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Las víctimas de Orlando Gaitán en Medellín

Por lo menos tres mujeres denunciaron al falso chamán por abusar de ellas durante ritos con yagé en Antioquia. La Fiscalía indaga y recolecta evidencias para procesar de nuevo al señalado, quien el jueves fue condenado por abusar de cuatro menores de edad entre 2008 y 2012 en una finca de La Vega (Cundinamarca).

Durante más de dos décadas, Édgar Orlando Gaitán Camacho se autodenominó “taita” en la comunidad Carare, que él fundó en La Vega (Cundinamarca) y donde fue venerado como una persona sabia de la cultura indígena. Cientos de personas, en su mayoría mujeres, acudieron a él en busca de la sanación física o emocional que prometía con rituales y tomas de yagé. Pero lo que demostró esta semana la Fiscalía, gracias a la denuncia de una joven, es que Gaitán es un falso chamán que engañó a sus víctimas para abusar de ellas sin que se pudieran resistir. Por lo menos cuatro de ellas, menores de edad, fueron violadas entre 2008 y 2012 creyendo que estaban siendo curadas. Por eso fue condenado el pasado jueves a 29 años de prisión.

Camila*, de 49 años, vive en Medellín y, aunque la noticia de la sentencia contra Gaitán se conoció en una audiencia a 295 kilómetros, en Guaduas (Cundinamarca), ella supo el momento exacto en que la justicia dictó su veredicto y creyó a cuatro de las nueve denunciantes que se atrevieron a contar los vejámenes a los que las sometió el falso chamán. Camila se reconoció a sí misma en esos relatos, pues también asegura ser víctima de Gaitán, junto con otras dos mujeres en Antioquia, donde la Fiscalía ya inició la indagación y está recolectando evidencias para procesarlo.

La primera denunciante reveló a los investigadores que conoció a Gaitán en 2003, cuando ingresó a la comunidad Carare, que se expandió a Antioquia. Una amiga le comentó que iría a una ceremonia con toma de yagé y ella pidió acompañarla. Desde entonces, y hasta 2009, Camila se convirtió en una de las personas más cercanas al taita, quien le enseñó a realizar terapias de curación y para ello realizó un entrenamiento de 15 días en Bogotá, donde Gaitán tenía dos negocios: la Fundación Carare, con la que se volvió contratista del Distrito, y la IPS Maya Pijá, que ofrecía a sus pacientes mejorar su calidad de vida.

Camila narró los siguientes hechos a uno de los investigadores de Policía judicial: “Realmente fui por una dificultad que tenía con mi abuela. Logré mi objetivo y me enamoré del yagé. Orlando Gaitán siempre se mostró como un papá que protegía. Me enseñaba sobre plantas y parecía saber del tema. Las cosas cambiaron en una ceremonia en una finca. Yo estaba muy enferma de gastritis, le solicité ayuda y él me ofreció una curación. Siempre en esos rituales nos pedían quitarnos la camisa y quedarnos en pantalón y brasier. Pero cuando me acosté en la camilla me dijo que me quitara toda la ropa y, de repente, me hizo un tacto vaginal. Si estoy mal de gastritis, ¿por qué me toca la vagina?, me pregunté desconcertada, pero todo fue muy rápido. Luego, me hizo comentarios subidos de tono: ‘A pesar de haber tenido hijos por parto natural, está cerradita. ¡Mejor que una quinceañera! ¡Como pasarían de bueno los hombres ahí!’. Me dio rabia, me puse la ropa y me fui”.

Para aquella época, Gaitán aún no había sido denunciado por ninguna de sus víctimas, aunque los rumores sobre sus abusos existieron desde 1999 y el mismo taita Orlando se defendía alegando que un demonio “lo había tentado a través de una mujer”. Pero solo en 2015, cuando el agresor fue capturado por los hechos denunciados en Cundinamarca (y posteriormente liberado), Camila fue consciente de que había sido vulnerada su integridad sexual. “Después, un compañero de la comunidad me contó que su sobrina había sido abusada por Gaitán. Y todo fue un efecto dominó. Me enteré de más casos y quedé en shock. Decidí ir a la Fiscalía a denunciar junto con una amiga, también abusada”, agregó.

Esta declaración la ratifica Patricia*, una mujer de 40 años que ha dedicado su trayectoria profesional a temas de memoria y patrimonio y trabajó al lado de Gaitán. La testigo cuenta, además, que el falso chamán tenía cercanía con algunos asesores de la Alcaldía de Medellín y logró que varios de sus allegados fueran contratados en una de las subsecretarías a cambio de que los funcionarios le destinaran un porcentaje de su salario. De hecho, en diciembre de 2018, cinco meses antes de que se ordenara nuevamente su captura y cuando ya estaba siendo procesado por delitos sexuales, el falso chamán ofició la ceremonia “Del dolor a la luz”, convocada por la Alcaldía como ritual de sanación previo a la demolición del edificio Mónaco, en el que vivió Pablo Escobar y que fue por años un símbolo del narcotráfico.

Estos hechos también los tendrá que constatar la Fiscalía en su investigación. Mientras tanto, las víctimas respaldadas por la justicia en Cundinamarca piden a las otras mujeres abusadas por Gaitán que denuncien y se apoyen en la opinión de los peritos consultados en el proceso judicial para entender por qué pudieron ser vulneradas durante una década sin ser conscientes de ello. Los expertos explicaron que fueron puestas en estado de inferioridad psicológica por la posición de poder que ocupó el falso chamán. “Si uno no conoce el ritual, pero además quien le está diciendo a uno que lo va a llevar a alguna parte es Jesucristo, pues si tiene una creencia férrea no se permite la crítica (…) Las religiones y las sectas son actos de fe, porque no se permite la crítica”, explicó una de las psiquiatras.

“Quiero que se visibilice la verdad porque hay gente que sigue creyendo en Orlando Gaitán. Esto le puede pasar a cualquiera. El violador no es una persona lejana, es cercana”, concluyó Marcela*, la primera víctima que denunció en el país al falso chamán y que logró esta semana su condena.

* Nombres cambiados para proteger la identidad de las víctimas.

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Pilar Cuartas Rodríguez (@pilar4as)

Investigación

Las víctimas de Orlando Gaitán en Medellín

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