Ocurrió hace 18 años
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El secuestro y cautiverio de Ingrid Betancourt, según las Farc

El antiguo Bloque Oriental de las Farc narró que el secuestro de la excandidata presidencial se desarrolló en tres momentos. Aceptaron que en algunos momentos estuvo encadenada y se presentaron dificultades en la alimentación y la salud, por las largas jornadas de caminata para huir del cerco del Ejército.

Ingrid Betancourt durante su cautiverio.Archivo

“Con la reconstrucción del caso de Ingrid Betancourt buscamos no solamente responder a sus demandas específicas, sino también, en la medida de lo posible la de otros políticos que estuvieron retenidos por un largo periodo de tiempo”. Con este mensaje, los exintegrantes de las Farc comienzan su versión colectiva sobre lo que sucedió con la excandidata presidencia entre febrero de 2002 y julio de 2008. “Queremos reconocer los graves impactos que generamos en sus vidas. Nunca podremos devolverles el tiempo que perdieron en las selvas colombianas”, cierra la intervención en la que pidieron perdón a la sociedad.

(Vea también: La versión de las Farc sobre el secuestro)

El caso Ingrid Betancourt hace parte de los cinco capítulos documentados por el antiguo Bloque Oriental de las Farc, a petición de la JEP en el capítulo correspondiente al secuestro. En términos generales, la evaluación abarca las tres etapas en las que se desarrolló el cautiverio de la excandidata presidencial. De febrero de 2002 a agosto de 2003, cuando estuvo en poder del Bloque Sur, en el Caquetá. La segunda de agosto de 2003 a octubre de 2004, cuando pasó a la custodia del Bloque Oriental. Y la última de octubre de 2004 a julio de 2008, cuando finalmente fue liberada por el Ejército en la Operación Jaque.

Hace justamente 18 años, el 23 de febrero de 2002, en la vía entre Florencia y San Vicente del Caguán, Ingrid Betancourt fue retenida junto a Clara Rojas. Tres días antes, el presidente Andrés Pastrana había puesto fin a los diálogos de paz en el Caguán, y las dos mujeres fueron retenidas en un sitio conocido como El Líbano (corregimiento de la Unión Penaya) del municipio de la Montañita, en Caquetá. Las primeras semanas fueron de movilidad constante y en esta primera etapa, Ingrid Betancourt y Clara Rojas intentaron fugarse al menos en dos ocasiones, ante lo cual las Farc tomaron medidas extremas para evitarlo.

En su evaluación del caso, las antiguas Farc manifestaron que fue necesario relevar los mandos encargados de las retenidas, desde la perspectiva de que no se podía permitir la muerte de Ingrid Betancourt por su altísimo costo político. En tal sentido, para evitar fugas fue necesario el uso de cadenas, especialmente en las noches. En ese primer periodo se enviaron tres pruebas de supervivencia, y durante un encuentro con el comandante Joaquín Gómez, las dos mujeres expresaron sus reclamos por las dificultades para asearse en público y la vulnerabilidad que le significaba el constante paso de animales y otros azares de la selva.

Por eso se construyeron dos casas de madera, en las que solo podían entrar Ingrid Betancourt y Clara Rojas. Sin embargo, dice las Farc, ante la presión militar hacia agosto de 2003 fue necesario enviarlas al Bloque Oriental, a una zona donde las comunicaciones estaban prohibidas por riesgos de seguridad. En consecuencia, a mediados de 2004 fue necesario quitarle los radios en los que escuchaban noticias porque la Fuerza Pública podía ubicar los campamentos. Según las Farc, el jefe del Bloque Oriental Jorge Briceño, quien fue conocido como el Mono Jojoy, las visitó y, junto a Luis Eladio Pérez, le dieron una lista de solicitudes.

Las Farc relataron que los requerimientos, que incluían cremas solares y antiarrugas les fueron entregadas en distintos momentos. El campamento quedaba entre el río Tunia y el río lobos, 10 minutos de un caño que la guerrilla bautizó como “el caño de la cárcel”. Era una instalación de madera con techo de zinc, con camarotes en su interior y colchonetas individuales. A un lado estaban siete políticos y tres norteamericanos y al otro 27 militares y policías junto a Alan Jara. En total eran 38 retenidos en ese lugar. Por fuera de los dormitorios había un patio para lavado, tendido de ropa, o hasta para ejercicios de yoga.

Hacia octubre de 2004, ante la proximidad del Ejército, que estaba a solo 10 minutos del campamento, se dio la orden de evacuar a los prisioneros. Fueron remitidos a un lugar conocido como Pollo Gordo, donde la comandancia del Frente 7 distribuyó a los prisioneros. En ese momento se inició lo que los secuestrados calificaron después como “la marcha de la muerte”, un recorrido de mes y medio entre operativos y bombardeos militares. En algunos casos, los retenidos tuvieron que ser cargados en hamacas, entre ellos el coronel Luis Mendieta y la propia Ingrid Betancourt. A la marcha se sumo un crudo invierno llamado “la creciente de los muertos”.

