¿Una escalada en la guerra de Ucrania?

La OTAN advierte que 20 mil efectivos rusos se han agrupado cerca de la frontera entre ambos países. Rusia responde que se trata exclusivamente de ejercicios militares.

Varios soldados ucranianos conducen en vehículos militares cerca de la ciudad ucraniana de Debalcevo./EFE

Tensión es una palabra fácilmente asociada con Ucrania, al menos desde hace algunos meses. Por estos días, la tensión crece. Crece porque el ejército ucraniano ahora controla tres cuartos del territorio que había perdido ante los rebeldes prorrusos. Crece porque los separatistas se han atrincherado en dos ciudades del Este, Lugansk y Donetsk, ésta última con un millón de habitantes, en donde se prevé que la batalla puede ser larga y sangrienta, pero sobre todo muy peligrosa para los civiles. Y desde el lunes crece con una velocidad que no se había registrado desde hace casi 100 días gracias al despliegue de tropas que Rusia está haciendo a pocos kilómetros de la frontera entre ambos países.

En uno de sus pronunciamientos más duros desde que estalló el conflicto entre los separatistas y el gobierno ucraniano, la OTAN aseguró que por lo menos 20 mil tropas rusas están a poco menos de 50 kilómetros de la frontera con Ucrania. Pero no es sólo el número de soldados lo que alarma, sino su equipamiento, que incluye tanques, artillería, equipo de logística, fuerzas especiales y una serie de aeronaves, entre cazas, bombarderos y helicópteros. “No vamos a adivinar qué está planeando Rusia, pero vemos lo que está sucediendo en el terreno y esto nos preocupa mucho”, aseguró la alianza trasatlántica en un comunicado.

La respuesta de Moscú puede ilustrar un poco el escenario: “Llevan tres meses acusándonos de lo mismo”. Con total justicia, el gobierno ruso tiene razón, pues hace unos meses Rusia llegó a desplegar, en la misma zona, hasta 40 mil tropas, además de aeronaves de combate en bases que, hasta ese momento, estaban prácticamente desiertas.

Esta vez, Rusia asegura que se encuentra desarrollando una serie de ejercicios militares, que involucran el ataque simulado de blancos en tierra y en aire por parte de varios tipos de aviones de combate. Las maniobras, según el Kremlin, se desarrollarán hasta el viernes. La pregunta más obvia de ahora es ¿y después del viernes qué? Nadie parece saberlo con mucha certeza, aunque una buena porción de analistas internacionales, incluyendo oficiales de la OTAN, ha comenzado a apoyar la tesis de una posible invasión rusa bajo el pretexto de una operación humanitaria (en defensa de una población mayoritariamente rusa, desde el punto de vista étnico) o una intervención en el conflicto a través de fuerzas especiales que introducirían armas sofisticadas para repeler la ofensiva ucraniana en las regiones del Este.

Estas teorías parecen no resultar del todo descabelladas si se tiene en cuenta que el despliegue de tropas rusas en la frontera coincide con una campaña de éxitos sostenidos por parte de las fuerzas ucranianas que, para este momento, han logrado aislar entre sí las dos bases más grandes de los rebeldes separatistas (Donetsk y Lugansk) y ya comenzaron a intervenir en el primero de estos lugares. “Si el Ejército de Ucrania logra controlar estos puntos, entonces sería posible que Rusia entrara en el conflicto para desbalancear este escenario. Ésa creo que es una posibilidad que sí está entre la baraja de cartas”, le dijo el analista Pavel Felgenhauer al diario británico The Guardian.

Hasta el momento, los enfrentamientos entre las fuerzas ucranianas y los rebeldes prorrusos han dejado un saldo de 1.500 muertos, entre civiles y combatientes. La cifra de bajas se ha intensificado en los pasados dos meses debido a la arremetida del Ejército de Ucrania luego del rompimiento de un alto al fuego ordenado por el presidente de éste país, Petro Poroshenko.

Al tiempo que los combates en el terreno se intensificaban, el gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, aseguró que ampliará la lista de productos comestibles que su país vetará como retaliación contra la nueva ronda de sanciones que la Unión Europea y Estados Unidos le impusieron a Rusia hace apenas una semana.

Putin ya había vetado la importación de manzanas de Polonia y carne de Rumania, alegando en su momento razones de seguridad fitosanitaria. Pero esta vez quedó claro que los nuevos vetos tendrá claras motivaciones políticas, aunque aún no se sabe exactamente cuáles serán los productos incluidos en la lista o los países productores afectados.

Rusia importó US$43 mil millones en productos comestibles el año pasado y es el principal importador de frutas y vegetales de la Unión Europea.
 

Temas relacionados