¿En qué va el tránsito de migrantes hacia Europa este año?

Cerca de 3.000 migrantes fueron rescatados este martes en las costas de Italia. En 2015, más de un millón de migrantes, por razones de conflicto y pobreza, llegaron al continente.

Un grupo de migrantes rescatados por la Guardia Costera Italiana este martes.AFP

El domingo, las autoridades costeras de Italia rescataron a más de 1.100 migrantes. El lunes, 6.500. Este martes, 3.000. Vienen en oleadas, en barcos pequeños y mal abastecidos, sin salvavidas, y cuando llegan a un punto donde pueden nadar se lanzan sobre el mar en busca de los apoyos de los guardacostas. Aunque la crisis no ha llegado a los puntos del año pasado, cientos de miles de migrantes de África y Oriente Medio llegan a Europa en busca de un mejor lugar para vivir en medio de su fuga de la violencia y la pobreza.

El año pasado, más de un millón de migrantes arribaron a Europa para pedir asilo. El aumento ha sido estridente y continuo año a año. En 2011 hubo 309.040 peticiones de asilo en Europa, según Eurostat; en 2012 aumentó a 335.290 y en 2014, a 431.090. Con el establecimiento del Estado Islámico en Siria en 2014 —por entonces fundaron su llamado Califato en un territorio que se comprende entre Siria e Irak (comprenda el conflicto en Siria)—, las peticiones aumentaron a 626.960. Y la explosión ocurrió en 2015: 1.321.699 peticiones de asilo. El invierno, que en años anteriores era razón suficiente para no surcar las aguas del Mediterráneo o para hacer el trayecto en buses a través de Turquía, no detuvo a los migrantes en su intento de llegar a Europa.

Este año, según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 284.572 migrantes han llegado a Europa. La mayoría llega a Italia y en un porcentaje menor atracan en Grecia y Bulgaria. Llegan de Nigeria, Eritrea, Gambia, Costa de Marfil, Sudán, Siria, Pakistán, Afganistán, Algeria e Irak, y por lo general son embarcados en Libia, donde la falta de control de las autoridades —ese país tiene en este momento dos gobiernos que mandan en sus territorios desde la caída de Gadafi— permite que los traficantes de personas trabajen con libertad.

Más de 3.100 están desaparecidos o han muerto en el trayecto. Por esa razón, desde el año pasado se bautizó al Mediterráneo como un mar de muertos. Dado que las barcazas son endebles y que en un bote para 20 se pueden subir hasta 60, los migrantes no tienen ninguna seguridad a pesar de pagar, en promedio, más de 2.000 euros por la travesía. Los precios no han cambiado y las rutas se han reinventado a pesar de que Europa les cerró el paso por Turquía y de que la ruta báltica (a través de Serbia, Hungría y sus vecinos) fue cerrada, literalmente, con vallas de acero en las fronteras.

La reducción de las cifras con respecto al año pasado (en agosto de 2015 llegaron a 116.000, mientras que en este agosto van 112.000), sin embargo, no trae buenas noticias. Es posible que numerosos migrantes estén tomando por rutas más extensas, entre ellas las que conducen a través de Rusia y hasta Noruega, un camino más extenso y con menor seguridad. Otros cientos fueron devueltos a Turquía tras el trato que realizó la Unión Europea con el gobierno de Recep Tayyip Erdogan, que prevé devolver a los migrantes a ese país para que pidan asilo allí. Es posible, también, que el flujo se haya disminuido dado los avances contra el Estado Islámico en Siria. Sin embargo, los sirios todavía sienten que su situación no es segura y prefieren huir de su país.

El cierre de las fronteras en los países bálticos ha producido también un fenómeno que resulta nuevo: el bloqueo de los migrantes en campos de migración en esos bordes. Según la OIM, hay más de 67.000 varados en esas fronteras. Y siguen llegando, dado que no es opción volver. Grecia y Bulgaria son los países con mayor número de migrantes varados. Más de 4.100 han sido relocalizados en otros países de Europa, una cifra que parece menor con respecto al flujo. Los migrantes tienen que esperar meses o incluso años para que les reconozcan la validez de su asilo, un trámite burocrático que obliga a muchos a vivir sin empleo y sin una perspectiva clara de su futuro próximo.