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Yemen: una lucha antiterrorista que suena a fracaso

Como Irak, Yemen se convirtió en un campo para que Estados Unidos y Gran Bretaña enfrentaran a los extremistas. Un atentado del Estado Islámico, que deja hasta ahora 71 muertos, sugiere su inoperancia.

Restos del atentado de este lunes en Adén, que dejó cerca de 100 heridos. AFP

Este lunes fueron asesinadas 71 personas en Adén, la segunda ciudad más grande de Yemen (sur del Golfo Pérsico). El responsable fue un militante del Daesh (o Estado Islámico) que se coló con su carro de repartos en una escuela donde el Gobierno central —que se estableció en esa ciudad— reclutaba a jóvenes yemeníes y se explotó en el patio central. Hubo cerca de 100 heridos. El ataque no es una sorpresa en un país que enfrenta al mismo tiempo dos conflictos: por un lado, entre el gobierno oficial de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi y los rebeldes hutíes (que lo desplazaron de Saná, la capital), y por otro, entre los ejércitos yihadistas y el Gobierno.

Ambos conflictos producen un caos que convierte a Yemen en un cultivo dispuesto para los extremistas.

Los jóvenes asesinados iban a entrar a las filas del Ejército oficial, que desde marzo de 2015 lucha contra los rebeldes hutíes. Sin embargo, un segundo conflicto los arrasa de la tierra: la ambiciones del Estado Islámico, con sede central en Siria e Irak, de extender su influencia hacia el Golfo Pérsico. Su fuerza es intermitente pero certera: en mayo de este año, en un doble atentado, asesinaron a más de 40 personas en Adén; en marzo de 2015, a través de cuatro ataques simultáneos, asesinaron a 142 en Saná. Detrás de la debilidad del sistema oficial de contraterrorismo están Estados Unidos y Reino Unido, que desde principios de la primera década de 2000 han entrenado a las tropas paramilitares y a las fuerzas armadas yemeníes.

El Estado Islámico no está solo en su lucha extremista. Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) ha cometido numerosos atentados en el país y cada vez tiene más fuerza en el sur y sureste del país, pese a que las fuerzas paramilitares ya habían eliminado entre 2003 y 2005 a buena parte de los integrantes de ese grupo, por entonces llamado Al Qaeda en Yemen. Según la oficina de contraterrorismo de EE.UU., AQAP fue el responsable del atentado contra la revista Charlie Hebdo en París y causó 52 muertos en un ataque en Yemen en 2013. Y se ha convertido en los últimos años en un dolor de cabeza para los ejércitos contraterroristas, que no sólo no han podido detenerlo sino que le abrieron el espacio para que enraizara entre algunas tribus.

De acuerdo con Jack Watling y Namir Shabibi, que escriben para Foreign Policy, “los errores cometidos en Yemen —donde entrenadores militares fueron puestos en servicio sin consideración por las dinámicas de la política local— proveen una clara demostración de las consecuencias accidentales de una aproximación militar a la guerra contra el terror”. Según los periodistas, Estados Unidos y Reino Unido desdeñaron la separación intrínseca que había entre el Gobierno central y las tribus regadas a lo largo del país, y además ató numerosos recursos a la lucha contra Al Qaeda. De modo que, en muchos sentidos, al gobierno del presidente que presidió a Hadi, Ali Abdallah Saleh, le convenía más que la guerra continuara —porque seguiría la transacción de recursos militares— a que se terminara.

Los recursos también fueron mal distribuidos. En medio de la guerra contra AQAP, los militares tuvieron que enfrentarse a un nuevo reto: el levantamiento de los hutíes y el desgajamiento del gobierno central, que escapó hacia Adén y pidió ayuda militar —además de su eterno socio, Estados Unidos— a Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita (que hasta hoy lo apoyan con bombardeos). El desgajamiento se produjo, en parte, porque el gobierno de Hadin, que era un gobierno de transición, se debilitó institucionalmente en medio del avance de los hutíes y de los grupos yihadistas. El dinero que se invirtió en armamento y entrenamiento, no se invirtió también en una transición política plausible. Es decir, en formar instituciones fuertes que resistieran tras el desencantamiento masivo de la Primavera Árabe. Y la estrategia dio sus malos frutos: cayó el gobierno de Saleh y se fugó el gobierno de Hadin.

En medio de la guerra contra los hutíes, el Gobierno central ha atentado contra civiles, acciones que los grupos yihadistas han aprovechado para determinar su influencia. De acuerdo con Foreign Policy, buena parte de su base popular se formó en las tribus y en algunos líderes religiosos que los vieron como una salida próxima al Gobierno. La respuesta del centro hacia las regiones ha sido insuficiente. Y en ese campo sembraron los yihadistas.