El denunciante tiene hoy 25 años

“No me arrepiento”: joven que denunció hace 12 años a rector del San Viator

Sergio*, quien para le época tenía 13 años, denunció en 2006 que el sacerdote Albeiro de Jesús Vanegas, entonces rector del Gimnasio Los Pinos, le tocó sus genitales. Aunque la justicia creyó su relato, las pruebas no fueron suficientes y absolvió al religioso.

El padre Vanegas se apartó temporalmente de su cargo como rector el pasado 22 de octubre. /Gustavo Torrijos

Dos denuncias por delitos sexuales divulgadas en medios de comunicación en las últimas semanas tienen hoy en aprietos a un exrector del colegio San Viator, en Bogotá. La primera persona en hablar fue Patricia Osorio, quien relató en W Radio que su hijo Daniel se suicidó el año pasado tras ser abusado sexualmente por un cura en el colegio mientras fue estudiante de dicha institución, aunque no especificó el nombre del supuesto agresor. Al día siguiente, el estudiante Nicolás Machete relató que, el año pasado, el rector del plantel educativo, el sacerdote Albeiro de Jesús Vanegas Bedoya, lo sentó en sus piernas y lo besó. La versión fue desmentida por el religioso. (Lea aquí: "Alentamos a las víctimas de otros casos a que denuncien": exalumnos del San Viator)

Ambos casos provocaron un enfrentamiento público entre quienes apoyan al religioso y han hecho plantones a su favor y quienes piden investigaciones penales e invitan a otras posibles víctimas a denunciar. En medio de la discusión, y tras conocerse el relato de Machete, el sacerdote Vanegas se apartó de la rectoría del San Viator para permitir que las pesquisas se adelanten de forma transparente. “Mi alma está destrozada. Han sido 40 años de labor. Soy sacerdote católico, algo desprestigiado hoy, pero lo soy orgullosamente”, afirmó, al tiempo que le pidió a la Fiscalía información sobre posibles procesos penales en su contra, pues desconoce si actualmente es investigado. (Abuso sexual: ¿Qué pasó en el colegio San Viator?)

Aunque en la carta escrita antes de quitarse la vida el año pasado, Daniel Osorio no especificó el nombre de su agresor, su mamá recordó que uno de los religiosos que estaban para la época en el colegio era Albeiro de Jesús Vanegas Bedoya. La mujer referenció además que Vanegas ya había sido procesado penalmente hace 12 años por otra denuncia por presunto delito sexual, un dato que, en su criterio, debería ser relevante para investigar el caso de su hijo. En su defensa, el religioso recalcó que la justicia lo absolvió y que se trató de un proceso cerrado en el que él fue considerado inocente. (Lea aquí: Plantón en colegio San Viator de Bogotá contra denuncia por presunto abuso sexual)

El proceso al que se refiere Osorio se dio en 2006, por el testimonio de Sergio*, un niño de 13 años alumno del Gimnasio Los Pinos, en Bogotá, donde Vanegas Bedoya fue rector. El menor afirmó que el 31 de julio de ese año, el sacerdote intentó besarlo en su oficina, a donde acudió para averiguar por una beca. Y que luego, en la sala de juntas, lo sentó en sus piernas, le introdujo la mano por debajo de la camisa y la llevó hasta sus genitales, por debajo de su ropa interior. La Fiscalía llevó el caso como presunto acto sexual con menor de 14 años, con el agravante de que Vanegas tenía autoridad sobre el estudiante.

En agosto de 2007, tras permanecer nueve meses en prisión domiciliaria, fue absuelto por el Juzgado 32 Penal del Circuito de Bogotá. El juez afirmó en su sentencia que el hecho no existió, desacreditó al niño y concluyó que su versión era increíble. Según él, fue una “trama” del menor como venganza, debido a que le habían impuesto dos suspensiones por mal comportamiento. “Sabedor de que, de acuerdo con el manual de convivencia, la reincidencia le provocaba matrícula condicional y la pérdida del cupo, urdió la trama: notició a su madre que el padre había manipulado sus genitales (…) y en adelante, el histriónico sostuvo la opereta”, aseguró el juez.

“Esa primera etapa del proceso fue la más dura. Fue difícil hablar porque todo el mundo se me vino encima. La justicia no me creyó y terminé juzgado por mis compañeros, con quienes crecí en la infancia, pues me dieron la espalda. Tuve que retirarme del colegio, a pesar de que académicamente era excelente, e irme a otra escuela católica donde sólo me dejaron terminar el año. Finalmente salí de Bogotá con mi familia para seguir mis estudios en otro municipio. Mi mamá perdió su empleo por estar pendiente del proceso penal y en las audiencias unas señoras asistían para rezar frente a nosotros con camándulas. Nos señalaban y reían”, relató Sergio, hoy con 25 años.

El sacerdote Albeiro de Jesús Vanegas, rector del colegio San Viator. / Colegio San Viator

Sin embargo, el 24 de junio de 2008, una sentencia de segunda instancia del Tribunal Superior de Bogotá precisó que la versión de Sergio era creíble. Sus familiares aseguraron, además, que tras los hechos denunciados, notaron al menor muy afectado emocionalmente, metido en sí mismo y con súbitos cambios de estado anímico. Incluso, una psicóloga del CTI evidenció que el menor no podía dormir, se apretaba las manos, sentía dolor y vergüenza. “Se aprecia que el adolescente no quiere hablar más del tema”, añadió el tribunal al explicar por qué respondía “no me acuerdo” o “no sé” a varias preguntas. Quería olvidar.

