La vieja izquierda de Uruguay

El 30 de noviembre, el expresidente uruguayo apostará por la continuidad del Frente Amplio.

Montevideo, 31 de octubre de 2004: la investidura de Tabaré Vázquez como presidente. / AFP

Tabaré Ramón Vázquez Rosas obtuvo la mayoría absoluta en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Uruguay en 2004. Marcó la llegada del primer gobierno de izquierda a un país controlado por un bipartidismo centenario. El Partido Nacional y el Partido Colorado, que fracasaron en aquellos históricos comicios, eran las fuerzas tradicionales que se habían alternado el poder durante 174 años. La llegada de Vázquez, no obstante, no era la repentina aparición de una fuerza política opositora, sino la consolidación de un proyecto pluralista y moderado iniciado desde 1971: el Frente Amplio.

Para abrirse paso entre los partidos tradicionales, el Frente Amplio tuvo que ajustarse a lo que algunos llaman una “moderación ideológica y programática”, es decir, combinar su firme oposición a las políticas de los gobiernos anteriores con la moderación de sus programas de gobierno y alianzas con diversas fuerzas políticas, incluidos algunos sectores de los partidos tradicionales, cristianos y fuerzas de centro izquierda. Una estrategia que tuvo como arquitecto y protagonista a Tabaré Vázquez y que finalmente le sirvió al Frente Amplio, y aún le sirve, para hacer crecer su electorado.

Vázquez asumió la Presidencia con un programa socialdemócrata y, como primera muestra de su pragmatismo, tuvo como fórmula vicepresidencial a Danilo Astori, un economista de centro izquierda que tranquilizó a los sectores empresariales y anuló los esfuerzos de los partidos tradicionales por generar inseguridad en los votantes. Pero para 2004, Vázquez ya era un referente histórico y había roto con la tradición electoral, porque desde febrero de 1990 había encabezado el gobierno municipal de Montevideo, como el primer alcalde de izquierda en la historia de la capital, donde se concentra más de la mitad de la población del país.

Los buenos resultados obtenidos en su gestión como alcalde se sumaron a un descontento generalizado por la crisis económica que empezó a golpear al país en 1991, vista como una consecuencia de las políticas del gobierno central orientadas hacia la liberalización económica. La conjunción de estos factores mostró a Vázquez como el candidato óptimo del Frente Amplio para las presidenciales de 1994.

En esos comicios no alcanzó la Presidencia, pero su derrota fue vista como un avance inédito: logró incorporar a una décima parte del electorado, pasando de 21% a 31%. Lo intentó de nuevo en 1999 y fue vencido en segunda vuelta por Jorge Batlle. Sin embargo, siguió impulsando la fórmula de lograr unidad en la diversidad para fortalecer su partido, actualizar la ideología, moderar el programa y ampliar las alianzas, hasta que se hizo con la Presidencia en 2004.

Dadas las diversas fuerzas del Frente Amplio, sus grandes promesas no consistían en un cambio abrupto de las políticas económicas ni en una declarada lucha contra las oligarquías, sino más bien en un discurso moderado y en lo que él llamó una “utopía realizable”. “Si algunos piensan que tras llegar al poder vamos a cambiarlo todo de la noche a la mañana, más vale que no voten por nosotros”, fue su consigna electoral.

Esa larga historia y compleja conformación pluralista del Frente Amplio, así como la estrategia moderada de Vázquez y su programa socialdemócrata, impiden que la izquierda uruguaya se pueda meter fácilmente en el paquete de las nuevas izquierdas latinoamericanas, más cercanas al populismo y marcadas por el rechazo a las políticas del consenso de Washington que por propuestas programáticas originales y efectivas.

Antes de la política, la vida de Vázquez oscilaba entre sus dos pasiones: el fútbol y la medicina. Había nacido en un barrio obrero de los suburbios de Montevideo, el 17 de enero de 1940. Trabajó como carpintero, empleado de almacén, vendedor de diarios y hasta vidriero, mientras obtenía su diploma como doctor en medicina. Luego se especializó en oncología y radioterapia. Esta formación, sumada a la muerte de sus padres por cáncer, sería clave después para su gestión como presidente, durante la cual convirtió su lucha contra el tabaquismo en una política de Estado. Uruguay se convirtió desde 2006 en el primer país latinoamericano en prohibir el cigarrillo en espacio públicos.

No obstante, Vázquez también tomó decisiones polémicas en el campo de la salud, porque durante su gobierno fue vetada la ley que legalizaba el aborto, un proyecto que luego fue aprobado en la administración de su sucesor, José Mujica, también del Frente Amplio.

Las primeras aventuras políticas de Vázquez tuvieron que ver con el fútbol. En 1978 fue elegido vicepresidente del Club Atlético Progreso y un año después asumió como presidente de la institución. Durante su gestión llevó por primera vez al equipo desde la tercera división a ganar el campeonato uruguayo de fútbol profesional. Después de ese triunfo, en 1989, a sus 40 años, decidió pasar a la política, a la Alcaldía de Montevideo y a la Presidencia de la República.

Entre sus políticas más exitosas, además de la Ley Antitabaco, estuvieron la lucha contra la pobreza y el llamado Plan Ceibal, por el cual todos los niños que asisten a escuelas públicas obtuvieron un computador portátil, una iniciativa que inspiró programas similares en otros países de la región.

A Vázquez le hubiese sido muy fácil reelegirse. Al terminar la presidencia en 2010, gozaba de una popularidad superior al 60%, una cifra sin precedentes que lo convertía en un candidato imbatible. Aunque se generó un movimiento reeleccionista, éste no tuvo éxito en promover una reforma a la Constitución, que prohíbe la reelección inmediata. Hoy Vázquez luce imperturbable a sus 74 años, confiado en sus logros, su experiencia y su prestigio para lograr la victoria en la segunda vuelta electoral el 30 de noviembre.

Ha dicho que en su segunda presidencia buscará consolidar las políticas de su gobierno y las de Mujica, que permitieron una estabilidad económica, recortar la pobreza a menos del 12% y la aprobación de iniciativas progresistas como el matrimonio del mismo sexo y la legalización de la marihuana. El candidato ha ofrecido a los votantes continuidad, asegurando que pondrá a dirigir la economía a los mismos que han estado haciéndolo con éxito los últimos diez años, aunque también promete algunas reformas en políticas educativas y de seguridad.

 

 

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Daniel Salgar Antolínez

El Mundo

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