En ese duro periplo los prisioneros marcharon encadenados, de a tres, para evitar fugas o incidentes. Además, los rodeaban cuatro escuadras guerrilleras durante los recorridos. En ese momento, el Plan Patriota (eje militar de la Seguridad Democrática del gobierno Uribe) arreciaba en el Guaviare, y particularmente el grupo en que quedó Ingrid Betancourt tuvo que moverse permanentemente en el área selvática entre los ríos Inírida, Vaupés y Apaporis. Inicialmente Ingrid Betancourt fue separada de los demás con guardias mujeres. Era la única. Pero a petición de ella misma, según la antigua guerrilla, la volvieron a juntar con los demás.

Eso implicó que tuviera de nuevo guardias hombres. “Este hecho pudo generar incomodidad a Ingrid Betancur en momentos del baño o de hacer sus necesidades, pero no podíamos dejarla hacer esas actividades sin guardia, más cuando ella había aprovechado en el pasado momentos así para tratar de fugarse”, se lee en el documento de análisis de las Farc. Era una época en la que no se podían quedar más de dos noches en un mismo sitio y el Ejército llegó a estar a 200 metros. Eran rutinas que se iniciaban a las 6 de la mañana y terminaban a las 10 de la noche.

Al terminar la jornada diaria se ubicaba el área para pernoctar, con una zona para los retenidos y otra para la guerrilla. Cuando había la oportunidad de quedarse varios días, se construía un entablado debajo de las camas para evitar el lodo. Sin embargo, solo en cinco o seis veces fue posible hacerlo. Los retenidos se quejaron porque muchas veces encima de sus caletas había nidos de hormigas congas, cuyas picaduras podían causar la muerte. El documento dice que esto sí sucedió a menudo, pero a veces en las noches era imposible detectarlas. Si alguno era picado, los enfermeros les aplicaban antinflamatorios.

El relato de las Farc señala que inicialmente se usaron las cadenas, pero que por el contexto político y militar fue necesario retirarlas, pues podían dificultar la huida ante eventuales emboscadas. En cambio, en las noches, especialmente tras la fuga del policía John Frank Pinchao y el intento de fuga de Ingrid Betancourt y Luis Eladio Pérez, su uso fue obligatorio. Este último intento de fuga condujo a las Farc a que durante casi mes y medio ambos mantuvieran encadenados. En otra ocasión se les quitaron las botas. Su versión es que era un ejercicio de aseguramiento, pues en las eventuales fugas podían perder la vida.

Las Farc siempre tuvieron claro que Ingrid Betancourt y sus compañeros de cautiverio eran una carta fundamental para la negociación del canje humanitario. Pero eso no fue lo peor, según las Farc, por los operativos militares hubo dificultades para el abastecimiento de alimentos y medicamentos. Por eso, en algunas ocasiones, tuvieron que comer alimentos ligeramente pasados, aunque no había distinciones entre retenidos y guerrilleros. En cuanto a la salud, eran comunes las enfermedades como la leishmaniasis o la malaria, y aunque habitualmente tenían medicinas en sus botiquines, también hubo que apelar a remedios naturales.

El documento de las Farc detalla la discusión nacional, política y jurídica que empezó a darse respecto al intercambio humanitario de prisioneros, con la certeza de que Ingrid Betancourt era una de las personalidades públicas más influyentes que tenían en su poder. La presión nacional e internacional representaba para las Farc que mantenerla cautiva era una ventaja militar. Finalmente, el 2 de julio de 2008, Ingrid Betancourt fue liberada junto a otros 14 secuestrados (entre los que estaban los contratistas estadounidenses y militares) en la Operación Jaque.

La versión de las antiguas Farc es que se hizo a través de una operación militar encubierta “en la que el Ejército colombiano se hizo pasar por la Cruz Roja para rescatar a los prisioneros”. Y a renglón seguido el documento añade: “esta operación tuvo un fuerte impacto en la confianza que habíamos venido desarrollando como organización en las entidades que habían intermediado en las liberaciones unilaterales, como era el caso del CICR. De igual forma, retrasó las demás liberaciones de los prisioneros en nuestro poder en esa época.

A manera de reflexión final, los dirigentes de las Farc expresaron su solicitud de perdón a Ingrid Betancourt y Clara Rojas, dejando claro que con su relato no buscan justificar lo que sucedió, sino explicar las circunstancias específicas en que tuvieron lugar los hechos. “Somos conscientes de las graves afectaciones que se les generaron como consecuencia de este hecho (…) Creemos que es importantes este esclarecimiento de verdad, tanto para las dos víctimas relacionadas con este caso, como para otras personas, que se pudieron ver afectadas directa o indirectamente por hechos de retenciones, a las que también solicitamos perdón”.

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Redacción Investigación - [email protected]

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El secuestro y cautiverio de Ingrid Betancourt, según las Farc

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