La trinca contra un ministro

En tiempos electorales, los políticos apuntan a quedarse con una plaza mayor: el Minsalud.

Alejandro Gaviria, ministro de Salud, afronta retos para seguir en su cargo. Archivo

Hace 31 meses, a partir de septiembre de 2012, el Ministerio de Salud es orientado por el economista Alejandro Gaviria. Desde su posesión, como fue siempre su propósito, ha querido darle manejo técnico a un sector crítico. Con recursos insuficientes y una demanda cada vez más alta de servicios, Gaviria se la ha jugado con puntuales decretos y planes públicos, sin afectar la sostenibilidad del sistema ni perder la iniciativa en discusiones ineludibles en materia de derechos sociales. Sin embargo, por estos días es blanco de soterrados dardos políticos en busca de que haya relevo en la cartera.

Los rumores circulan desde finales del año pasado y, según fuentes consultadas por este diario, se dispararon después de que el ministro Gaviria no quiso ceder a las presiones políticas frente al nombramiento del nuevo Superintendente Nacional de Salud. Esa situación se dio hacia el mes de octubre, cuando el abogado Gustavo Morales Cobo dejó súbitamente el organismo de control después de dos años de gestión. Antes de que le buscaran reemplazo, Gaviria logró que el presidente Santos aceptara su sugerencia de que fuera el administrador Norman Muñoz.

Así como Morales había sido clave para su manejo administrativo, el ministro Gaviria se la jugó por un funcionario técnico y de su absoluta confianza. Además de haber sido consultor del Instituto Nacional de Salud y de haber ocupado varios cargos en el Departamento Nacional de Planeación, el nuevo superintendente de Salud dejó acéfalo el viceministerio del ramo. Entonces los dirigentes políticos enfilaron baterías para acomodarle segundo a Gaviria. Esa posición es clave porque desde allí se manejan las finanzas del sector y un presupuesto de $4,1 billones.

Algunos de los ases políticos de la Unidad Nacional que acompañan al presidente Santos volvieron a arremeter con hojas de vida en mano, no sólo para pujar por el viceministerio, sino para forzar la salida de Alejandro Gaviria. Sin embargo, el ministro se les volvió a atravesar en el camino y logró nombrar como viceministra a Carmen Dávila, una funcionaria con 18 años de experiencia en el ministerio y notables aportes en la Dirección de Financiamiento. Hoy, su gestión es prenda de garantía en el manejo de recursos para infraestructura o programas de prevención.

Cuando los políticos interesados en correrle la butaca a Gaviria perdieron la segunda batalla, casi de inmediato encendieron sus alarmas. Una fuente comentó que, así como algunos parlamentarios han sido sutiles en sus peticiones burocráticas y otros han querido apalancarse con el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, o el ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, no han faltado los que conspiran con candidato a bordo. Además están en juego otras plazas importantes, para las cuales hay un listado de recomendados con inocultable respaldo político.

Por ejemplo, está disponible el Invima, que, entre otras funciones, otorga licencias y controla el negocio de los medicamentos. También está sin cabeza la dirección del Instituto Nacional de Salud, que venía siendo regentada por un Ph.D. de la Universidad Nacional que debe volver al centro académico. Tampoco hay cabeza ratificada en Caprecom, la EPS pública más grande del país, ni se ha definido qué se va a hacer con Saludcoop o cuál será el destino inmediato de varias intervenciones o liquidaciones de importantes hospitales en los departamentos de Tolima, Sucre, Chocó o Guainía.

No ha sido fácil la conducción del ministerio de un sector en el que prevalece la crisis. Primero, el desgaste político por la aprobación de la ley ordinaria de salud. Después, por cada uno de los decretos que le ha dado identidad a la gestión de Gaviria, como la extensión de beneficios a los jóvenes entre 18 y 25 años que no tengan empleo y cuyos padres coticen en el régimen contributivo de salud, o la creación de una instancia de coordinación para hacer seguimiento a políticas públicas. Todo lo anterior sin bajar la guardia en temas como el control oficial de los precios de medicamentos.

