de Amanda Berry— es bueno: “Pueden hablar y están bien”. Una nueva etapa en la investigación de estos casos está por comenzar.

Charles Ramsey fue la estrella del día en Cleveland. Todos querían hablar con él, un afroamericano de porte relajado que se paseó entre los micrófonos con naturalidad, contando la historia de cómo él caminaba en por su barrio en la noche del lunes y cómo una joven desesperada llamó su atención, golpeando la puerta de la casa en la que vivía Ariel Castro, su conocido. “Hace un año le comenté a mi vecino que en esa casa pasaba algo extraño, él me respondió que lo dejara, que era un paranoico”.

Ramsey entregó esta versión a la prensa tras enterarse de que esa mujer era Amanda Berry, desaparecida desde abril de 2003, cuando estaba cerca de cumplir 17 años. Fue una sospecha que tuvo, que tal vez siempre le pareció infundada, porque Ariel Castro en su opinión era un “buen tipo” e incluso había estado adentro de su casa en varias oportunidades, cuando el anfitrión ofrecía un asado para los conocidos y amigos. Castro, dentro de lo que él tuvo entendido, siempre vivió solo, y por eso se acercó hasta la puerta tras oír los gritos, era a todas luces una eventualidad.