Acuerdo con China sobre retorno de nacionales presos sigue lejos

Hay 11 condenados a cadena perpetua y 12 a pena de muerte. Mamá de Juliana López busca recursos para viajar a averiguar por su hija.

En mayo de este año un jefe de Estado de China visitó por primera vez Colombia: Li Keqiang. / Foto: Presidencia

De Juliana López Sarrázola han hablado públicamente sus tíos, sus amigos, sus entrenadores. Como nadie sabe con certeza qué fue lo que pasó, sólo atinan a decir que están buscando cómo confirmar si es cierto que a la joven de 22 años, universitaria, deportista y modelo la arrestaron en China con droga entre sus pertenencias. Pero su madre, Nubia Sarrázola, es sólo silencio: su prioridad desde el pasado miércoles 22 de julio es tramitar su pasaporte, obtener una visa y viajar al otro lado del mundo a encontrar a su única hija.

Mientras amigos de la familia le ayudan a Nubia Sarrázola a conseguir recursos, Juliana López Sarrázola se vuelve la nueva cara de un drama ya conocido: el de los colombianos detenidos en la República Popular China por narcotráfico. El Buró Anticontrabando de la Aduana de Guangzhou le confirmó a la Cancillería colombiana, el pasado 22 de julio, que la deportista y modelo había sido capturada cuatro días atrás. La Cancillería dice que en China hay 138 ciudadanos colombianos detenidos, 124 de ellos por llevar estupefacientes, 11 condenados a cadena perpetua y 12 a pena de muerte.

La Cancillería precisó que, hasta ahora, a ningún colombiano le han aplicado la pena de muerte. El Gobierno consiguió que China les diera dos años más a nueve de esos condenados a perder la vida para que sus defensores pudieran al menos librarlos de ese destino aciago, de un castigo que ni siquiera existe en Colombia desde 1910, cuando la pena capital fue abolida de la Constitución. Sin embargo, China funciona bajo otras leyes, y la delgada línea que separa a alguien de recibir esta grave sanción, en caso de haber tratado de ingresar drogas a ese país, son 50 gramos: la cantidad de droga justa, cree China, para que alguien sea ejecutado.

“Esto viene desde las Guerras del Opio. Es algo muy cultural, ellos lo ven severo. Dicen que la droga acaba con su juventud, sus valores. Para ellos es tan grave como el asesinato”, señaló el presidente del Senado, José David Name, quien estuvo en China el mes pasado por invitación de su homólogo Zhang Dejian, presidente de la Asamblea Popular Nacional China. Colombia, afirmó Name, está en diálogos con el gobierno chino para conseguir un acuerdo de repatriación de presos. Lo que no significa, aclaró, que el delito de narcotráfico esté incluido.

Desde hace unos años las autoridades colombianas vienen trabajando para descifrar las redes de mulas que envían a colombianos hacia China con droga. En 2012 una investigación de la Policía estableció que esa ruta salía de Bogotá y pasaba por Lima, São Paulo, Dubái y Hong Kong, y solía terminar en Guangzhou, conocida en español como Cantón, la ciudad donde fue detenida la estudiante, modelo y deportista Juliana López Sarrázola, a cuya familia le informaron que llevaba la droga oculta en un computador. Ellos dicen pudieron haberla engañado porque su portátil está en la casa.

¿Qué motivaría a un ciudadano colombiano a llevar estupefacientes a China, país que castiga este delito hasta con la pena de muerte? Se trata de un negocio absurdamente lucrativo —e ilegal, y peligroso—. Cifras de Antinarcóticos de la Policía dejan ver que Asia es el segundo continente donde más se multiplican las ganancias: un kilo de coca, que en Colombia vale unos US$1.700, allá vale US$165.000; la ganancia es del 9.706% (ver infografía).

China no es el único Estado que castiga este delito con la ejecución: también lo hacen Indonesia, Malasia o Vietnam. Pero China, dicen organizaciones como Amnistía Internacional o la Fundación Dui Hua, castiga con la pena de muerte como ningún otro:los cálculos –no oficiales, porque China no entrega datos– es de 4.000 personas por año. La mayoría son ciudadanos propios.

En 2005 China y España pactaron un convenio para que ciudadanos españoles puedan cumplir la condena que les ha impuesto la justicia china en su país de origen, y viceversa. Algo así es lo que se espera que consiga Colombia más pronto que tarde, aunque el ministro de Justicia, Yesid Reyes, ha expresado que es inconstitucional que un colombiano llegue al país a cumplir una cadena perpetua, pues no existe en el Código Penal. Mientras este debate continúa entre altos funcionarios, en Medellín, Nubia Sarrázola alista maletas y se prepara a partir. A ella sólo le interesa que su niña, Juliana, vuelva a casa.

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Con reportería de Valentina Obando.