La mayoría de estos temas son técnicos y no dan mucho rédito político. En cambio, asuntos como el de la joven Camila Abuabara, fallecida en medio de la tramitomanía por un trasplante de médula, o el de las niñas de El Carmen de Bolívar cuyas familias atribuyeron un malestar colectivo a la aplicación de una vacuna contra el virus del papiloma humano, sólo dejan críticas y detractores. Eso sin contar los desafíos con planes públicos para enfrentar el virus del chikunguña en varias regiones del país o la posibilidad de que el ébola pueda circular en Colombia.

Paradójicamente, la única iniciativa gubernamental en la que el Gobierno ha llegado a un principio de acuerdo con el expresidente Álvaro Uribe y su círculo político es el proyecto para actualizar financieramente el Sistema General de Seguridad Social en Salud. Hoy esa iniciativa, que constituye un salvavidas, es producto de la acumulación del proyecto del Gobierno y el que presentó el senador Uribe. No obstante, está bloqueado en primer debate porque no le han asignado ponente. Los gajes de la política y las presiones de quienes tienen nexos con el sector.

En contraste, en los últimos días se advierten señales de que la persistencia de Gaviria por el manejo técnico del ministerio sigue causando roncha entre algunos políticos. Esta semana estaba planteado un debate de control político en su contra. Al mismo tiempo un grupo de médicos se reunió en la Casa de Nariño con el ministro Néstor Humberto Martínez para pedirle que no haya relevo en el ministerio mientras no se ordene el sector. Aun así fluyen los rumores de quienes se están moviendo con los parlamentarios para candidatizarse como eventuales ministros.

“Eso es con puestos y contratos, o con llamadas telefónicas persistentes a los voceros políticos para mostrarse como inquilinos ideales de la oficina de la 32, como se conoce la sede del Ministerio de Salud”, comentó una fuente. Además hay presiones porque algunos parlamentarios manifiestan que el momento de cumplir compromisos es ahora y no después de las elecciones de octubre, cuando ya no hay nada en juego. En el ambiente político todos son conscientes de que lo que viene para el sector salud es crucial en términos de poder, proyección personal y millonarios recursos.

El ministro Gaviria sabe que para algunos de los líderes de la Unidad Nacional su presencia es incómoda, pero también es consciente de que la politización del ministerio sería un error craso. Lo difícil es que quienes quieren moverle el piso sean capaces de decírselo en la cara. El tema no es de poca monta, y más allá de un simple relevo en el gabinete ministerial, la crisis en el sector salud es una bomba de tiempo. Al margen de los asuntos determinantes, como la seguridad, la educación o la infraestructura, hoy no hay un aspecto que requiera mayor atención. ¿Quién ganará el pulso?

“Las presiones aumentan con las elecciones”: Gaviria

¿Cuál es su posición frente a algunos sectores parlamentarios que insisten en su salida del ministerio?

Yo seguiré haciendo mi trabajo, sin prestarles atención a rumores y presiones, tengo suficientes problemas como para ocuparme de esas cosas.

¿Qué tan politizado está el sector?

Hoy el Ministerio es fortín tecnocrático. En algunos hospitales públicos y EPS persiste la politización.

¿Todo esto es por las elecciones de octubre y los políticos buscan puestos? 

Cuento con el apoyo del Gobierno y de buena parte del sector que reconocen la tarea hecha, los esfuerzos por dejar atrás la crisis y recuperar la confianza. Incluso, varios representantes del sector han reclamado la continuidad de las políticas y el equipo del Ministerio. 

¿Cuáles son los temas claves a definirse en los próximos meses?

Cuatro temas cruciales: la aprobación de los artículos de salud en el Plan de Desarrollo, la solución definitiva de los problemas de Saludcoop y Caprecom, la reglamentación de la Ley Estatutaria y las medidas financieras, entre ellas la reglamentación del fondo de garantías. Probablemente las presiones políticas aumentan con las elecciones, son gajes de este oficio. Pero hay que seguir.

 

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