Las víctimas invisibles

Cuando las Torres Gemelas se desplomaron, el 11 de septiembre de 2001, murieron 2.726 personas, un número que palidece si se compara con las víctimas de la nube tóxica que cubrió el sur de Manhattan.

Mientras Estados Unidos trata de cerrar las heridas abiertas por los atentados de Al Qaeda, en donde murieron casi 3.000 personas, diez años después los fantasmas del ataque terrorista aún persiguen a miles de víctimas. Las enfermedades mentales y respiratorias, al igual que los casos de cáncer, siguen en aumento entre todos los que estuvieron expuestos a la nube tóxica que cubrió Manhattan después de que las Torres Gemelas se vinieron abajo.

Édgar Gutiérrez, un estudiante de cocina del Sena, quien emigró a Nueva York hace 20 años, es sólo uno de los rostros de esa tragedia, que se calcula afecta a más de 60.000 personas. Con la mirada perdida y hurgando entre sus recuerdos, este colombiano comenta que, en cuestión de minutos, aquel 11 de septiembre, pasó de la gloria al infierno.

Esa mañana, Gutiérrez estaba lleno de felicidad porque luego de un año y medio de trabajar con la compañía Lackman Culinary Services, con sede en la Torre número 2 del World Trade Center de Nueva York, había sido ascendido al cargo de supervisor. “Era mi primer día en esa nueva responsabilidad y empecé con todo, hasta que vi la Torre 1 quemándose. Las imágenes de lo que viví en ese momento siguen en mi cabeza”, asegura el exempleado de las torres, en su apartamento de Jackson Heights, Queens.

“La vida me cambió totalmente. Antes me gustaba salir, bailar, hacer varias cosas. Ya no. Prefiero quedarme encerrado, aunque ya ni siquiera disfruto dormir, porque me despierto y tengo que tomar muchas pastillas”, dice Édgar Gutiérrez. Es tal el nivel de estrés emocional y el deterioro de su salud, que el colombiano cuenta que no sólo acude a terapia psicológica y toma medicamentos para la depresión y el insomnio, sino que cualquier situación cotidiana lo altera y revive lo que vivió el 11 de septiembre de 2001.

Después de ese día, Égdar padece de rinitis crónica, gastritis y problemas en una rodilla ocasionados por los golpes que sufrió al correr cuando intentaba salir de la zona de los atentados. “Si oigo ruidos muy fuertes me pongo nervioso. Cuando escucho que descargan los contenedores de desechos, me corre un frío horrible por el cuerpo. Las sirenas de ambulancias me ponen mal. En mi oído siempre está el estruendo que escuché cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo”.

Una década después, el colombiano considera que tras el impacto de las dos aeronaves contra los edificios hubo errores graves en la evacuación de los empleados. “Nos sacaron por una escalera superangosta que en los simulacros nunca nos dijeron que existía. Cuando estábamos bajando anunciaron que regresáramos a los sitios de trabajo, por lo que mucha gente se devolvió. Muchas compañías no dejaron salir a los empleados y varias personas quedaron atrapadas en los pisos altos”.

Édgar Gutiérrez se salvó de morir en las torres, pero terminó renunciando al mejor trabajo que había tenido en muchos años. Después de los atentados, la empresa lo trasladó a su sucursal en Long Island, en donde debía preparar la comida para los soldados que se iban a Afganistán. “Esto me puso peor. Me volví violento, tiraba las cosas, no resistí y renuncié”. Desde entonces nunca más ha tenido un trabajo fijo y, ya con los papeles en regla, se rebusca la vida con trabajos de medio tiempo.

Las otras víctimas

Aunque Nora Triviño no estaba en las Torres Gemelas el día de los atentados, también es una víctima. La colombiana fue una de las miles de personas que corrieron a trabajar al World Trade Center en la recolección de escombros y hoy tiene siete enfermedades respiratorias. “Ahora dependo de una máquina para respirar en la mañana y una máquina para respirar en la noche y camino con un bastón”, comenta la mujer, quien hace parte de la lista de 60.270 personas que según la Agencia Federal para el Control y Prevención de enfermedades, han tenido serios problemas de salud a causa del 9/11.

Miles de trabajadores, la mayoría latinos e ilegales, llegaron a la Zona Cero para trabajar en labores de limpieza, que se extendieron hasta mayo de 2002. Y se calcula que cerca de 150.000 trabajadores y habitantes de Manhattan inhalaron los restos de plomo, aluminio, titanio y otros metales que salieron al ambiente luego de que los edificios se vinieron al suelo. Ese polvo contaminó el aire, aunque Christie Whitman, directora de la Agencia Federal de Protección Medioambiental, dijera ocho días después de la tragedia que “el aire de la zona es seguro”.

