La pesadilla de una antigua prostituta

Katherine Ocampo fue enviada con 16 años y un pasaporte adulterado a Indonesia. Ocho años después la acusan de haberle hecho a alguien más lo mismo.

La trata de personas, según la ONU, mueve hasta US$10.000 millones anualmente. / iStock

Katherine Ocampo Ocampo tiene 24 años y ha pasado dos aniversarios de su nacimiento tras las rejas. Katherine y su cintura diminuta. Katherine y su busto de talla grande, que se operó apenas cumplió 18 años. Katherine y su acento que no deja lugar a dudas de que su cuna es el Valle del Cauca. Katherine y sus lágrimas que de cuando en cuando interrumpen su relato. Cuando tenía 16 años terminó en Indonesia con un pasaporte adulterado que le arrebataron de las manos apenas pisó el hotel al que la habían enviado de la calle Malioboro, en Yakarta. Entonces era víctima. Hoy, ocho años después, la acusan de ser victimaria.

En tres de las 13 páginas del escrito de acusación en contra de ella y de su madre, Martha Lucía Ocampo Ocampo, el organismo investigativo contó escuetamente lo que considera fue su “actividad delictiva”: captaron y trasladaron a una joven llamada Ana Mileidy Buitrago Zapata desde el Valle del Cauca hasta Indonesia, al mismo hotel donde Katherine —sostiene ella— fue explotada sexualmente. El 24 de octubre de 2013, en la entrada de la casa de su madre, Katherine y Martha Lucía Ocampo fueron detenidas por el CTI, y el despliegue del operativo fue tal, que hasta el menos chismoso del barrio se enteró del arresto.

La víctima

Ana Mileidy Buitrago Zapata tiene 25 años; 21 cuando viajó a Indonesia. ¿Cómo llegó una joven que tuvo una hija antes de tener cédula, que no era profesional y que venía de una familia de escasos recursos, al otro lado del mundo? ¿De qué manera se pudo financiar un viaje que exigía visa y un tiquete que hoy no vale menos de $5 millones? La hipótesis de la Fiscalía es que Katherine Ocampo, su hermana mayor, Jéssica, y su madre, Martha Lucía, hacían parte de una red de trata de personas con fines de explotación sexual, y que en esa red cayó Ana Mileidy. Que le endulzaron el oído y la enviaron al sudeste asiático a cambio de una compensación.

En el escrito de acusación, sin embargo, se lee que el principal testimonio de la Fiscalía para armar el caso no ha sido el de la víctima, Ana Mileidy, sino el de su padre, Wilson Buitrago Ceballos, quien desde julio de 2012 ha dado dos entrevistas y tres declaraciones juradas. La versión de Ceballos es que un día de marzo de 2010 pasó por la casa de su vieja amiga Martha Lucía Ocampo (a quien nunca deja de llamar Rocío), y que tanto ella como Jéssica Ocampo le habían preguntado por su hija Ana Mileidy. Que si seguía igual de bonita. Que si no quería viajar al exterior como Katherine, quien se encontraba en Japón, dijo Buitrago. “No pregunté qué estaba haciendo, me dio pena”.

Pero Katherine, muestran sus registros migratorios, nunca ha estado en el país nipón.

¿Tu hija sigue igual de bonita? ¿Ella no quiere irse a trabajar por fuera del país? Esas fueron las preguntas que, Buitrago Ceballos sostiene, le hicieron las dos mujeres. “Jéssica me hizo el comentario de que ella conocía unas personas que contactaban mujeres para trabajar en el exterior y que ellos corrían con todos los gastos, en seis meses se pagaba la deuda con trabajo”, relató el hombre. En solo una de las cinco veces que habló con la Fiscalía, Buitrago dijo que le había preguntado a Jéssica: “Ve, ¿eso no es nada malo? ¿No es trata de blancas? Y ella contestó que no”. “Te voy a dar mi teléfono, decile a Mileidy que me llame”, le dijo supuestamente Jéssica.

