La incesante búsqueda del niño de Tocaima

Óscar Reyes no sólo ha emprendido una monumental batalla por encontrar a su pequeño de cuatro años, sino que también se enfrenta a la “indiferencia” de algunas autoridades.

Óscar Reyes ingresa al cuarto del pequeño Daniel todos los días y no pierde la esperanza. / Luis Ángel

Hace un mes Óscar Reyes perdió a su hijo de cuatro años en un trágico accidente que nadie se alcanza a imaginar. Las aguas de la quebrada Acuatá, en las afueras de Tocaima (Cundinamarca), inundaron su vehículo. Su esposa y su hija se alcanzaron a salvar. Pero al pequeño Daniel la fuerza de la corriente lo arrastró y está desaparecido. Desde entonces, Óscar inició una titánica labor para hallarlo. Al comienzo, las autoridades intentaron el rescate, pero las semanas empezaron a pasar y el asunto quedó en el olvido. Hoy, este hombre y su esposa Rosmary Bello son unos padres desconsolados que sin apoyo y con sus propios recursos buscan a su hijo.

Un drama que comenzó cuando la familia Reyes Bello empacó lo necesario para pasar —como es habitual— cada puente en la casa de descanso de los suegros maternos en Tocaima . Óscar, junto con su esposa y sus hijos Sofía y Daniel, de siete y cuatro años de edad, salieron a las 6:00 de la tarde del 15 de noviembre desde el barrio Ciudad Salitre de Bogotá, con destino a ese municipio.

Luego de más de tres horas de viaje, en una camioneta Toyota Prado, se encontraron nuevamente con la quebrada Acuatá, aguas que Óscar había atravesado por cerca de 20 años sin contratiempos. Según él, hasta entonces, “ni siquiera se mojaba un rin”. Sin embargo, ese sábado 15 de noviembre, cerca de las once de la noche, la naturaleza les hizo una mala jugada. Una creciente de agua arrastró el vehículo un kilómetro, golpeándolo contra rocas y palos, causando que la ventana trasera derecha se rompiera. En cuestión de segundos se inundó. Óscar quiso poner a su familia a salvo, trató de tomarlos a todos, pero no supo más de Daniel. “La fuerza del agua nos separó. Mi hijo se nos perdió”, señala. “Lo que dice la gente de allá es que el agua venía de la cordillera, no era del pueblo. Justo en el momento en el que pasábamos por la quebrada se nos vino esa avalancha”. La camioneta quedó encallada al margen izquierdo del estrecho. Sofía logró llegar hasta una vivienda cercana, embarrada de pies a cabeza y así dio aviso de la emergencia.

Testigos del suceso llamaron al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tocaima, conformado por ocho unidades activas, de las cuales se destinaron cuatro integrantes para dar respuesta a la emergencia. Según su comandante Gabriel Saldarriaga, hicieron presencia en la zona ayudando a la familia a buscar al menor. La oscuridad de la noche y la crecida de la quebrada dificultaron las labores de rescate, por lo que fueron suspendidas.

El domingo 16 de noviembre se reanudó la misión de encontrar a Daniel “con los cuatro voluntarios, mi suegro y yo”, comentó Reyes, sin lograr dar con el paradero de su hijo. El lunes siguiente había más organismos en la zona, incluyendo Ponalsar, un grupo de la Policía Nacional especializado en búsqueda y rescate, miembros de la Defensa Civil con su unidad canina, la Cruz Roja, integrantes del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres, de la Gobernación de Cundinamarca, miembros de la concesión Devisab y trabajadores del Hospital Marco Felipe Afanador de Tocaima, pero sus esfuerzos no dieron resultados y la Cruz Roja decidió retirarse, al igual que varios miembros de otros organismos. “Dijeron que son voluntarios, hay tiempo comprometido y no hay recursos. Simplemente se fueron”.

La familia Reyes Bello recibió ayuda de allegados, quienes preocupados por la suerte del pequeño Daniel les facilitaron cuatro caninos de la Fuerza Aérea para que dieran con el paradero del niño. Los gastos de ese grupo especial de perros “fueron pagados por cuenta propia”, aseguró el padre del menor. Para el miércoles, “las autoridades del municipio nos abandonaron porque no había más presupuesto para apoyarnos. El grupo de perros también se fue. Por medio de nuestros familiares y amigos pudimos hablar con cuatro personas de la Defensa Civil para que nos colaboraran. Los llevamos a la zona, también por cuenta propia. Buscamos durante dos días, pero no lo encontramos”, dijo con una profunda tristeza que se siente en su voz al contar su tragedia. “Los padres de familia del colegio de mi hijo me contactaron con gente del CTI de la Fiscalía para que colaboraran en el operativo, pero no lo hallaron y también se fueron, estoy desesperado”.

El viernes 21 de noviembre Ponalsar se retiró de la exploración “porque no tenía personal”, según el señor Reyes; los miembros de la Defensa Civil también abandonaron la zona, aunque él les rogó que persistieran. “Si uno llama a la Gobernación de Cundinamarca dicen con cinismo que la averiguación sigue, que no se ha cancelado, pero en la zona de la quebrada no hay nadie. Llevan varios días sin hacer nada. Asimismo, hemos llamado a la Defensa Civil y a los Bomberos, que nos dicen que no pueden obligar a sus voluntarios a hacer presencia en Tocaima, y así todo el mundo. Nadie hace nada”.

