"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Un triste regreso a casa

Letreros de bienvenida recibieron a Amanda Berry en la puerta de la casa de su familia, la que dejó hace casi diez años que pasó recluida en la vivienda de Ariel Castro.

Un policía observa la entrada de la casa de Amanda Berry, una de las secuestradas. / AFP
Un policía observa la entrada de la casa de Amanda Berry, una de las secuestradas. / AFP

 Entró en compañía de su hija de seis años, de quien ya se conoce el nombre: Jocelyn. La gente que la vio la aplaudió; pero, una vez adentro, les envió una carta a los periodistas que esperaban que diera alguna declaración. Su hermana, Beth, fue la encargada de leerla: “Quiero agradecer el apoyo de la gente y de los medios de comunicación. Pero les pido que respeten nuestra intimidad hasta que estemos preparados para hacer nuestras primeras declaraciones”.

La decoración era similar en la casa de Georgina Dejesus, otra de las tres jóvenes que fueron rescatadas del secuestro, junto a Amanda Berry y Michelle Knight. La investigación policial avanza mientras que Castro y sus hermanos Oneil y Pedro siguen siendo interrogados como sospechosos. Un grupo de agentes registró la residencia en busca de pistas y encontró cadenas y cuerdas: “Podemos confirmar que eran atadas”, ha dicho el jefe de la Policía de Cleveland, Michael McGrath.

McGrath también informó que no se encontraron restos humanos en la casa, lo que desestimó la hipótesis de que los sospechosos hubieran estado involucrados en más crímenes. Sin embargo, la diligencia que la Policía ha demostrado en estos días, tras el pedido de ayuda de Berry a un transeúnte —hecho que desató el rescate—, no parece haber sido la misma que en los años de secuestro. De hecho, la institución que representa McGrath está siendo duramente criticada por la comunidad, que en alto grado atribuye la tragedia de estas tres jóvenes a la negligencia.

Poco a poco han ido apareciendo los testimonios. Israel Lugo, residente a dos casas de distancia del hogar de Castro, aseguró que dos años atrás había visto en el patio de su vecino a tres mujeres a gatas y desnudas, atadas con cadenas. Le pareció sospechoso que Ariel Castro cubriera con plásticos las ventanas de su casa y llamó a la Policía. Los agentes acudieron, nadie les abrió la puerta, se marcharon y no regresaron para intentarlo de nuevo. La historia de Nina Samoylicz es similar: la vecina vio a una mujer sin ropa en el patio y llamó a la Policía, pero su llamada no fue tomada en serio.

Otros testigos anónimos reforzaron las versiones, personas que lograban ver a alguna de las jóvenes en una circunstancia extraña y sospechaban, pero sus denuncias no trascendían. Frente a estas acusaciones, McGrath no ha dicho nada en particular.

Antony Castro, hijo de Ariel, describió a su padre como un hombre violento que en 1993 casi asesina a su madre a golpes. El joven, que vive en la vecina ciudad de Columbus, reconoció que sí le parecía un tanto extraño que su padre tuviera clasuradas con candado varias zonas de la casa: “Siempre estaba cerrada. Había lugares a los que nunca podíamos pasar”.

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