Sobre las detenciones en El Dorado
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“Tuvimos que resistir las mentiras de la Policía”: profesora detenida en El Dorado

Soledad Granada Castañeda, docente de la Universidad del Rosario, fue detenida por la Policía el pasado fin de semana durante un plantón pacífico en el terminal aéreo de Bogotá. Asegura que el procedimiento fue arbitrario y estudia emprender acciones legales.

En 2016, Soledad Granada trabajó asesorando al Sindicato de Trabajadoras Sexuales y ha estado en contacto con los movimientos sociales. / Cristian Garavito

La iniciativa de un plantón pacífico en las instalaciones del aeropuerto El Dorado, en Bogotá, terminó la semana pasada en una veintena de detenciones y traslados al Centro de Traslado por Protección de la Policía. A través de redes sociales se conocieron imágenes en las que varios uniformados increparon a los manifestantes y los desalojaron del terminal aéreo. La entidad asegura que las medidas respondieron a un intento de congestionar el funcionamiento del aeropuerto. “El propósito de la protesta era bloquear entradas y salidas del aeropuerto y paralizar los vuelos internacionales, poniendo en riesgo la seguridad de la aviación civil. La medida se tomó por seguridad tanto de los viajeros como del personal aeroportuario”, agregó la Policía.

Sin embargo, los detenidos aseguran lo contrario a lo que afirma la Policía. En entrevista con El Espectador, la profesora Soledad Granada Castañeda narró lo que vivió durante su detención, junto a su compañera Emilia Frost, ciudadana sueca politóloga e investigadora en temas de paz que reside en el país desde 2006 y que ha trabajado en el Magdalena Medio y norte de Santander. Ambas son docentes en la Universidad del Rosario. Soledad Granada es economista, magíster en matemáticas y ciencia política y profesora de universidades como la de Hamburgo, Javeriana y Minuto de Dios. Según ella, se trató de un procedimiento arbitrario en el que sufrió de abuso de autoridad.

¿Por qué acudió el 7 de diciembre al aeropuerto El Dorado?

Vimos un plantón convocado a través de las redes sociales y teníamos curiosidad de cómo sería. Llegamos en bici para observar y registrar la acción. Cuando vimos que no pasaba nada, nos paramos en silencio con unos pequeños carteles en la salida de los vuelos internacionales.

¿Cuál era la intención de esta protesta?

No era una crítica al Gobierno, sino una acción pedagógica para informar a las personas que llegan al país que las cosas no están bien aquí. Como docente siento que es mi responsabilidad que la gente no trague entero, que se cuestione, que investigue. Solo tenía un cartel hecho a mano con flores que decía: “No tengo miedo”. Más bien la pregunta sería: ¿por qué no protestar?

¿Cómo se produjo la detención por parte de la Policía?

Nos pidieron nuestros documentos y luego que los acompañáramos a la oficina de la Policía. Entonces, solicité acompañamiento de las gestoras de convivencia. Con ellas fuimos a la oficina, me requisaron la maleta y me quitaron un neumático, Isodine, un paquete de velitas y una botellita de vinagre que cargo en los días de protesta por si lanzan gases lacrimógenos. A Emilia, por ser extranjera, no la requisaron. Los policías no explicaron nada ni nos leyeron nuestros derechos. Solo nos dijeron: “Vamos a terminar el proceso”. Pero empezaron a mover a las otras personas detenidas. “Solo las vamos a escoltar hacia afuera”, agregó un agente y ahí empezó el video que grabó Juan Camilo Gómez, periodista del medio alternativo Depasillo, también detenido. Yo estaba convencida de que nos íbamos a nuestras casas. Nos engañaron. Apenas puse un pie fuera del aeropuerto, me metieron a la patrulla.

¿Cuánto tiempo duraron en la patrulla?

Como cincuenta minutos. De la patrulla, nos condujeron a la estación de Policía detrás de la bomba Terpel. Luego, nos pasaron a un camión para conducirnos al Centro de Traslado por Protección. En todo este tiempo hubo por lo menos cinco policías sin identificación. Recuerdo especialmente a una mujer que se identificó de inteligencia, no tenía uniforme. Nos dijo a Emilia y a mí que teníamos que ir con ella a un interrogatorio. Nos negamos, pero era claro que había presión por hacernos entrar solas a la estación sin explicarnos la situación.

¿Cuántas personas estaban detenidas junto a ustedes dos?

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¿Quiénes era los demás detenidos?

Recuerdo a una pareja que solo llegó al aeropuerto a comprar tiquetes y fue detenida en un claro caso de arbitrariedad. Los estigmatizaron. Ella tenía el cabello pintado y él tenía algunos proyectos en la Universidad Nacional. La joven, de 19 años y asmática, entró al camión en estado de shock. La habían interrogado y le hicieron firmar un comparendo. Pero ella llegó al aeropuerto solo a cotizar un vuelo, le acababan de sacar una muela, tenía incapacidad, estaba afiebrada y la Policía le quitó sus medicamentos. Se sentía indefensa.

