¿Cómo vamos a dialogar?: líder estudiantil venezolano

Lo que tiene indignados a muchos venezolanos son los asesinatos, las detenciones y torturas de jóvenes que han salido a protestar.

Un ama de casa de Caracas, que apoya a la oposición, sale a protestar a la plaza Altamira. / AFP

Venezuela se ha convertido en un reino de la desinformación. Hoy, frente a las versiones que salen por redes sociales y por los canales estatales de televisión, cualquiera se pregunta qué pasa en las calles de Caracas.

En la capital, la gente está cansada. No sólo las clases media y alta, porque este ya no es el lugar donde los ricos lloran y los pobres están felices. Las protestas contra el gobierno no las hacen sólo jóvenes privilegiados. En el interior del país hay una participación de sectores populares muy activa. A la plaza Altamira, bastión de la oposición caraqueña, se han sumado lentamente personas de los barrios populares. Es el caso de Yorlin Velásquez, un barranquillero que vive desde hace 18 años en Petare, uno de los barrios populares más grandes de Latinoamérica. Parado en Altamira dijo: “Todavía en mi barrio no trancan las calles, pero sí hay cacerolazos y bulla por la noche. La gente se queja. Es que allá también hay colas, hay muertos, cada día es más complicado conseguir leche, café, aceite. Ayer avisaron que había llegado la leche al Bicentenario (un supermercado). Me fui con mi primo corriendo, y cuál leche, ya no había nada. Eso cansa”.

En Caracas las noches son laberínticas. Las guarimbas —la basura en llamas que se utiliza para cerrar las calles— son un síntoma de la desesperación. Afectan a los propios vecinos, generan rechazo hacia la misma oposición. “Pero esa es la nota de la guarimba”, dice un guarimbero que se hace llamar Larry, que salió la noche del martes con careta de buceo y rodilleras a Altamira. “Trancas una calle y te vas corriendo a trancar otra. Así la ciudad se va paralizando, el transporte público deja de funcionar bien, la gente no puede llegar a sus casas. Los alimentos no se pueden transportar. Es una estrategia de desgaste. Como hasta ahora no se nos unen otros sectores para hacer el paro, pues forzamos el paro. Cuando un niño tiene hambre y no puede hablar, llora. Con Maduro no se puede hablar, porque para él somos golpistas, terroristas, pues lloramos, trancamos todo para que cada vez seamos más los indignados”.

En Caracas muchos jóvenes no están pensando en el carnaval, que se celebraría el próximo lunes y martes. Al menos así lo dice Jonathan Aguirre, uno de los guarimberos en el sector de Prados del Este: “No hay razón para carnavaliar este año. Algunos irresponsables se irán, pero los que estamos aquí nos quedamos. Yo soy de Mérida, la tierra del carnaval, pero desde el 12 vengo a la plaza y no me voy a devolver. Mejor un año sin carnaval que un año más de represión”. Los alcaldes opositores de Maracaibo, Barinas, los municipios de Sucre y Chacao, suspendieron las actividades para esas festividades.

Nicolás Maduro, sin embargo, declaró feriado el próximo jueves 27 de febrero, para conmemorar el Caracazo de 1989. Sumado a los días de carnaval, 3 y 4 de marzo, serían prácticamente seis días de vacaciones. El ministro para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez, activará hoy el operativo Carnavales Chéveres 2014, “porque es un buen momento para salir al descanso, al encuentro familiar y a buscar ese momento de reflexión que requerimos siempre los seres humanos en nuestras vidas”, según explicó. Los opositores dicen que es una estrategia para que los jóvenes se vayan y se acabe la protesta.

Está por verse si los estudiantes abandonan las calles. En todo caso, el presidente ya empezó a bailar. Lo hizo en cadena nacional con su esposa, Cilia Flores. Mientras la cadena transmitía, se llevaba a cabo la velación de Geraldine Orozco, una joven asesinada con un disparo en la cabeza presuntamente por parte de un integrante de la Guardia Nacional.

En Caracas hay una creciente indignación. No se debe tanto al desabastecimiento, la inflación, la falta de oportunidades o el hundimiento económico del país, factores que detonaron las protestas y que no dejan de preocupar a los venezolanos. Lo que tiene indignados hoy a muchos son los asesinatos, las detenciones y las torturas de jóvenes que han salido a protestar.