“Tuve que contar mi historia a demasiadas personas. Me agoté mentalmente y quería olvidar y sanar. Además, se volvió un tema de morbo: todos querían detalles, hasta el color de una silla”, añade Sergio. Pese a que el Tribunal no desacreditó su relato, no fue suficiente para demostrar que los hechos ocurrieron y que Vanegas fuera culpable. El quid del asunto era resolver si Sergio estuvo o no con el padre el 31 de julio de 2006 en la rectoría del colegio. Los magistrados de la Sala Penal afirmaron que ninguno de los estudiantes que declararon a favor del denunciante confirmó lo acontecido y que, en algunos aspectos, lo contradijeron. Eso debilitó su testimonio.

Al analizar las pruebas sobre Vanegas, el Tribunal explicó que los dictámenes psicológicos mostraron al sacerdote como una persona normal, sin rasgos de aberraciones sexuales ni alteraciones psicológicas. Sin embargo, uno de los expertos explicó que sí es posible que una persona de 50 años realice una actividad pedófila sin haber manifestado síntomas. Los magistrados concluyeron que los exámenes no descartaron que el procesado cometiera el hecho. “Así tuviese rasgos propios de quien comete un acto sexual abusivo con un menor, no se los habría revelado al psiquiatra”, se lee en el fallo de segunda instancia.

En contraste, las pruebas que sirvieron a Vanegas para mostrar su inocencia fueron los testimonios de varios de sus trabajadores y allegados. Su secretaria y su asistente negaron que Sergio hubiera estado en la oficina del rector ese día. Su administradora afirmó que estuvo con el religioso cuando supuestamente ocurrieron los hechos. Una auxiliar de limpieza sostuvo que las persianas de la oficina siempre estaban abiertas, por lo que era imposible no advertir si Vanegas se reunía con un estudiante. Un alumno y una profesora desmintieron la versión de Sergio de llegar tarde a una clase de biología por estar en la rectoría.

“Las declaraciones hacen difícil pensar en que haya sido la memorización de un guion. Si el móvil de la denuncia hubiera sido el ánimo de venganza, la descarga de su resentimiento habría sido contra el coordinador de disciplina, que fue quien lo sancionó, y no contra el rector (…) Hay buenas razones para creer en la versión de Sergio, pero también en los testigos de la defensa, según los cuales los hechos no pudieron acontecer. No puede descartarse el relato del menor ni el de los testigos presentados por el defensor, lo que equivale a reconocer la duda, vale decir, no se destruyó la presunción de inocencia”, concluyó el tribunal.

“La justicia nos dejó solos y no tuvo en cuenta las pruebas. Los testimonios a favor del sacerdote eran sus subordinados, personas que dependían económicamente de ese trabajo. Pese a esto, no me arrepiento de haber denunciado. Gracias a eso salí adelante y hoy no estoy en una tumba. El peor castigo para una víctima es callar. Hablar es la sanación para el resto de su vida. Yo tuve que recuperarme, les cogí miedo a los abrazos, a los besos. Me sentía inseguro con mi cuerpo y viví con depresión. Hoy estoy tranquilo. No estaba mintiendo y mi caso abrió el capítulo de un libro que no aún tiene final”, concluyó Sergio.

El sacerdote salió avante en el proceso y pasó a trabajar en el colegio San Viator. Además, el Consejo de Estado concluyó que la privación de su libertad fue injusta y ordenó indemnizarlo junto a su círculo familiar. En sentencia del 3 de agosto de 2017 determinó que el Estado fue responsable por los daños ocasionados a Vanegas, entre ellos la afectación a su salud y su derecho al buen nombre. Su mamá, sus cinco hermanos y dos sobrinos también fueron indemnizados porque fueron afectados con la estigmatización social. Este diario consultó al sacerdote Vanegas, quien manifestó que solo hablará ante las autoridades si lo requieren o cuando haya decisiones definitivas.

Desde la orilla contraria, un sector de la comunidad religiosa y académica del colegio San Viator ha salido a respaldar públicamente al religioso ante los nuevos señalamientos por parte del estudiante Nicolás Machete. Según los gestores de su defensa, resaltan su labor académica al frente de la institución y el trato respetuoso hacia los estudiantes del plantel. Varios de sus exalumnos comentaron, incluso, que nunca vieron actitudes irrespetuosas del rector hacia ellos, por lo que esperan que las autoridades aclaren, con prontitud, las denuncias que se ventilaron en los medios de comunicación.

“Las víctimas de abuso sexual deben denunciar”

El abogado Humberto Ardila, quien representó a Sergio en el proceso penal contra el sacerdote Albeiro de Jesús Vanegas Bedoya, le dijo a este diario que está convencido de que su representado sí fue tocado por el religioso en 2006. “Al sacerdote lo absolvieron por duda, y es importante tener esto en cuenta, porque es muy diferente a decir que existió alguna prueba que demostrara su inocencia”, afirmó Ardila.

El penalista agregó que, si una persona es víctima de abuso sexual, debe denunciar “sea quien sea la persona que ha cometido los hechos”. Sobre el caso del estudiante Nicolás Machete, el abogado calificó de “absurdo el tratar de desviar la atención” afirmando que se intenta desacreditar al colegio San Viator e imponiendo la versión de los padres de familia que no quieren que sus hijos estudien en un colegio “desprestigiado”. “El desacreditado no es el colegio, es la persona que comete el hecho”, concluyó Ardila.

*Nombre cambiado para proteger a la fuente.

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