En casi todas sus narraciones Buitrago expresa que le dio el recado a su hija Ana Mileidy un tiempo después, porque ella estaba en Ecuador. Sólo en una ocasión señaló: “Me demoré en darle el número porque en mi interior temía que fuera algo malo”. El miedo, sin embargo, se le fue rápido: al regresar su hija a Colombia le entregó el teléfono, ella llamó a Jéssica y ahí fue cuando se puso en contacto con toda la gente que terminaría enviándola a Indonesia un par de meses más tarde. “¿Conoció lo que habló Jéssica y Mileidy respecto del viaje?”, le preguntó la Fiscalía. “No me di mucho de cuenta (...) Ya de ahí Mileidy comentó que el viaje era para Indonesia”.

Así las cosas, él se despidió de su hija sin saber “qué exactamente iba a hacer allá”, en ese país del sudeste asiático donde hablan oficialmente indonesio y otros idiomas como neerlandés, chino y javanés. Nada de español.

Buitrago es un vendedor de chorizos. Dijo que era amigo de Martha Lucía Ocampo desde hacía muchos años y que no se sabía su apellido. “Era una familia muy pobre y yo de vez en cuando les ayudaba con algo”. Tanta pobreza, sin embargo, no lo impulsó a indagar más sobre los contactos de Martha Lucía o de Jéssica Ocampo en países como Japón o Indonesia. Al final, un día de mayo de 2010, su hija Ana Mileidy cogió un bus desde Cali, llegó hasta Pereira, luego viajó a Bogotá, de allí tomó un avión a Buenos Aires, pasó por Sudáfrica y Kuala Lumpur, y finalmente llegó a Indonesia. Allí la recibió una mujer que se hacía llamar Valentina.

Esa sería la última vez en mucho tiempo que Ana Mileidy vería su pasaporte.

Wilson Buitrago también le dijo a la Fiscalía que se comunicó con su hija durante más de un año, por celular o por correo, casi todos los días. “El primer año que ella estuvo todo estaba bien, ella nos mandaba dinero para el sostenimiento de la niña Nicol Estefany, que es la hija de Mileidy, y para nosotros aquí en la casa”. Esta versión, no obstante, contradice una denuncia que el propio Buitrago Ceballos presentó el 22 de julio de 2010 —dos meses después de que Ana Mileidy hubiera viajado— en la Fiscalía de El Cerrito (Valle) por trata de personas, señalando como víctimas a su hija y a dos mujeres más de las que tampoco ha hablado nunca en sus declaraciones.

Ana Mileidy Buitrago sólo ha sido, hasta ahora, silencio ante las autoridades colombianas. Pero hubo una vez en que sí habló. En septiembre de 2011 ella terminó en el centro de servicios médicos de la Policía de Indonesia por petición de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Según el reporte psiquiátrico, “estaba confundida y hablaba sin sentido”, pero cuando recuperó algo de coherencia contó que trabajaba como prostituta en Malioboro Club; que consumía drogas y alcohol; que a veces oía voces y que con frecuencia lloraba. Y cuando le preguntaron de su familia, se consignó en el informe: “Es la cuarta entre cinco hermanos. Dice que su madre es la única que la quiere y que fue su padre quien la vendió a Indonesia”.

El reporte de la OIM

La Fiscalía tiene en su poder un reporte que emitió la misión de la OIM de Indonesia. En su última página se resume lo que Ana Mileidy Buitrago le dijo a esa organización, una versión tangencialmente opuesta a la que Wilson Buitrago ha sostenido en sus declaraciones. Dice que fue un hombre quien le ofreció trabajo en Yakarta y que lo conoció por medio de su padre. Que Jéssica (Ocampo) también conocía al hombre y que fue ella quien le dio el número a Wilson Buitrago. Que el contacto telefónico fue siempre entre ese hombre y su padre. Que no recibía salario en el Malioboro Club, sólo algo de plata para comida. Otra víctima de trata de personas que conocía a Ana Mileidy le dijo a la OIM que en agosto de 2011 ella había huido.

El 8 de agosto de ese año la OIM recibió una carta de la Embajada colombiana en Indonesia: era una solicitud de ayuda con una joven que estaba detenida en inmigración. Días después, Ana Mileidy fue internada en el hospital de la Policía indonesia: “Mostraba un trauma psicológico severo”. En noviembre de ese año la llevaron a un refugio del Ministerio de Asuntos Sociales junto con otras dos víctimas de trata de personas. En 2012 regresó a Colombia. Fuentes que conocen el proceso le dijeron a este diario que está bajo la tutela de su padre y que toda su familia se encuentra en el programa de protección de testigos. La Fiscalía dijo que no podía confirmarlo.