Ayer, sorteando disturbios y barricadas en su carro, la diputada Delsa Solórzano, del partido socialdemócrata Un Nuevo Tiempo, hablaba sobre la situación de los detenidos: “Soy activista de vieja data y le aseguro que estamos en la peor crisis de derechos humanos en los últimos 15 años. Nunca hubo tanta represión en nuestro país como ahora. Con Chávez no mataban ni torturaban así a los estudiantes. Hasta ahora manejamos 500 detenciones de ciudadanos, pero hay más. Maduro dice que no hay torturas; es mentira. Tenemos testimonios de 18 personas, pero seguro hay más. La joven Geraldine Orozco falleció por tortura, porque cuando un miembro de la Guardia Nacional dispara perdigones a la cara, eso es tortura, y eso le produjo la muerte. El joven que acaba de fallecer porque dispararon contra su edificio: esa también fue una tortura. En el estado de Carabobo Juan Carrasco fue violado con el cañón de un fusil: eso es tortura. Hay quemados con gasolina, aplastados por camión, otros detenidos y los llevan a dar vueltas y luego los botan en plena carretera: eso es tortura”.

Liliana Ortega es la directora de Cofavic, una ONG que trabaja desde hace 25 años, a raíz del Caracazo, en el seguimiento del derecho a la vida y a la integridad personal. Ortega tiene preocupaciones: “La primera: el uso desproporcionado de la fuerza pública para controlar el orden público, especialmente en Táchira, Carabobo, Mérida, Aragua y la capital. Hemos visto una situación muy particular del uso desproporcionado de la fuerza, disparos a corta distancia han causado heridas muy serias. Por otro lado, existen más de 124 casos de tortura que han venido señalándose públicamente, no hay oficios que hayan levantado protocolos internacionales para investigar este tipo de delitos por parte de las autoridades. Tercero: los disparos indiscriminados contra residencias en Caracas, con bombas lacrimógenas y perdigones, que pueden causar daño importante. Cuarto, la presencia de grupos armados civiles que pareciera que gozan de la aquiescencia del Estado. Y una última: la criminalización de la protesta, la falta de debido proceso y las acusaciones desproporcionadas contra los manifestantes”.

En Caracas no hay muchas esperanzas de un diálogo político. Juan Requesens, el presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU), de la Universidad Central de Venezuela, fuma un cigarrillo sentado en las escaleras de la sede de la campaña de Henrique Capriles. “Este gobierno trata de generar más polarización, de llevar la situación a un enfrentamiento entre chavistas y opositores. Nosotros tenemos que ser claros con que esto no es un conflicto entre nosotros y los oficialistas. Es el gobierno el que está evadiendo sus responsabilidades con las fuerzas vivas del país. ¿Cómo vamos a dialogar mientras el gobierno está matando y metiendo presos a los estudiantes? ¿Cómo vamos a dialogar si no quiere un diálogo sincero y productivo para la reconciliación nacional? La única forma de acercarse sería la mediación. Se lo pedimos a la Conferencia Episcopal; la Iglesia tiene que pronunciarse sobre el tema. Mientras tanto, haremos resistencia”, dice.

Mientras esto sucede en Caracas, en los canales estatales de televisión hay otra realidad. Transmiten programas de cocina y viejas grabaciones del presidente Hugo Chávez o reseñan tímidamente lo que pasa en las calles. En palabras de Ortega, “hay una ausencia de la responsabilidad de informar, hay una situación de desinformación muy importante. Si bien hay redes sociales e internet, los de menos recursos siguen usando la televisión. Hay una ausencia de la información: una cosa es alarmar y otra es informar”.

Fabiana, una abogada desempleada, lo describía con más ímpetu: “Si esto hubiera pasado hace 20 años, cuando no había redes sociales, nadie en el mundo sabría qué pasa en Venezuela, porque en la televisión Venezuela es el país de las maravillas. Es Maduro en el país de las maravillas. Ya no hay canales de oposición o imparciales. Yo nunca había visto que un gobierno le mintiera tan de frente a su país”.

Tensión con EE.UU.

El mismo día en que el presidente venezolano propuso a Maximilian Arveláez, exembajador venezolano en Brasil,  como nuevo embajador en Estados Unidos, “como una muestra de su buena voluntad de diálogo”, según el gobierno, Washington anunció la expulsión de tres diplomáticos venezolanos, en respuesta a una medida similar adoptada por las autoridades de Caracas la semana pasada. Venezuela y Estados Unidos carecen de embajador desde 2010 y en 2013 reanudaron un diálogo para restablecer relaciones plenas, el cual fracasó en septiembre. Según el Departamento de Estado, “el intercambio de embajadores es una decisión mutua. Hemos dicho que estamos abiertos a un intercambio, pero Venezuela precisa mostrar seriedad sobre sus intenciones y su apertura para que una relación positiva se mueva hacia adelante”.

 

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@DanielSalgar1

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