Pero la Policía dijo que ustedes buscaban interrumpir el libre tránsito o movilidad de los viajeros y que algunas personas tenían pasamontañas y máscaras antigás.

Falso. No queríamos causar traumatismo. Yo no estaba con ningún grupo, sino con Emilia. Las dos solas, calladas, dándoles la bienvenida a los viajeros con carteles. Y estuve ahí porque estoy convencida de que todas las actividades del paro son protesta pacífica. No conozco lo que había en las maletas de las otras personas, pero no había conmigo ninguna máscara antigás ni elementos peligrosos. La Policía termina mintiendo, cualquiera puede mirar los videos y darse cuenta de que vestimos camisetas blancas, no nos tapamos la cara, dijimos nuestros nombres y cédulas en voz alta y portamos símbolos de paz. Es absurdo. Además, hoy hay mucha gente que tiene máscaras antigás, porque han sido gaseadas en los días de paro. A mí me han gaseado. No hay delito en portarlas.

¿Cómo fue la actuación del Esmad?

Mientras estuvimos en el aeropuerto no vimos Esmad. Pero supimos que después ingresaron como sesenta uniformados. No queríamos poner en riesgo el aeropuerto. La gente se pone más nerviosa cuando la terminal está militarizada y no por dos personas en silencio sosteniendo carteles. Ha habido una relación de desconfianza entre civiles y Policía a lo largo de la historia del país y la creación del Esmad exacerbó esa desconfianza.

¿Qué pasó en el Centro de Traslado por Protección?

Mis compañeras y mi mamá nos estaban esperando y a ellas les dejamos nuestras cosas, porque temíamos ser víctimas de un falso positivo o que se nos implantaran evidencias. Me impusieron un comparendo (que impugné) por actitudes temerarias, que dice que el traslado al CTP se dio para protegerme. Yo pregunté: ¿protegerme de qué? “Por si toca golpearla”, respondió una policía.

¿Sufrieron agresiones o abuso de autoridad por parte de la Policía?

Abuso de autoridad, sí. Constante. Y agresión psicológica por tener que resistir a las estrategias y mentiras de la Policía para vulnerar nuestros derechos. No nos leyeron nuestros derechos, nunca nos dijeron por qué estábamos retenidas y hubo intimidaciones cuando aparecieron los agentes de inteligencia.

¿Planean iniciar acciones por estos hechos?

Estamos evaluando qué acciones legales tomar. Tenemos el respaldo de un grupo de abogados procesalistas y constitucionalistas de colectivos y universidades.

Usted y Emilia son profesoras y en medio de este paro la iniciativa “Profes al paro” se ha unido para enseñar sobre los reclamos de los manifestantes. ¿Cuál es el rol de la academia en estas jornadas?

No creo que exista imparcialidad ni objetividad en las ciencias sociales, que es a lo que me dedico. Soy sujeta política en todo espacio y en la academia también. El rol de la academia es construir puentes entre sociedad e instituciones a través de los discursos que creamos. Yo no puedo forzar a nadie a estar en el paro, pero puedo hablar de él porque hay libertad de cátedra. Pero los docentes sí somos responsables de crear ciudadanos éticamente responsables de sus profesiones.

¿Cuáles son los puntos más críticos en este paro nacional?

Cada quien tiene sus prioridades. Para mí, que el Estado se repiense la distribución del gasto público en términos de lo social y lo militar. En un país después de un proceso de paz, la mayor parte del gasto público no puede ir a armar soldados, sino que tiene que ir con esos mismos soldados a reeducarlos en derechos humanos. Con la cantidad de soldados que se tienen, se podrían estar construyendo escuelas, caminos, haciendo otro tipo de trabajo que no es tratar mal a la gente ni asustarla con su presencia.

¿Qué efectos ha tenido la protesta social en este paro nacional?

Nunca hubiese pensado vivir esto en este país, pero estoy feliz. La ciudadanía despertó y retomó lo público. Además, con todas las olas de protestas en América Latina nos hemos dado cuenta de la deslegitimación de la Fuerza Pública. Se supone que su función es proteger y defender a la gente, pero sistemáticamente vemos abusos y violencia. Esa deslegitimación de la gente con uniforme, tanto legales como ilegales, ha sido vital para despertarnos y tomar el control de nosotros. No hay que ser un político para participar, salir con una cacerola es político y es un cambio cultural.

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Pilar Cuartas Rodríguez (@pilar4as)

Investigación

“Tuvimos que resistir las mentiras de la Policía”: profesora detenida en El Dorado

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