Así operaba alias “Messi”, el empresario fachada de “Otoniel” en el fútbol de la segunda división

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Se trata de Jhon Freddy Zapata, un empresario del Urabá antioqueño que, según agentes de inteligencia de la Policía, lavaba dinero del hombre más buscado en Colombia a través de sus empresas y con la venta de pases de jugadores de fútbol de segunda división.

El presidente Iván Duque anunció esta semana que le están cerrando el cerco a Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, el hombre más buscado por las autoridades colombianas, quienes ofrecen hasta $3.000 millones por información que dé con su captura. Incluso, los EE. UU. ofrecen US$5 millones por el líder de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (autodenominación que la familia de Jorge Eliécer Gaitán rechaza), también conocidas como Clan del Golfo. En esas labores para debilitarlo, las autoridades capturaron en los últimos días a dos de sus fichas claves. Entre ellas está alias Aquiles, un antiguo miembro del Bloque Centauros de los paramilitares, quien se desmovilizó en 2005 y luego se convirtió en el encargado de expandir la red de narcotráfico de Otoniel por los Llanos Orientales, en donde también trafica la gente alias Gentil Duarte y Romaña.

El otro hombre clave Otoniel es Jhon Freddy Zapata, un hombre que pasó de agache mucho tiempo, pues, mientras trabajaba a la sombra para el Clan del Golfo, creó una imagen de reconocido empresario en Antioquia y el Eje Cafetero. El Espectador conoció detalles inéditos de cómo operaba este supuesto narcotraficante invisible, a quien la Dijín investigó y persiguió durante dos años para dar con su captura. “Estuvimos ese tiempo revisando juiciosamente las cuentas de alias Messi, porque fue a través de sus empresas y negocios por donde lavaba el dinero de Otoniel”, señaló el general Fernando Murillo, nuevo director de la Dijín y hombre de confianza del recién nombrado director de la Policía, general Jorge Luis Vargas.

Más allá de los bienes y lujos de alias Messi, las autoridades dieron con un hombre que tenía trato directo con Otoniel. Según un alto oficial de la Policía que le siguió los pasos a Jhon Freddy Zapata, se comunicaban a través de correos humanos, con el fin de evitar dejar rastros a las autoridades. “También usaban correos encriptados por medio de la deep web”, señaló el uniformado. La zona de influencia de Messi era el Urabá, bastión del grupo criminal. Allí gozaba de gran prestigio por su apoyo económico a jóvenes futbolistas, al punto que estaba montando una escuela de formación deportiva en esta subregión de Antioquia, conocida por ser una mina de atletas.

De acuerdo con las investigaciones de la Policía, Zapata ya había vendido los pases (o derechos federativos) de jóvenes jugadores de fútbol a equipos en Argentina y México, entre otras ligas en Suramérica. “Las familias de los muchachos no sabían en realidad quién era alias Messi ni que a través de la venta de los jugadores se estaba lavando plata. Él se mueve bien en las segundas divisiones del fútbol profesional. Ya incursionó en Bogotá, Cali y Medellín. Los nombres de los equipos todavía no se pueden conocer, porque es una línea de investigación que todavía está en marcha. También tenía relación con exjugadores de fútbol”, señaló el general Murillo.

El modus operandi de alias Messi en el mundo del fútbol, según explicó una fuente consultada, es similar al que usan las mafias de los Balcanes: “Por ejemplo, compran el pase de un jugador por $300 millones, pero dentro del sistema de transacción aparece que la compra fue por $150 millones. Zapata se mete en la mitad de la relación de los jugadores con los clubes y ahí también, en sus contratos por representatividad, mete dinero de las Agc. Aunque también hay venta de jugadores a equipos de primera división, son más apetecidas las ligas de segunda división porque no están en el radar”, precisó el uniformado.

