Venezuela: del petróleo a Alepo

El gobierno de Maduro votó contra una tregua de siete días en Alepo para congraciarse con dos de sus grandes socios, China y Rusia. No es la primera vez: Chávez maldijo a Israel para ganarse el favor de los árabes.

Los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y Rusia, Vladimir Putin.
Los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y Rusia, Vladimir Putin.AFP

Este lunes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas votó una resolución que exigía una tregua de siete días en Alepo, bombardeada a diario por las fuerzas militares del presidente Bashar al-Asad. Entre 3.000 y 5.000 personas han muerto y más de 250.000 se encuentran en riesgo: no tienen medicamentos, ni hospitales, ni buenos alimentos. Doce países —entre los miembros permanentes y no permanentes— votaron a favor. Sin embargo, China y Rusia se opusieron: dado que tienen derecho a veto, con que dijeran que no era suficiente para anular la resolución. Pero un país más se les sumó en su oposición: Venezuela.

“Es un voto coherente con la política exterior hacia Oriente Medio de Venezuela desde la llegada de Chávez”, dice Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de la Universidad del Rosario. Venezuela participa hasta este año en el Consejo de Seguridad y, por su crisis económica —causada por el bajón de los precios del petróleo— y por el desbalance político que sufre Nicolás Maduro, su tendencia a buscar aliados exteriores —una suerte de bloque ideológico y también cooperativo— es cada vez más aguda. “Cuando se contempló la posibilidad de intervenir en Siria para derrocar a Al-asad —cuenta Jaramillo—, Venezuela habló siempre negativamente de esa posibilidad. Y ha enfatizado en que Damasco es de los pocos Estados que enfrenta verdaderamente el terrorismo”.

Rusia es el socio militar principal de Al-asad en la guerra en Siria. Sus aviones sobrevuelan hoy Alepo y atacan tanto a rebeldes como a civiles. Según cifras del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, 4.448 civiles han muerto a causa de los bombardeos rusos desde su entrada en ese conflicto, en septiembre de 2015. Desde Chávez, Venezuela ha buscado el favor de Rusia —y al gobierno de Vladimir Putin en particular— en busca de un sustento económico y también político.

Maduro siguió en esa misma línea. En febrero de este año, la estatal petrolera Pdvsa y su homóloga rusa, Rosneft, firmaron un acuerdo de inversión por US$500 millones. En julio firmaron nuevos acuerdos por US$20.000 millones. Acorralado por las sanciones de Occidente, la relación petrolera e ideológica le sirve también a Rusia. “Con Siria —dice Jaramillo— se ha insistido mucho en mantener la ofensiva que la ha permitido a Al-asad mantenerse en el poder. Para ello los bombardeos son indispensables y con cada tregua sienten que ceden terreno (así la misma sea urgente desde el punto de vista humanitario)”.

La estrategia venezolana de buscar apoyos foráneos en tiempos de crisis no es nueva. Chávez maldijo en una ocasión a Israel por la ocupación el territorio palestino (“eso le valió la admiración de muchos árabes”, dice Jaramillo) y expulsó al embajador israelí. El voto en contra de la tregua es también una caricia a la relación con China, con el que firmó acuerdos por poco más de US$2 mil millones en noviembre (por entonces, los representantes petroleros chinos visitaron Caracas).

El triángulo se completa con la relación entre China y Rusia, que en 2014 firmaron convenios por US$400.000 millones para el suministro de gas natural ruso y alimentos a China. Raymond Li, periodista de la BBC, dijo: “China también está enfrentando problemas económicos y también necesita la inversión extranjera y los nuevos mercados”. Aunque China también quiere mantener una relación directa con Occidente, sus ambiciones de dominar el mercado se atraviesan hoy con las intenciones de Donald Trump, que justamente quiere convertir a Estados Unidos en una gran industria personalizada que lleve la batuta. Necesita un socio: Rusia se presenta como un administrador perfecto.