Una absolución que preocupa en Cleveland, EE.UU.

Ningún oficial de policía pagará por la muerte de dos civiles negros durante un tiroteo en noviembre de 2012.

 Michael Brelo, agente policial de Cleveland de 31 años, llegó a un tribunal estadounidense por estar implicado en la muerte de dos sospechosos de raza negra desarmados luego de una persecución policial en 2012. Durante dos años se investigaron los hechos: Brelo y más de una decena de uniformados abrieron fuego contra Timmothy Russell, de 43 años, y Malissa Williams, de 30, desarmados. Con un agravante: el agente Brelo siguió disparando varios segundos a quemarropa después de que sus compañeros guardaran sus armas, tras haber disparado 137 veces. Los dos civiles recibieron un centenar de balas. (Vea: Exigen a EE.UU. ante la CIDH un plan nacional contra el racismo en la Policía)

Por eso el oficial fue acusado de asesinato. Cargo que el jurado desestimó, pues declaró al oficial “no culpable”.

Una absolución preocupante, señala la revista The Atlantic, que analiza los hechos. “Una persecución de autos a alta velocidad provocó el despliegue de más de cien oficiales de guardia. Trece policías dispararon 137 rondas de municiones contra el vehículo, cuyos ocupantes estaban desarmados. Michael Brelo se subió sobre el capó del carro sospechoso y disparó 15 rondas más de cerca. Cuando cesaron los disparos los ocupantes estaban muertos. Los dos estaban muertos, los policías confundieron el sonido que hacía el carro con disparos”, explica The Atlantic.

Brelo, de color blanco, fue absuelto, según la Fiscalía “porque sus acciones fueron razonables a pesar de saber ahora que no había ningún arma en el vehículo y que no se produjeron disparos”, cita la revista en su artículo. Familiares y simpatizantes reaccionaron con indignación ante el veredicto. “La policía debería haber ido a la cárcel por esto”, aseguró Alfredo Williams, hermano de Malissa.

Señala The Atlantic que las tensiones entre los afroamericanos y los agentes de policía, que deben servir y proteger, se han intensificado en Estados Unidos en los últimos años con las muertes de Michael Brown, Trayvon Martin y Eric Garner agitaron la indignación en todo el país. “Pero el problema ha sido particularmente agudo en Cleveland. En un informe publicado el mes pasado, el Departamento de Justicia encontró numerosos casos de abuso, mala conducta y uso excesivo de fuerza. Hace poco un oficial disparó y mató a un niño de 12 años porque confundieron el arma que era de juguete con una real. Otro policía golpeó repetidamente a un niño de 13 años que estaba bajo su custodia. Otro oficial usó descargas eléctricas contra un niño que sufrió una convulsión en una acera e hizo amenazas verbales”.

La revista cita el informe del Departamento de Justicia en el que dice que “estos incidentes ocurrieron dentro de una cultura policial disfuncional donde superiores en el departamento no lograron frenar la conducta abusiva, el uso excesivo de la fuerza o investigaron las denuncias de mala conducta. Los intentos de disciplinar a los funcionarios responsables de los disparos de 2012 contra Williams y Russell causan problemas adicionales: 11 de los 13 implicados en el caso presentaron una demanda alegando discriminación racial inversa después de haber sido sancionados con tres días de licencia administrativa y 45 días de servicio restringido”.

Un problema que va más allá de Cleveland

Varias ciudades enfrentan problemas como que la policía mayoritariamente blanca cuida una ciudad mayoritariamente negra. “Un estudio citado por ProPublica encontró que entre 2010 y 2012, los agentes de policía tenían 21 veces más probabilidades de matar a un adolescente negro que uno blanco”, cita la revista. Lo más grave, “los registros han demostrado que los policías que matan civiles desarmados raramente son condenados y pocas veces compensan a los sobrevivientes de las víctimas en los jucios civiles. Seis meses después de la muerte de Tamir Rice, el oficial responsable ni siquiera ha sido cuestionado”.