La vida después de Guantánamo

Por las calles de Montevideo seis presos del campo Delta en Cuba, detenidos durante años sin un proceso judicial, comienzan a adaptarse a la libertad.

El informe elaborado por el Congreso de Estados Unidos sobre las torturas que utilizó la CIA tras los atentados contra las Torres Gemelas en 2001 han suscitado muchas preguntas en la comunidad internacional. “No se trata de nuestros enemigos, se trata de nosotros. Se trata de lo que hemos hecho, lo que somos y lo que queremos ser", resumió punzante el senador republicano John McCain, de 78 años. Al elogiar el reporte este veterano senador, excandidato presidencial, pronunció una vibrante diatriba contra la tortura, de la que él mismo fue víctima como prisionero de la guerra de Vietnam.

McCain subrayó también cómo su país no puede esquivar la ráfaga de cuestionamientos que todavía subsisten sobre los efectos del 11 de septiembre y la estrategia adoptada luego por la Casa Blanca, y apoyada también por el Congreso, los medios, los partidos, parte de los intelectuales y asumida en forma pasiva por una opinión pública que tradicionalmente no cuestiona la política exterior. "¿Cuáles eran nuestras políticas? ¿Cuáles nuestros objetivos? ¿Qué resultados obtuvimos? ¿Salimos fortalecidos? ¿Debilitados? ¿Esas políticas tienen algún impacto todavía?", señaló.

"La verdad es a veces una píldora difícil de tragar. En ocasiones nos pone en dificultades, en casa y fuera del país. Puede ser usada por nuestros enemigos, pero los estadounidenses tienen derecho a ella, a pesar de todo", advirtió.

Privación del sueño, aislamiento y confinamiento, simulación de ahogamiento: el informe parlamentario es una requisitoria implacable contra los métodos usados por la CIA contra un centenar de detenidos, en el marco de un programa secreto que incluía los llamados pozos “negros”, fuera del país. El documento hace también un balance implacable sobre la ineficacia de esos interrogatorios, que "en ningún momento" permitieron obtener informaciones sobre amenazas de atentados inminentes.
¿Este informe marcará -como lo espera el secretario de Estado John Kerry, el fin de un capítulo de la historia estadounidense? Nada es menos seguro. Aunque no son homogéneas, como lo prueba la posición de John McCain, las divisiones según las líneas políticas siguen siendo profundas. El senador republicano Saxby Chambliss criticó la publicación del informe, afirmando que "reabre viejas heridas", deplorando que cuando "el mundo arde" una comisión haya consagrado cinco años y 40 millones de dólares a un programa que ha terminado hace más de ocho años.

Pero esta inmersión en el pasado suscita también interrogantes sobre el futuro. Varias organizaciones de defensa delos derechos humanos, con Amnesty International a la cabeza, reclaman que se juzgue a los responsables de las torturas, un extremo descartado por el departamento de Justicia. En un minucioso editorial sobre las “mentiras” de la CIA, el New York Times anticipa, y lamenta, que el documento probablemente no tenga consecuencias. "Los republicanos, que controlarán pronto el Senado, criticaron el informe, como si hablar de la tortura, y no la tortura en sí, fuera nefasto para el país". Más allá del problema de la tortura, la onda expansiva provocada por esta investigación realizada durante tres años por la comisión de Inteligencia del Senado, podría también contribuir a alimentar otros debates.

El aparato de inteligencia estadounidense, cuyo alcance fue revelado por Edward Snowden, provocó estupor en Estados Unidos y en el mundo, continúa siendo un tema sensible. Un proyecto de reforma que busca actualizar y modificar la Patriot Act, la ley aprobada con urgencia luego de los atentados del 11 de setiembre, fue bloqueado a mediados de noviembre por los republicanos en el Senado. Según Micah Zenko, del Council on Foreign Relations (CFR), un centro de análisis con sede en Nueva York, ahora los líderes estadounidenses deben mostrar más transparencia sobre otro caso de la "guerra contra el terrorismo": el programa de eliminación "específica" de sospechosos por medio de drones, en Pakistán, Somalia o Yemen. "Si los 119 detenidos que fueron sometidos al programa de interrogatorios secretos merecen que se diga la verdad, ¿los 3.500 muertos por ese medio no lo merecen también?", inquirió.

Paseando en Montevideo

Mientras tanto, seis expresos de Guantánamo, detenidos durante 12 años sin un proceso judicial, fueron liberados y llegaron a Uruguay. En Guantánamo también hubo tortura, han denunciado organismos de derechos huamnos. “Ya está caminando libremente por al ciudad”, dijo a la AFP Gabriel Melgarejo, secretario ejecutivo de la central sindical Pit-Cnt, que se ofreció para albergarlos y apoyarlos en sus primeros dos meses en el país. “Están exultantes. Tienen ansiedad de caminar, recorrer y conocer”, indicó. Según fotos difundidas por el diario El Observador, los refugiados caminaron por la costa montevideana y por la principal avenida céntrica e hicieron compras en un supermercado, siempre escoltados por miembros de la central sindical, que se turnan para acompañarlos.

Aunque en un principio contarán con traductores para ayudarlos en su inserción, este viernes los liberados -cuatro sirios, un palestino y un tunecino- comenzaban con clases de español. Melgarejo destacó que hubo traductores y profesores que se ofrecieron a ayudarlos en forma honoraria, además de empresarios que ya ofrecieron trabajos para los refugiados, una vez estén adaptados al país."Hay gente que ofrece campos para trabajar, un empresario que dijo para que fueran a trabajar a un restaurante, un dueño de una flota de taxis ofreció trabajo como taximetrista", contó.

A su llegada, en medio de un estricto operativo de seguridad, los exreclusos fueron llevados al hospital Militar de Montevideo para un chequeo médico. Allí permanecieron hasta cuando fueron trasladados a la vivienda transitoria donde están actualmente. Pese a que las autoridades señalaron que no habría acceso a los refugiados, y aunque éstos no han hablado directamente con la prensa, pronto se difundieron fotos en las que se los ve saludando desde un balcón de la vivienda donde están alojados. Los exdetenidos gozan de buena salud, han asegurado sus abogados en los últimos días. Solo uno de ellos, Jihad Diyab, quien se había declarado en huelga de hambre y era alimentado a la fuerza en la prisión, "está en una fase de recuperación", explicó Melgarejo. "Su relación masa corporal-peso está todavía desfasada, camina con muletas, pero está con muy buen ánimo", destacó.

Los refugiados -que llevaban más de 12 años en Guantánamo- llegaron al país a instancias del presidente José Mujica, un exguerrillero que vivió en carne propia un largo cautiverio en condiciones infrahumanas y que accedió a un pedido de su par estadounidense, Barack Obama, alegando razones humanitarias. Mujica aún no ha visitado a los excarcelados. El traslado de presos a Uruguay es el primero desde Guantánamo a un país sudamericano y el segundo a Latinoamérica, después de que El Salvador acogiera en 2012 como refugiados a dos presos uigures, que luego abandonaron el país.En la controvertida prisión, inaugurada en 2002, quedan 136 detenidos, de los cuales 67 fueron calificados como “liberables”.