Una nueva Kobane

La batalla permitió dar un respaldo humanitario a otra intervención militar occidental, hacernos olvidar la crisis humanitaria de otras ciudades en Siria y convencernos del triunfo del bien sobre el mal.

Un kurdo mira lo que quedó de Kobane tras cuatro meses de asedio por parte del Estado Islámico. / AFP

La televisión le dedicó largos reportajes y las redes sociales en Europa y Estados Unidos se alborotaron de felicidad cuando, hace unos días, la ciudad kurdo-siria de Kobane consiguió finalmente romper los casi cuatro meses de asedio impuestos por las milicias del Estado Islámico (EI).

Mientras miramos las imágenes de los kurdos celebrar la libertad y la reconquista de la ciudad, nos preparamos a que el hashtag #kobane y el interés global hacia esta pequeña ciudad siria al confín con Turquía nos abandonen. Kobane no había llamado mucho la atención de los medios de comunicación cuando en 2013 estuvo bajo el fuego tanto del Ejercito Sirio Libre como de otros grupos yihadistas. La carta constitucional de Rojava de marzo de 2014, que sancionó la autonomía de los tres cantones kurdos en nombre de la convivencia pacífica entre las diferentes etnias y confesiones, había despertado por el contrario un tímido interés en los movimientos sociales europeos y de todo el mundo, que elogiaron los territorios kurdos como ejemplo de humanismo.

En septiembre de 2014 empezó un feroz asedio a la ciudad por parte del Estado Islámico, y al mismo tiempo se intensificaron los bombardeos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos contra las bases yihadistas en Irak y Siria. El hashtag #SaveKobane, que pedía una intervención militar en defensa de la ciudad kurda, se volvió viral. Periodistas de todo el mundo llegaron a Kobane, los más atrevidos, y con su casquete se metieron en la ciudad bajo sitio; otros observaron el espectáculo desde las colinas turcas. Junto con ellos empezaron a llegar activistas de toda Europa en apoyo de la causa kurda y su modelo sostenible de autonomía social, reactivando una antigua pero siempre viva tradición de la izquierda europea de apoyo al independentismo kurdo.

En este punto, la ciudad fue elegida por unanimidad como baluarte de la humanidad, o por lo menos de la civilización occidental, contra el peligro del Estado Islámico. La resistencia por Kobane se había transformado en una simplista lucha del bien contra el mal. Por un lado los kurdos, seculares y progresistas, donde las mujeres luchan, Kalashnikov en mano, al lado de los hombres. Al otro lado el bárbaro Estado Islámico con sus degollamientos, violencias y violaciones. Kobane ha sido por cuatro meses la nueva Viena, que salvó de la invasión otomana los imperios cristianos europeos, y también la nueva Stalingrado en la resistencia contra el nazi-fascismo. Se perdieron los matices que permiten entender las cuestiones de fondo de un conflicto y dejaron espacio sólo para el puro entretenimiento.

Pero por qué era importante Kobane, nadie realmente lo sabe, sino casi únicamente sobre un plano simbólico. Kobane es uno de los tres cantones autónomos del proyecto autonómico de los kurdos sirios y la pérdida de uno de los tres hubiera puesto en seria dificultad un proyecto esperanzador para la región. Pero Kobane nunca había sido una ciudad estratégica en términos militares, no era una pieza clave para solucionar la guerra civil en Siria, tampoco ponía a Turquía en una situación de extremo peligro, ni menos a la civilización occidental.

Kobane fue por cuatro meses un choque de propaganda entre los medios occidentales y las herramientas 2.0 del EI, que incluso emitió un reportaje en el terreno del periodista y rehén británico John Cantlie, y que quería con su conquista dar un golpe mediático sin precedentes. Al contrario, la guerra de Kobane permitió dar un respaldo humanitario a otra intervención militar de una coalición occidental, hacer que olvidáramos la crisis humanitaria que otras ciudades en Siria están padeciendo desde hace años y convencernos finalmente del triunfo del bien sobre el mal. No obstante la anestesia colectiva y la plaga de la emoción teleguiada, Kobane y los kurdos han dado un paso más hacia una merecida autodeterminación después de los atropellos históricos que vivieron en el último siglo. Ahora estamos a la espera de una nueva Kobane que pueda hacernos dormir y soñar con la libertad al mismo tiempo. Probablemente, pronto nos olvidaremos otra vez de los kurdos y encontraremos otros defensores del bien.

 

 

* Doctor en estudios culturales mediterráneos y docente de la Universidad del Norte.

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