Sospechoso por ‘chuzadas’ escoltó a magistrado Espinosa por 14 años

Se trata de un agente de Policía que, al parecer, vendía la información sobre los movimientos del jurista al DAS.

Un hombre de la más entrañable confianza del magistrado Sigifredo Espinosa se habría convertido en uno de los filtros utilizados por la llamada ‘mata hari’ del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, para mantener la persecución ilegal de la que eran objeto los integrantes de la Corte Suprema de Justicia.

Se trata del agente Rocha, quien en representación de la Dirección de Protección y Servicios Especiales de la Policía sirvió durante 14 años al magistrado, se ganó incluso el afecto suyo y el de sus familiares y, a pesar de ello, al parecer, vendía información acerca de todos los movimientos de su patrón.

Así lo manifestaron fuentes consultadas por ElEspectador.com, que describieron al agente como la persona encargada de algunas de las diligencias más íntimas del integrante de la Sala Penal y que aparentemente está vinculado con la persecución de la que habría sido víctima Espinoza hace algunos meses, durante un viaje que hizo por tierra desde Bogotá hacia Medellín.

Aparentemente, la labor de Rocha como integrante del esquema de seguridad del alto funcionario estaba respaldada por otro agente de Policía sospechoso de mantener a quienes infiltraron la Corte al tanto de los lugares que el magistrado frecuentaba, entre otros detalles confidenciales que, en suma, constituían parte integral de la información que probablemente era vendida a servidores del DAS interesados en saber los movimientos de los altos juristas.

Las comunicaciones telefónicas y personales de Espinoza parecían ser tema de principal interés para parte de su equipo de protección y particularmente para ‘Rochita’, como cariñosamente era llamado el agente por algunos de los más allegados al integrante de la Sala Penal; la misma ex detective Alba Luz Flórez, la llamada ‘mata hari’, lo había mencionado como uno de sus colaboradores dentro de las declaraciones ofrecidas a la Fiscalía.

Pero la gota que rebozó el vaso fue el mentado viaje a la capital antioqueña, en el que se habría intentado materializar un atentado contra la vida de Sigifredo Espinoza, con la complicidad aparente de agentes del orden, según lo denunció el propio afectado ante el ente acusador, luego de informárselo al director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo.

A la espera de la respuesta por parte de la fuerza castrense, el magistrado permaneció durante 15 días desprovisto de toda protección, plazo suficiente para ser víctima de otro acto de intimidación, esta vez, por parte de desconocidos, lo que parecía ratificar que estaba en la mira de fuerzas extrañas que pretendían hostigarlo.

En su automóvil fue dejado un papel con su nombre, cuyas letras habían sido formadas con algunos pedazos de papel de revista rasgados, un documento que incluso contenía rastros de excremento y que parecía inequívocamente destinado a amedrentar a la víctima; la zozobra continuó siendo un pan de cada día para el magistrado.

A pesar de que la Policía ya modificó por completo el esquema de seguridad del magistrado, aún se espera respuesta frente a la presunta complicidad de algunos de los agentes del antiguo equipo en la infiltración a la Corte y frente a la denuncia penal y pública por la aparición de automóviles del Gaula y uniformados en el presunto plan para atentar en contra de Espinoza,  cuando éste conducía hacia ‘la ciudad de la eterna primavera’.