Por su parte, la Gobernación aseguró haber realizado su trabajo hasta el sábado 22 de noviembre —ocho días de búsqueda— contando con un grupo de 180 personas de diferentes instituciones. Un vocero del departamento de Cundinamarca explicó que desistieron del caso por exceder los límites de tiempo y al no ver resultados positivos. La administración indicó que en la noche de ese sábado se presentaron fuertes lluvias que provocaron las crecientes súbitas que causaron el estremecedor accidente.

El comandante Saldarriaga, del Cuerpo de Bomberos Municipales, afirmó que no se encuentra nadie buscando al menor porque ya se cumplió el tiempo reglamentario para hacer un rescate, el cual es de 72 horas, y “se le dio espacio de tres días más, por eso nos retiramos”.

A su vez, Rafael Eduardo Fandiño, comandante de la Defensa Civil, explicó que “se constituyó un puesto de mando unificado con Ponalsar, bomberos de Tocancipá y Girardot, personal de municipios vecinos y de la Defensa Civil en Tocaima. Durante 10 días se rastreó el río y la quebrada, se hicieron trabajos desde la desembocadura del río Bogotá al Magdalena, pero no se pudo localizar al niño. En esa zona hay criaderos de babillas, presencia de caimanes, son aguas oscuras, es un río bastante contaminado, además por la situación de una especie de avalancha se presentó una crecida súbita de la quebrada Acuatá, por lo que hubo desplazamiento de tierra y de arena, lo que dificultó la visibilidad en las aguas. Después de diez días desistimos, no podemos permanecer por tiempo indefinido en esa labor”. Fandiño añadió que la búsqueda fue por tierra y en algunas partes estancadas hubo inmersión de personas, pero “no participaron buzos, son aguas turbias, muy oscuras por la contaminación. Utilizamos cinco caninos de la Defensa Civil, pero no ubicamos al pequeño Daniel”.

“Mi recomendación sería dragar, no sé qué organismo les pueda prestar una draga para sacar agua del cauce desde donde se volcó la camioneta hasta la desembocadura del río Bogotá, prácticamente es hacer un levantamiento de tierras. Revisamos 200 kilómetros en ambas direcciones del río, creemos que el niño debe estar al fondo, con piedras y palos de la avalancha que se presentó por las torrenciales lluvias registradas en la sabana y en la cordillera (Oriental), por lo que se dio un represamiento de la quebrada justo cuando la familia iba pasando”, sostuvo el jefe de la Defensa Civil.

El angustiado padre ya hizo esta tarea. Con ayuda de la administración municipal dragó partes de la quebrada donde se pensaba podía estar su hijo, pero fue en vano, y realizar esta labor en el río Bogotá sería algo imposible, por la magnitud del mismo, al igual que la contaminación que carga. Indicó, además, que “el desánimo y la desesperanza se apoderaron de mí, son muy grandes ante la impotencia de poder hacer algo para que algún organismo nos apoye. Si quiero seguir buscando a mi hijo me toca por cuenta propia y con ayuda de algunos campesinos del municipio que han estado pendientes. Cada vez que pido ayuda a algún organismo de antemano ya sé cuáles van a ser las respuestas. Pero nosotros seguimos firmes en la lucha, por encontrarlo”.

El tiempo sigue pasando y cada hora juega en su contra. La familia Reyes Bello está devastada, la incertidumbre por la suerte de su pequeño de cuatro años cada vez aumenta más y las autoridades, según Reyes, los abandonaron. Desde entonces no hay un minuto de tranquilidad para ellos, a pesar de todo, están decididos a no desistir hasta encontrar a Daniel, para que así su desasosiego sea enterrado.

El reporte oficial de la Gobernación

Los frentes de búsqueda para encontrar al menor de edad trabajaron durante ocho días. En el operativo participaron 180 unidades activas, según un informe de la Gobernación, asunto que el señor Reyes desmiente, asegurando que no fueron ese total de personas. Durante el rescate se observó un gran criadero de caimanes y babillas en las playas y orillas del río Bogotá, por lo que no se buscó en estas zonas por precaución con los rescatistas. La familia ahora está a la espera de la confirmación de unos caninos del CTI de la Fiscalía, especialistas en rastrear carne descompuesta, ya que los perros que participaron en la misión no contaban con este rango, y así agotar recursos para que el niño aparezca. La familia aún guarda la posibilidad de que su hijo lo tengan habitantes de la región.

Los principios legales de autoconservación

En el informe entregado por la Gobernación de Cundinamarca se cita el artículo 3 de la Ley 1523 de 2012, que hace alusión al principio de autoconservación. Este indica que cada persona es responsable de tomar las medidas necesarias para una gestión del riesgo en su ámbito personal. Según el informe, se habría cometido una imprudencia al no tener en cuenta las condiciones climáticas en ese día y la hora cuando cruzó la quebrada Acuatá para llegar a su casa de descanso en Tocaima. Una situación que derivó en la lesión de la esposa de Reyes, Rosmary Bello y la pérdida del menor.

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