Las voces víctimas de Eta

Han sido 829 muertos en 43 años de historia. Son 829 familias rotas que, a pesar del daño sufrido, no han recurrido a la venganza y han esperado que la justicia diera una respuesta proporcionada a los crímenes que destrozaron sus vidas.

Hay víctimas de todas las ideologías y con puntos de vista diferentes sobre el cese definitivo de la violencia que Eta anunció. Para algunos es un cierre en falso, que no acaba con las reivindicaciones políticas de la organización terrorista y de los colectivos sociales que la apoyan y que no implica una entrega de armas y la disposición de sus miembros huidos a ser juzgados por sus delitos.

Otros se muestran mucho más posibilistas. Hablan de la ‘generosidad’ que los demócratas deben mostrar hacia ellos a partir de ahora, pero no a cualquier precio. Todos reivindican que Eta reconozca el daño sufrido y les pida perdón de forma expresa para lograr una completa reconciliación.

Josu Puelles recuerda cada momento del día en que Eta mató a su hermano, Eduardo, inspector de la brigada de información de la Policía, en Bilbao, el 19 de junio de 2009. “Desde la llamada de mi madre hasta las primeras imágenes en televisión. Fue una jornada tan desgraciadamente especial que no se borra. Y debe ser así, porque el día que no me acuerde será malo para todas las víctimas”, dice.

Josu considera que el cese definitivo de la violencia anunciado por la banda no es el fin del terrorismo que esperaban las víctimas. “Es el que soñaban los terroristas. Vamos por el camino de la impunidad, del olvido, de la equidistancia. Lo que ellos quieren”.

A lo largo de los 400 kilómetros que tuvo que recorrer para ver el cadáver de su hermano, Ramón, Pedro María Baglietto pasó por todos los estados de ánimo esa noche de mayo de 1980. “Desde el instinto animal, que me impulsaba a coger una metralleta, hasta la tristeza”, asegura. Pero al llegar, cuando se reencontró con sus familiares, los abrazó y les dijo: “Tenemos que perdonar”. Así hasta ahora.

Porque Pedro María está convencido de que el terrorismo etarra “es un problema entre primos, hermanos y parientes”. El número dos de Eta en tiempos del atentado de su hermano era Eugenio Etxebeste, Antxon, primo de ambos. “Su abuela era hermana de mi padre”, recuerda. Por esa razón, cinco años después le escribió una carta en la que invitaba al dirigente etarra a la reflexión y le ofrecía su “abrazo conciliador”.

“Yo, personalmente, di el público perdón y estoy dispuesto a hacerlo todo por la reconciliación, pero si nosotros vamos a ser generosos, ellos también deben lamentar no haber entrado en las instituciones hace 30 años, con lo que hubieran evitado casi mil muertos”, es la voz de Pedro.