¿Y Katherine?

El escrito de acusación sostiene que Katherine Ocampo —de quien Wilson Buitrago dijo primero que estaba en Japón— se reunió con Ana Mileidy Buitrago y con su hermana y su madre, Jéssica y Martha Lucía Ocampo, para convencerla de viajar a Yakarta. En una declaración jurada de enero de 2014, Wilson Buitrago expresó que su hija le había manifestado que, en Indonesia, Jéssica y Katherine Ocampo la habían abandonado. “Y luego —agregó—, en un momento de lucidez, me habló de la reunión” (en la que supuestamente la convencieron de viajar. Un mes después, la Fiscalía radicó el escrito de acusación en el Juzgado Segundo Penal Especializado del Circuito de Buga contra Martha Lucía y Katherine Ocampo por trata de personas.

Katherine Ocampo no conoció a su padre porque lo mataron cuando estaba muy pequeña. Sus hermanas tienen padres distintos. Viajó por primera vez a Indonesia cuando tenía 16 años con un pasaporte al que le falsificaron su año de nacimiento para que pudiera salir del país sin problemas. Indica que de esos trámites se encargó un hombre cuya identidad prefiere omitir por su seguridad. A ella, le dijo a este diario, también le quitaron su pasaporte y la forzaron a trabajar como prostituta por un par de años para pagar su “deuda”. En ese tiempo le envió a su mamá, dice ella, unos $30 millones para una casa.

Al regresar a Colombia, cuenta, se dedicó a tomar y a nada más. Bueno, a casi nada más: apenas se hizo mayor de edad se agrandó el busto para hacerse más llamativa. Al año decidió volver a Indonesia en las mismas circunstancias. “¿Por qué lo hice? No sé, estaba muy niña, quería plata, quería tomar...”. La segunda vez que viajó, dice, llegó a Indonesia su hermana Jéssica —quien le lleva unos ocho años, vive en México y tiene orden de captura por trata de personas también— y que en ese momento vio en el Malioboro Club a Ana Mileidy Buitrago. Relata que conoció a un indonesio que se hacía llamar Jimmy y que fue él quien pagó su “deuda” y le dio dinero para que regresara a Colombia y estudiara.

Katherine retornó, hizo un curso como auxiliar de vuelo y empezó a estudiar inglés cuando fue detenida junto con su madre.

Investigar la trata trasnacional de personas, explican fuentes de la Fiscalía, es de lo más complejo. Usualmente la víctima llega tan traumatizada que no quiere musitar palabra al respecto. Encontrar las evidencias es también muy difícil, y la cooperación entre Estados es fundamental. El próximo 22 de mayo se hará la audiencia en la cual la Fiscalía sustentará ante el juez del proceso su acusación. En agosto del año pasado, Katherine quiso hacer un preacuerdo con la Fiscalía, pero al final no funcionó.

—Si usted insiste en su inocencia, ¿por qué negoció con la Fiscalía?

—Me decían que me podían dar hasta 20 años de cárcel. Yo estaba muerta de miedo. Me dijeron que con el preacuerdo me daban máximo cuatro, y pensé que era mejor eso que pudrirme aquí.

Otros investigados por este caso

Fuentes de la Unidad de Derechos Humanos, que es la que lleva esta investigación, le dijeron a El Espectador que sólo en la audiencia preparatoria se conocerá cuál es la estrategia real de la Fiscalía en el caso. Esa audiencia no se ha llevado a cabo aún, porque primero se debe hacer la de formulación de acusación, la cual tendrá lugar el próximo 22 de mayo.

El organismo investigativo le confirmó a este diario que Jéssica Ocampo, quien no aparece en el expediente de su hermana Katherine y su madre Martha Lucía, está siendo investigada. Que Luz Milena Giraldo Ortiz, alias Valentina, señalada de recibir a las jóvenes en Indonesia y de quedarse con sus pasaportes, también tiene una investigación abierta, así como Jordan René Varela, alias Camilo, el hombre señalado de ayudar a las jóvenes a sacar los pasaportes y las visas para que pudieran viajar. “En estos casos dependemos de las víctimas para empezar a indagar, así que invitamos a que si alguien sabe algo, que nos cuente”, dijo un fiscal.