A las pocas semanas de la tragedia, cientos de personas regresaron a sus casas y trabajos y nunca usaron máscaras de protección, porque las autoridades les dijeron que no era necesario. Lo peor de todo es que las secuelas siguen apareciendo en nuevos pacientes. Reportes del organismo federal señalan que desde diciembre del año pasado se han presentado 1.600 nuevos casos de afectados con problemas de salud como consecuencia de los ataques. Enfermedades respiratorias, de piel, estómago y nervios, en su mayoría.

James Zadroga fue el primer caso que se relacionó directamente con el polvo que quedó en Manhattan muchos días después de los atentados. Murió en enero de 2006 por envenenamiento pulmonar y cáncer. Para muchos especialistas, la conexión es innegable. Según investigaciones realizadas por hospitales como Mount Sinai, que estudiaron a 9.500 personas expuestas al ambiente de la Zona Cero de Nueva York, el 70% sufre enfermedades respiratorias, muchas de ellas crónicas. “No debería quedar ninguna duda respecto a los efectos sobre la salud del World Trade Center, hay gente que requerirá atención médica el resto de su vida”, explicó entonces Robin Herbert, codirectora del estudio.

“Lamentablemente esto no va a parar aquí. Vamos a seguir viendo más casos de personas enfermándose de cáncer, enfermedades en la sangre, cáncer en los huesos y personas que van a continuar experimentando enfermedades emocionales a causa del 9/11”, aseguró el concejal de Nueva York Ydanis Rodríguez.

Y aunque el gobierno federal aprobó a comienzos de este año US$4.000 millones para ayudar a las víctimas y las investigaciones sobre el tema, tanto Édgar Gutiérrez como Nora Triviño no son muy optimistas. Cerca de 7.000 trabajadores ya demandaron, pero el trámite, diez años después, no ha avanzado. Según Édgar Gutiérrez: “Habría que hacer un monumento más grande que el memorial de la Zona Cero para mencionar a todos los que desde ese día tenemos la vida afectada para siempre”.

Cronología

2003

20 de marzo

Comenzó la invasión de EE. UU. y el Reino Unido a Irak, con el propósito de encontrar armas de destrucción masiva.

22 de marzo

Tropas de EE.UU y el Reino Unido en Irak anuncian que controlan Basora y el puerto de Um Qasr, mientras las fuerzas especiales atacan desde Jordania. Bagdad, la capital, recibe su primer bombardeo a la luz del día.

23 de marzo

Hay 800 detenidos en El Cairo, Egipto, por hacer protestas masivas contra los ataques de EE. UU. a Irak. En la televisión iraquí aparecen cinco estadounidenses capturados y muertos.

31 de marzo

Primera gran batalla entre tropas élite de Sadam Hussein y soldados de EE. UU. en los alrededores de Kerbala, a unos 80 kilómetros de Bagdad. El ejército iraquí coloca baterías antiaéreas en casas de los habitantes de la capital.

6 de abril

Mil soldados iraquíes mueren tras la penetración de las tropas angloestadounidenses en la capital. Tropas británicas hallan cientos de restos humanos en una base iraquí al sur del país.

9 de abril

Aunque no se encontraron armas de destrucción masiva, la invasión de EE. UU. a Irak se convirtió en una guerra. El régimen iraquí, encabezado por Sadam Hussein, fue derrocado.

14 de abril

Tropas de EE. UU. entran en Tikrit, último bastión de Sadam Hussein. Milicianos kurdos aseguran haber detenido a un hermanastro de Hussein que escapaba a Siria.

15 de abril

Estados Unidos amenaza a Damasco con represalias por colaborar con Hussein. Washington dice que Siria es un “Estado terrorista” que fabrica armas de destrucción masiva.

11 de septiembre

Se cumplía el plazo para pedir indemnizaciones al Gobierno estadounidense por parte de familiares de quienes fallecieron en los ataques a las torres gemelas. A la fecha, 2.833 personas habían sido indemnizadas.

14 de diciembre

Capturan a Sadam Hussein. Según el Pentágono ocurrió a las 20:30, hora de Bagdad, en una vivienda de adobe en las afueras de la comunidad de Adwar, a la orilla del río Tigris.

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