En Colombia, el caso del Envigado Fútbol Club, cantera de gran parte de los mejores jugadores del balompié colombiano, es uno de los casos recordados en el que una institución le lavó dinero a un grupo criminal: La Oficina de Envigado. Sin embargo, según el Departamento del Tesoro de los EE. UU. no contaminaron las ventas de los futbolistas del club, el cual salió de la lista Clinton en 2018. La Dijín señaló que no encontró nexos de “Messi” con La Oficina, a pesar de que se sabe que existen vasos comunicantes entre ambos grupos criminales durante la última década y tuvieron alianzas para el envío de cocaína al extranjero.

Según los investigadores de la Dijín, alias Messi salió del anonimato en el mundo del narcotráfico cuando alias Pueblo, primo de Otoniel, murió durante un operativo de la fuerza pública en agosto de 2020 en zona rural de Mutatá, Antioquia. En ese momento, el familiar del líder de las Agc era de los hombres fuertes del narcotráfico en esa región y a Messi le tocó ponerse al frente del negocio. También las autoridades lograron establecer que tenía una estrecha relación con uno de los hermanos de Otoniel: Carlos Mario Úsuga, alias Cuarentano, capturado en agosto de 2019. Según la Policía, este era el coordinador de los envíos de cocaína a Estados Unidos y Europa y uno de los depositarios de los secretos del capo Otoniel.

Fue por esta relación, dice el general Murillo, que “Messi” empezó a manejar varias rutas del narcotráfico, las cuales salían por los puertos de Urabá, Cartagena y Santa Marta. “Él era el encargado de contaminar los containers que salen por allí. Ellos saben cuándo llegan los grandes barcos a Colombia para colar droga por esta vía, que terminan en redes del narcotráfico de los Balcanes, Barcelona, Sicilia y Alicante, entre otras mafias. Ahora, de los duros que quedan traficando del Clan del Golfo es ‘Chiquito Malo’, quien es cercano tanto a ‘Messi’ como a ‘Pueblo’”, explicaron fuentes de la Policía.

La captura de “Messi” hace parte de una de las estrategias que históricamente realizan las autoridades para quitarle margen de maniobra a los duros del crimen organizado: capturar a los hombres que mueven el dinero proveniente del narcotráfico y lo vuelven legal. En marzo de 2020, el Ejército capturó a alias “Harry”, quien administraba parte del negocio de la droga en Urabá y Córdoba de las Agc. En agosto de ese mismo año, fue capturado alias “Missi”, esposo de una sobrina de “Otoniel” que pagaba las nóminas de los hombres armados del Clan del Golfo en Urabá. También, en enero de 2019 fue capturado alias “Reseco”, vecino del entonces alcalde de Medellín y hombre encargado de comprar el armamento del grupo ilegal.

Otra de las formas que “Otoniel” lavaba su dinero es en las grandes zonas de comercio informal, por donde usualmente se vende mercancía de contrabando. Por ejemplo, entre 2017 y 2020 fueron capturadas sus fichas en los Sanandresitos de San José y la 38 en Bogotá y El Hueco en Medellín. También, la Fiscalía lleva un proceso de extinción de dominio contra una cadena de supermercados en Urabá por la que, aparentemente, se blanqueó dinero de Dairo Antonio Úsuga. También, las autoridades señalaron en 2015 que dos iglesias cristianas en Chocó hacían lo propio con la plata de las Agc y compraban propiedades en República Dominicana.

Además de Otoniel, las autoridades ahora apuntan a otros dos hombres claves de este grupo armado de origen paramilitar. Se trata de alias Chiquito Malo y Marihuano, quienes son del círculo cercano a Úsuga. Aunque las autoridades y el propio presidente Duque dicen que el líder del Clan del Golfo será detenido, han pasado cinco años desde que inició la Operación Agamenón (la cual busca dar con su paradero) y todavía no ha sido capturado. El Ejército y la Policía dicen que este se refugia en el Nudo de Paramillo y solo tiene la protección de doce personas de su entera confianza.

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