EE. UU. reveló investigaciones el pasado jueves
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La historia del cartel de los Soles, las Farc y una diplomacia rota

El anuncio de la Fiscalía de Estados Unidos sobre la recompensa hasta de US$15 millones para quien entregue información que permita la captura de Nicolás Maduro, políticos y oficiales de alto rango de Venezuela, es una ficha más de un rompecabezas de 20 años de narcotráfico en la frontera colombovenezolana.

General Vladimiro Padrino (izq. sup.), Nicolás Maduro y Maikel Moreno. Abajo el general (r) Hugo Carvajal (izq.), Diosdado Cabello y Tareck El Aissami. / Fotos AFP

La recompensa de US$15 millones ofrecida por Estados Unidos para quien ayude a capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sumado a la promesa de entregar entre US$5 y US$10 millones más por catorce personas, entre funcionarios y oficiales de las Fuerzas Armadas venezolanas, más los excomandantes de las Farc, Iván Márquez y Jesús Santrich, sacude la agenda internacional concentrada en la pandemia del nuevo coronavirus. Pero, más allá de pulverizar cualquier salida negociada a la crisis venezolana, vuelve al ruedo el eterno rompecabezas de una vecindad cruzada por el estigma del narcotráfico.

En síntesis, la exposición del fiscal general de Estados Unidos, William Barr, sustentada en pruebas aportadas ante tribunales federales de Nueva York, Florida, Columbia, Texas y Arizona, resume la óptica norteamericana sobre la relación entre las antiguas Farc y Venezuela desde que asumió como presidente de esa nación Hugo Chávez. Por eso, cronológicamente detalla información desde 1999 hasta el presente, con tanta minucia sobre reuniones para envío de droga o rutas de narcotráfico, que no deja dudas acerca de que, entre las fuentes usadas, deben existir personas que tuvieron acceso a esos encuentros y negocios.

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De los 20 años evaluados en el indictment (acusación) se insiste en la existencia del llamado Cartel de los Soles, alusivo a la participación de oficiales de alta graduación de las Fuerzas Armadas de Venezuela en acciones de narcotráfico. Deja claro que esa organización operó desde la llegada de Chávez al poder y se afianzó cuando comenzó la crisis del proceso de paz en la era de Andrés Pastrana y la aprobación del Plan Colombia. Es decir, sugiere que, ante la arremetida del Gobierno de Álvaro Uribe contra las Farc a partir de 2002, esta guerrilla estrechó sus relaciones con el vecino país, en una alianza que habría incluido un negocio boyante de armas, municiones y narcotráfico.

El año 2004 marcó un giro en el panorama global venezolano cuando Chávez designó al general (r) Hugo Carvajal —otro de los mencionados en el cartel de recompensas de EE.UU.— como jefe de Inteligencia Militar. Y, en 2005, expulsó a la DEA de territorio venezolano. El general (r) Carvahal permaneció en el cargo hasta 2011 y luego Nicolás Maduro lo volvió a llamar en 2013. Para esa época, la justicia estadounidense ya había consolidado el primer indictment contra los principales 50 jefes de las Farc, entre los que estaban los miembros del Secretariado. Lo hizo en 2006. A todos, incluido Iván Márquez, los acusó por narcotráfico.

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Con la garantía de seis años más en el poder tras su primera reelección en 2006, Hugo Chávez consolidó su círculo íntimo en el que, además del citado Hugo Carvajal, incluyó a Diosdado Cabello, que ya había sido vicepresidente, y al joven Tareck El Aissami, a quien nombró ministro del Interior y Justicia en 2008. Ambos fueron acusados e incluidos este jueves en la lista de recompensas de Estados Unidos. Del otro lado de la frontera, en esa época, Colombia vivía la crisis por los secuestrados de las Farc y, en la búsqueda de un acuerdo humanitario, Chávez resultó como facilitador para lograrlo, en apoyo a la congresista Piedad Córdoba.

El 8 de noviembre de 2007, al Palacio de Miraflores, sede del Gobierno venezolano, acudió una delegación de las Farc encabezada por Iván Márquez, Rodrigo Granda y Jesús Santrich. La fotografía causó revuelo y, a las dos semanas, Uribe desautorizó a Chávez. Este replicó pidiendo que a las Farc, en vez de señalarlas de terroristas, se les concediera estatus de beligerancia. En medio del pulso político entre Uribe y Chávez se produjo la crisis por el bombardeo de Raúl Reyes en Ecuador el 1° de marzo de 2008, lo que incrementó las tensiones con Venezuela, sobre todo a raíz de las revelaciones de los hallazgos en los computadores del jefe guerrillero.

Esa información, estratégicamente filtrada a diversos medios de Estados Unidos, España y Colombia, como lo dejaron en evidencia los wikileaks en 2011, volvió a ahondar en las relaciones entre las Farc y el gobierno Chávez, y también regresaron las referencias sobre negocios de narcotráfico. En medio de la discusión pública, Chávez nombró al general Néstor Reverol como director de la Oficina Antidrogas. Hasta la última andanada de Uribe en la OEA contra Venezuela, a escasas semanas de dejar el poder, Reverol ayudó a Chávez a capotear esos señalamientos. Hoy, él es otro de los señalados por Estados Unidos.

