Una región al límite

El presidente estadounidense quiere hablar de economía, pero el tema será la seguridad: pandillas, drogas y violencia hacen de esta zona la más violenta del mundo.

El ejército mexicano realizó una serie de simulacros de operaciones de seguridad pocas horas antes de la llegada del presidente de EE.UU., Barack Obama. / AFP
El ejército mexicano realizó una serie de simulacros de operaciones de seguridad pocas horas antes de la llegada del presidente de EE.UU., Barack Obama. / AFP

Honduras tiene la mayor tasa de homicidios del mundo: en promedio, 20 personas son asesinadas cada día por el crimen organizado. En El Salvador los tentáculos de las mafias y las pandillas matan a más de 12 personas diariamente. En Guatemala la cifra se eleva a 16 y en México, sólo durante los tres primeros meses de gobierno de Enrique Peña Nieto, se registraron 2.882 muertes violentas, según un recuento del diario Milenio. Aunque estos son los países más golpeados, la acción del narcotráfico, las maras y el crimen transnacional también alcanzan a Costa Rica, Nicaragua, Panamá y Belice.

Naciones Unidas catalogó a Centroamérica como la región más violenta del mundo y datos de Transparencia Internacional la califican como una de las más corruptas. Pandillas, drogas, extorsión, lavado y tráfico de personas, entre otros males, aquejan hoy a esta zona, convertida según Joaquín Villalobos, exguerrillero salvadoreño y consultor para la resolución de conflictos internacionales como el colombiano, “en un santuario criminal, un supermercado de drogas, centro de lavado de dinero y lugar de reclutamiento de sicarios”. Y todo a las puertas de Estados Unidos.

Por eso la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a México y Costa Rica, que comienza hoy, cobra mucha importancia. Aunque Obama insistió en darle un enfoque económico a su viaje —destacando el intercambio comercial con México (de US$1.400 millones) y los acuerdos económicos que se podrían firmar con la región, particularmente en el tema energético—, durante su encuentro del sábado en San José con los mandatarios del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), formado por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana, se hablará inevitablemente de seguridad.

El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, aseguró que le planteará a Obama los temas migratorio, comercial y de seguridad; su homólogo de El Salvador, Mauricio Funes, precisó: “Me interesa hablar fundamentalmente de seguridad”, y reveló que Washington le retirará fondos a México y Colombia para destinarlos a El Salvador, Guatemala y Honduras, en el marco de la Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica (Carsi), en el que Estados Unidos ya ha invertido US$496 millones desde 2008.

Menos influencia en México

En tierras mexicanas, Obama intentará convertir la cooperación económica en la prioridad de las relaciones, después de años de que la lucha contra el narcotráfico acaparara la agenda bilateral. Durante el gobierno de Felipe Calderón (que dejó más de 70.000 muertos en la guerra contra los carteles de la droga), EE.UU. desarrolló la Iniciativa Mérida, un plan firmado por George W. Bush para transferir US$1.900 millones, principalmente en equipos y entrenamiento para el ejército mexicano.

Pero Peña Nieto cambió la estrategia. Dos días después de su posesión, en diciembre de 2012, anunció los seis ejes de su estrategia de seguridad, que prevé el combate de la violencia con un enfoque regional y la coordinación de las autoridades locales. Según el diario estadounidense The Washington Post, “la administración de Barack Obama teme perder fuerza en la cooperación de seguridad con México, tras la expulsión de funcionarios estadounidenses que trabajaban en centros de inteligencia dirigidos por la CIA y la DEA en Ciudad de México y Monterrey”.

En la mesa del encuentro entre Obama y Peña Nieto sí se hablará de economía. México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, luego de China y Canadá, y espera la llegada de más inversión. También se tocarán temas de educación, innovación, ciencia y migración, luego del proyecto de reforma migratoria en Estados Unidos que contempla legalizar a 11,5 millones de indocumentados, el 60% de los cuales es mexicano.

Analistas aclaran, sin embargo, que el problema grave de seguridad no está en México, primera parada de Obama. “Este país tiene los recursos para mejorar su seguridad. El lío está en los pobres y pequeños, que pueden convertirse en estados fallidos y representan el verdadero reto para Washington”, explica el analista costarricense Daniel García. Sin embargo, aclara, los más de 3.000 kilómetros de frontera entre los dos países y sus dinámicas —narcotráfico, inmigración, seguridad— son asuntos que EE.UU. no puede enfrentar si no cuenta con la ayuda de México.

Aquí está la clave del encuentro. Washington estima que el 90% de la cocaína que llega a su territorio pasa por México y Centroamérica. Los carteles de drogas Los Zetas y del Pacífico —una alianza entre el de Sinaloa y el del Golfo— expandieron sus operaciones por la región y amenazan con cruzar la línea hacia el norte.

“La causa de todo esto está en las políticas que EE.UU. ha promovido sin considerar que es el principal consumidor del mundo”, dijo el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) y la Organización de Estados Americanos (OEA), la cocaína mueve en el planeta US$85.000 millones al año, de los cuales US$35.000 corresponden sólo al mercado estadounidense.

“Está claro, no podemos seguir luchando contra las drogas con viejas y desgastadas estructuras del siglo XX basadas en prejuicios e ideologías”, dijo el presidente de Guatemala, quien ya anunció que insistirá en su propuesta de despenalizar la droga, a pesar del rechazo de Washington.