En su defensa, Reverol argumenta que durante la época en que fue jefe antidrogas, entre 2009 y 2014, cayeron la mayoría de los narcos colombianos. Lo cierto es que, a raíz del marcado aumento de extradiciones a Estados Unidos en la era Uribe, el destino elegido de muchos capos colombianos fue Venezuela. En Mérida, a comienzos de 2008, fue asesinado Wilber Varela, alias Jabón, y entre 2010 y 2012, fueron capturados o se entregaron, entre otros, Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, Diego Pérez Henao, alias Diego Rastrojo, Daniel El Loco Barrera, y Javier Calle Serna, conocido como Comba.

Versiones de prensa señalan que, entre mandos medios y grandes capos, cayeron casi 90 colombianos de distintas estructuras del narcotráfico en Venezuela. Otros analistas aseguran que todo pasó después de la reunión del 10 de agosto de 2010 entre Hugo Chávez y Juan Manuel Santos en Santa Marta, cuando el recién posesionado presidente colombiano salió hablando de su “nuevo mejor amigo”. Con un trato de cero intervención en asuntos internos de cada país, en cuestión de meses la tensión pasó de la redada de narcos al apoyo de Venezuela al proceso de paz de Santos con las Farc, que se formalizó en 2012.

Ese mismo año, Chávez volvió a ganar en las urnas, y esta vez lo hizo con Nicolás Maduro como vicepresidente. Pero, el 5 de marzo de 2013, Chávez falleció de cáncer y empezaron los cambios. Luego de que Maduro fuera elegido presidente en propiedad, Néstor Reverol pasó a ser el comandante de la Guardia Nacional de Venezuela y el general Vladimir Padrino asumió como ministro de Defensa. El general (r) Hugo Carvajal terminó de cónsul en Aruba, donde fue detenido en 2014 por cargos de narcotráfico. Sin embargo, gracias a la inmunidad diplomática y la presión política desde Venezuela, quedó en libertad.

 
 

Con Nicolás Maduro en el poder se consolidaron Diosdado Cabello, como presidente de la Asamblea Nacional, y Tareck El Aissami, aunque este entregó el Ministerio del Interior en 2016 a Néstor Reverol. Desde ese momento, Estados Unidos arreció en su ofensiva. Primero con la captura por narcotráfico de Efraín Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, sobrinos de la primera dama de Venezuela, Cilia Flórez. Y después, estructurando cargos por tráfico de drogas contra Reverol y Tareck e incluyendo en la lista Clinton de la OFAC al círculo completo de Maduro. Trece personas en total.

En medio de la crisis en Venezuela por el cerco a la asamblea, la huida de la fiscal Luisa Ortega o el aumento de los detenidos políticos, un personaje clave para Maduro resultó ser el exoficial de la Guardia Nacional Maikel Moreno, quien asumió como presidente del Tribunal Supremo de Justicia. Pero Estados Unidos pronto lo incluyó también entre los señalados. En abril de 2019, el general (r) Hugo Carvajal cayó preso en España, pero lo dejaron en libertad. Desde noviembre del año pasado se desconoce su paradero, aunque se especula que colabora con Estados Unidos. De todos modos, esta semana también fue incluido en el indictment contra el presidente Nicolás Maduro.

Lo demás es historia conocida. En agosto de 2019, Iván Márquez, acompañado de Jesús Santrich y el Paisa, entre otros, anunció su retiro del proceso de paz y el comienzo del movimiento Nueva Marquetalia. Santrich venía antecedido de una investigación por tráfico de drogas, que lo tuvo en la cárcel un año. Para las autoridades era claro su nuevo destino: Venezuela. Siete meses después, Estados Unidos anunció millonarias recompensas por Maduro y su círculo, ocho personas más cuyo rol en el narcotráfico se detalla, más Márquez y Santrich, como antiguos jefes de las extintas Farc. Todos ellos, acusados de maquinar para llenar de coca a Estados Unidos como una estrategia de guerra.

El general que habría liderado un golpe contra Maduro

Uno de los protagonistas del escándalo es el general (r) del Ejército venezolano Clíver Alcalá Cordones, un hombre que fue de las entrañas del chavismo hasta 2016, cuando el Gobierno de Nicolás Maduro intentó arrestarlo. Luego de conocerse el indictment (acusación) de EE.UU., el presidente Nicolás Maduro rechazó los cargos en su contra y habló por enésima vez de un plan de la oposición para derrocarlo. Incluso, pidió a Alcalá en extradición.

Este, a su vez, apareció en escena hablando con medios de comunicación colombianos en los que aseguró que él era el comandante de esa operación para derrocar a Maduro —de la que, dijo, tenía conocimiento Juan Guaidó— y que entró en la lista de los acusados por EE.UU., porque en la vía Barranquilla - Santa Marta se decomisaron 26 fusiles de asalto destinadas para la incursión, y un capturado lo señaló. Asimismo, Alcalá aseguró que se entregaría a las autoridades colombianas, así lo hizo el pasado viernes.

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Redacción Investigación

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